sábado, 27 de junio de 2009

Un tipo raro

Las olas se escuchan al fondo desvaneciéndose en la blanca arena sin parar. Los gritos de unos niños que juegan a la pelota, los viejos que se quejan de que el balón esté donde no debe... es todo como siempre. De igual maneras que pasan los extranjeros vendiendos sus ropas, gafas o pulseras esperando comenzar un "regateo" aunque sea de cincuenta céntimos.


Los contenedores de basura del fondo están llenos. Puede que el equipo de limpieza no pase los fines de semana, algo extraño ya que es cuando más gente hay en la playa, sobre todo en estas fechas. Por desgracia la capacidad cívica no es para todos y algunos ayudan a las conchas, caracolas de mar o granos de arena con los adornos de un vidrio que tardará años en desparecer, con colillas o papeles de plata que hacen del terreno algo más barroco, casi llegando a lo bizarro.

A mi me gusta el sol. Sé que parece raro, pero es divertida la sensación que produce en mi piel. Tampoco abuso, me gusta esconderme bajo mi sombrilla y observar a todos lados. El aire en la cara ofrece una sensación de alivio en días calurosos, aunque hoy llegaba a ser molesta. Si me fastidia a mi, imaginad el resto. Entretiene bastante ver a la gente esconderse en diminutas sombrillas que parecen setas. Y suelto una carcajada cuando a uno se le escapa y debe salir corriendo detrás de ella.

El agua está bien, pero no me apetece bañarme. Quizás por la noche es mejor, más loco, más fácil y más excitante. Como te lo digo: fácil y excitante. Así que dejaré el momento de remojarme en público para cuando las estrellas reinen en el firmamento.

Una pelota cae en mi sombrilla y rueda hasta mis pies. Pongo el rostro serio, como si me molestara y se lo devuelvo al tipo que viene corriendo hacia mi mientras luce sus oros y su pelo de punta teñido por facciones en rubio. El individuo tiene la osadía de no agradecerme que le devuelva la bola y eso me comienza a poner nervioso. Le lanzo una réplica irónica, sonriendo levemente y por alguna razón, mientras vuelve con sus amigos susurra algo referido con mi madre. Cree que no lo he escuchado, pero lo he hecho. Yo sí que puedo.

El resto de la tarde lo he estado observando tras mis gafas de sol. Flirtea con alguna chavala, se rie como un ganso con otros iguales que él. Posiblemente sea una desgracia en todos los aspectos, y por eso mismo me está sacando una sonrisa. Esta noche iré a por él aunque le saque poco provecho, no creo que nadie se lo sacará. Además sería interesante comprobar algunas de mis nuevas capacidades y sobre todo para destensar los músculos, que hace tiempo que no actúo.

Hoy voy a salir a por tí, chaval. Como dice una cantante.