viernes, 14 de agosto de 2009

ZP jodiendo la marrana

Una imagen vale más que mil palabras. Con el país en crisis, a nuestro mayor ideólogo de todos los tiempos, el gran José Luis Rodríguez Zapatero, ZP para la sociedad, le da por donar 28.810 € a la Asociación de Gays y Lesbianas de Zimbawe. Noticia que choca con los 10.000 € donados para las Brigadas Internacionales de Paz o para la Complutense, o -no mostrada en el gráfico- la Cruz Roja Española.


Para ZP las minorías también cuentan. Aunque realmente parece que sólo tiene objetivos sexuales: proteger a los gays y lesbianas y la violencia de género. Si la mayoría del país está en crisis, al cejas dobladas le importa un pimiento. Él va dejando dinero a sus amigos sexuales. No os indignéis algunos llegados a este punto del post, lo de la violencia de género está completamente pensado. Estoy en contra de cualquier tipo de violencia, ya sea machista, feminista o contra los animales. Por eso la violencia contra el género femenino (que es lo que hace ZP) pretende seguir desvirtuando las condiciones de igualdad social.

A parte de las gilipolleces a las que nos tiene acostumbrado el presidente, y considero lo de Zimbawe la mayor gilipollez histórica de un presidente, sus ideales se resquebrajan cuando cede ante la puta SGAE (el adjetivo previo es imprescindible al hablar de esa sociedad) o al darle a los bancos más y más dinero (para que venga Florentino y fiche a CR9 y Kaká).

Me encuentro a la espera de contar los días que faltan para que este tío deje el gobierno de una vez. Después me cabrearé igual con Rajoy, que no supera al patético actual, pero bueno, al menos es algo novedoso y quizás pueda aportar algo más (como la privaticación total, o meternos en guerra contra Korea). Lo divertido será el combate Gays Vs Curas de las elecciones... cuando realmente creo que los Gays pueden ser curas y los Curas pueden ser gays.

Por cierto, para algo decente que hay para la libertad, como es el caso del aborto (que tampoco viene a cuento en los tiempos que vivimos) no se ponen de acuerdo ni los del Tribunal Supremo.

martes, 11 de agosto de 2009

Pololo's 3

Mil horas



Hace frío y estoy lejos de casa,
hace tiempo que estoy sentado sobre esta piedra,
yo me pregunto para que sirven las guerras.

Tengo un cohete en el pantalón tú estas tan fría,
como la nieve a mi alrededor tú estas tan blanca,
que ya no se que hacer.
La otra noche te espere bajo la lluvia dos horas,
mil horas, como un perro,
y cuando llegaste me miraste y me dijiste loco,
estas mojado ya no te quiero.

En el circo tu ya eres una estrella,
una estrella roja que todo se lo imagina,
si te preguntan tú no me conocías.

Tengo un cohete en el pantalón tú estas tan fría,
como la nieve a mi alrededor tú estas tan blanca,
que ya no se que hacer.
La otra noche te espere bajo la lluvia dos horas,
mil horas, como un perro,
y cuando llegaste me miraste y me dijiste loco,
estas mojado ya no te quiero.

La otra noche te espere bajo la lluvia dos horas,
mil horas, como un perro,
y cuando llegaste me miraste y me dijiste loco,
estas mojado ya no te quiero.

Te Espere bajo la lluvia mil horas, mil horas.

lunes, 10 de agosto de 2009

Pololo's 2

domingo, 9 de agosto de 2009

Daniel Jarque, un trágico adiós

Para los aficionados terrenales del fútbol el nombre de Daniel Jarque es muy conocido. El central y capitán del Espanyol era uno de los más talentosos de la plantilla, un auténtico líder que siempre podía dar el paso a la selección absoluta o a un equipo de mayores exigencias. Hoy, Sábado, sobre las 21 horas, mientras hablaba con su novia por teléfono en la concentración del equipo sufrió un ataque al corazón y falleció. La última ciudad que vio fue Florencia, con el deseo de poder llevar a su futuro hijo un dia alli.


Me enteré de la noticia mientras veía un partido de fútbol en el mismo estadio, y se guardó un emotivo minuto de silencio a su favor.

Los futbolístas y deportistas en general de alto rendimiento pueden tener mayor riesgo de ataque al corazón prácticamente porque es un músculo que entrenan al límite a diario. El caso de Antonio Puerta, el susto de De la Red, o la actual muerte de Jarque son demasiados casos en poco tiempo y comienzan a empañar con sangre el deporte rey.

Esperemos que pronto los controles médicos sean aún más exhaustivos y que no tengamos que vivir otros momentos así.

Descanse en Paz, Jarque.

sábado, 8 de agosto de 2009

Mirando al cielo

Últimamente tengo un bendito problema, me encuentro con estrellas fugaces cuando menos me lo espero. Es uno de las cosas naturales que más me apasionan, por la incertidumbre de cuando puede aparecer y la belleza que tienen. La de ayer no fue espectacular, pero vi caer una estrella sin halo mientras iba conduciendo por la autopista.


Ahora es el mejor momento para verlas, y es que todos los años la madrugada del 12 al 13 de Agosto cae una maravillosa lluvia de estrellas. Los años bisiestas la fecha aumenta en un día más. Además, este Agosto será más especial, ya que el día 27 se podrán ver "dos lunas" ya que Marte estará lo más cerca posible de la Tierra.

Mirar al cielo se convierte en un entretenido hobby estas noches de verano.

viernes, 7 de agosto de 2009

La milloná de Florentino Pérez

La subasta de Florentino Pérez ha terminado. El fichaje de Xabi Alonso (30 millones de €) ha puesto fin a los casi 300 millones de € invertidos esta temporada en "recursos humanos" o "patrimonios del club". La inversión, acojonante en los tiempos actuales, lleva la coletilla de ser rentable a largo plazo, ya que el potencial de merchandising de los jugadores adquiridos suplirá con creces el dinero gastado. Dinero, que hay que decir, vienen de Caja Madrid a modo de préstamo.


El que fuera segundo del extinto partido UPD, el Sr. Pérez, también constructor y con su carrera de Ingeniero de Caminos, puede tener un fallo en la ecuación de la pasta "infinita". Y se trata de que esta vez no hay torres por vender a la comunidad Madrileña que puedan hacer un boom explosivo.

El fichaje más sonado ha sido Cristiano Ronaldo, por 94 kilos y sumándole la cantidad de pasta que cobra este hombre por año. Los jugadores, al llegar al Real Madrid, ofrecen el 50% de sus derechos publicitarios al club. Además, la entidad se propone rentabilizarlo a base de camisetas, cuando desde sectores económicos se indica que cada camiseta otorga al club 10 €. Si sólo fuera con prendas de vestir, habría que vender 9,4 millones de camisetas (originales) en todo el mundo. Bueno, si le sumamos lo de publicidad es posible que en tres o cuatro años si se haya conseguido recuperar ese dinero, siempre que en lo deportivo todo funcione bien. Y para que las cosas salgan vamos a quitar de en medio sueldos y seguros, que si no es imposible que cuadre.

Al caso, supongamos que se rentabiliza un tipo como Cristiano. ¿Qué ocurre con Kaká (64 millones), Benzemá (35) o Xabi Alonso (30)? Aunque en varias ocasiones tengo que poner en duda la capacidad intelectual del ser humano, no creo que haya ninguno tan estúpido como para comprarse en el mismo año una camiseta de cada uno de los jugadores (a 70€ cada una). Un cliente va a la tienda y se compra la de su jugador favorito, pero no la de todo el equipo.

Además, el riesgo deportivo de contar con un superclase puede ser asumible, pero el tener a 3, 4 o mas (no hay que olvidarse de los que ya estaban) es mucho mayor. 1 error haría que se rompiera la baraja. Si por ejemplo Kaká mañana se rompe la pierna en cuatro partes distintas y queda inutilizado de por vida para el fútbol las cuentas no van a salir, ya que los riesgos de tener a 5 más con las mismas condiciones contractuales hacen que todo sea más complicado que tirar de "obreros".

Y no entro en la capacidad futbolística de cada uno. Pero un barco con más patrones que marineros puede llegar a tener problemas. O quizás no, y estamos ante una revolución impresionante del mundo del deporte. Sinceramente, y que me perdonen todos los seguidores de este gran club, pero que haya un fracaso en el proyecto haría más competitivo el deporte. Es casi asqueroso ver un Real Madrid - Xerez en Primera División. Unos derrochando y otros sin poder completar el mínimo de jugadores.

La respuesta a todas las hipótesis: el futuro.

jueves, 6 de agosto de 2009

Pololo's 1

Efecto Pigmalion con ejemplos

Vamos a poner algo serio, el efecto Pigmalion: Suceso por el que una persona consigue lo que se proponía previamente a causa de la creencia de que puede conseguirlo. Para entenderlo, cuando tu madre te dice: te vas a caer si haces eso con la bici, te vas a caer, te vas a caer. Te caes. ¿Es culpa tuya? ¡No! Es culpa de tu madre. Otro ejemplo materno es el de "mama, no lo encuentro", "está ahi", "no", "si, ¿a que me tengo que levantar?", "¡no está!", se levanta, y a la primera lo encuentra. Eso es el efecto Pigmalion.


Pasemos a lo serio, que aún no se detecta. Pepito vende salchichas en la calle, perritos, vamos. Tiene un puesto ambulante en una ciudad emergente. Pronto decide añadir nuevos productos, y nuevas bebidas. Acude más gente al negocio, pero se van pronto, así que piensa en poner unas sillas para que pasen alli el rato. La gente acude, el gana el mismo precio, pero la inversión ha servido para satisfaccer a los clientes. Luego pone una televisión con el fútbol, para sus clientes. Más adelante compra un local para crear una zona de baile nocturna e incluso monta un cine con el dinero.

Entonces, su hijo mayor termina de estudiar Empresariales o cualquier cosa de Economía, y como en el último mes ha tenido unas pequeñas pérdidas le pide consejo. El hijo, con el manual teórico de la escuela dice: "papá, el cine no es rentable. Perdemos dinero, y como viene una crisis ya pronto lo mejor será cerrarlo". El padre acepta, aunque eso le haga perder algunos clientes habituales. El hijo continúa: "papá, el local nocturno... es un gasto de luz... deberíamos de cerrarlo, porque crea déficit y pronto viene una crisis". El padre sigue los consejos de su hijo. El infante continua así poco a poco. Lo importante es no perder dinero, los clientes dan igual.

Un día, el hombre se ve con su negocio ambulante vendiendo salchicas de nuevo. Y orgulloso le dice a su hijo: "Cuanta razón llevabas de que se avecinaba una crisis".

La moraleja la sacáis vosotros mismos.

¡Enseña tu culito!


La moda de los callejeros ha pasado al verano con el formato Arena Mix, que se emite los jueves en Antena 3. Al igual que pasa con el programa de Cuatroº, en el que siempre uno se encuentra con gente que vende droga, la temática habitual del playero es ver a gente en pelotas y una multitud de gays refregándose.


Mi sorpresa crece cuando veo cosas como una vieja que viaja en caravana y dice que así se puede lavar el culillo en la playa, y que se siente tan libre como para "pegarse un peillo donde le de la gana". La ejemplar en cuestión era seguida por unos tipos con pinta de macarras en Tenerife que se reunen con dos chavalas que acaban de conocer y empiezan a decir cosas como "las mujeres vienen por la chinga" y todos se ríen felizmente. Luego el modo Gay, imprescindible para vender algo como progresista hoy en día: un maricón, porque este es maricón, que afirma haberse tomado una pastillita y se pone a lamer la cara de otro tipo, o a cogerle las partes bajas. Nadie se asusta, se crea una imagen normal del asunto y que viva Sodoma y Gomorra.

En realidad me estoy acojonando bastante. Imaginad (imajebnad) que estáis en la playa, tranquilos como siempre tomando el sol y aparece una señora mayor lavándose el culo. Vuestra cara de terror terminará por descomponerse cuando ventosee y haga salir una pompita que al explotar deja la peste en todo su fulgor. Mientras te pones la mano en la boca para reprimir las arcadas estás cerca de ver como un maromo petado, tatuado, rapado y con un coeficiente negativo, se toca la pinga delante tuya para intentar seducirte. Da igual que seas mujer o un hombre. Incluso mejor que seas un machote, para que el mariconazo de turno pueda festejar su homosexualidad a los cuatro costados mientras invade tu dignidad. Lo siguente que quieres no es vomitar, si no suicidarte. Pero lo tienes fácil, porque viene un tipo con droga y te vende un cóctel explosivo: LSD de LHC (acelerador de partículas) con orín de koala fumador habitual de marihuana... ¡Y para colmo el puto koala va vestido de ibizenco!

Este desolador paisaje es lo que nos muestra la tele cada día. Así es la actualidad en la pantalla. Joder, yo simplemente soy feliz pegandome dos "jogaillas" y dando un paseo.

PD: Si no tienes un cuerpo 10, acaba con tu vida o no salgas de casa. En Arena Mix si no eres un petado o una mujer rellena de curvas eres la vieja de los pedos.

miércoles, 22 de julio de 2009

Está loca, no disfruta y va de moralista. Es Evelyn.


La que veis no es la mujer de los sueños del Español normal. Al menos no a simple vista, ya que es mucho más fácil deleitarse con el físico en cualquier playa, discoteca o incluso la calle o en tu propio bloque con alguna vecina. Vamos, que la loca ésta, espectacular no es ni mucho menos como para vender su virginidad.

La hipócrita de turno con 28 añitos es ecuatoriana y tiene a la madre enferma de Alzheimer. Oh, empieza a retorcerse el corazón. Como no puede costear el tema médico de su progenitora, decide usar internet para que uno con dinero le quite la virginidad, y además, de camino, costearse la carrera de medicina.

Pues para más inri, recibe ofertas. Porque si degenerada es ella, más son los que pagan... ¡hasta 2,8 millones de € por pasar la noche! Y ahora viene lo mejor... ¡Ella lo rechaza! El tipo quería seguir viéndola, pero el dinero no le hace cambiar de opinión y menos sus cláusulas: sin besos, sin caricias, con preservativo, con informe médico y para no volvernos a ver nunca más. Demasiadas exigencias para alguien tan estúpida como para costear su cuerpo. Para una auténtica prostituta, más que las de las calles, que son anónimas, que tienen que tragar con lo que le pongan y que ganan una auténtica mierda comparada con ella.

Evelyn está llamando la atención de la embajada Ecuatoriana. Ya consiguió lo que quería. Tiene publicidad, no habrá quién la desvirgue y su madre estará mejor con cuidado médico. Aún no lo ha conseguido, pero lo tendrá.

¿Qué opináis de ésto? Es una arpía como yo pienso o véis un gran corazón en lo que hace?

martes, 21 de julio de 2009

Risto Mejide, ese buen tipo

Risto Mejide es un buen tipo. Que era inteligente, eso lo sabía todo el mundo, salvo el que se creía que fuera el personaje que mostraba el "karaoke más caro del mundo". Que fuera un tipo de buenas intenciones es más difícil de creer.


Enmarronado en todo lo enmarronable como son reality shows, escribir un disco de música, llevar una empresa de publicidad, escribir, presentar en septiembre un programa de actualidad en la "Cadena Amiga" o incluso dar clases, éste tipo tiene tiempo hasta de ser papá o colaborar con una ONG.

Y entre tanta parafernalia, le da por sacar algunas perlas dignas de admirar, que aunque no sean suyas valen la pena. Cito algunas con mis propias palabras, amén de la pereza de tener que transcribir una entrevista con Julia Otero o tener que usar el "ctrl+c/ctrl+v" sobre ésto: La fama es una mierda, es como una borrachera cuya intención debe ser tener la resaca más asumible posible. Errar y equivocarse puede ser más placentero que el éxito, que sólo destruye la gloria que acabas de conseguir y que cierra nuestra mente. Que nadie se piense que se puede vivir de escribir libros, nadie lee libros. Y la mejor de todas: Si dices algo y nadie se molesta, es como si no hubieras dicho nada.

Creo que voy a tomar nota. Me gusta este tío, un tío capaz de decir en radio que el es muy vulnerable y por eso mismo se crea el caparazón. Para qué negarlo, a todos nos gustaría ser como Risto cuando dice las cosas como las piensa y encima le aplauden. El caso extremista (y según él, huye de los extremos) es ser como un líder de la mafia. A todos nos gusta.

Aunque eso es otro tema, el delirante y apetecible poder, arma de doble filo. Él lo ha conseguido a su manera, a sabiendas de que iba a odiarlo mientras codiciaba tenerlo.

Larga vida a este tío. Y que Dios le conserve la mano para escribir o la garganta para hablar.

domingo, 28 de junio de 2009

Un tipo raro (II)

Si, fue un desecho. Ese tipo de pintas infantiles estilo M.A. del equipo A sólo existió para joderme la noche. Venía puesto de coca, con su porrito en la mano y su moto chillona bajo su culo. Así que aparecí frente a él en la carretera, justo cuando dejó a esa tipa a la que le llama novia. Me intentó esquivar a gran velocidad, más aún si en un instante tiene a alguien como yo delante, aparecido de la nada. No lo entiendo, me afeité esa noche, me vestí bien e incluso perdí el tiempo en peinarme. Cuando me miré en el espejo creía que estaba guapo. Pero el imbécil éste no lo aprecia y se pone a gritarme insultos mientras se caía con la chatarra de dos ruedas que montaba.


Me acerqué a él lentamente a medida que los ruidos que sacaba de su boca eran más graves y más sonoros. Me chirrían los oídos de escuchar tanta tontería, así que lo levanté con mi brazo derecho unos diez centímetros del suelo y le tapé la boca con la otra mano. Un cuerpo currado de gimnasio y anfetaminas que tamblaba y se meaba ante un flacucho como yo. Sus ojos, dilatados por la droga y rojizos del humo me hicieron perder un tiempo la constancia de lo que ocurría. Me entretuve en sus pupilas, en cómo alguien se puede degradar de esa forma.

Alejé poco a poco la mano que le tapaba la boca mientras le hacía un signo de silencio. Evidentemente es estúpido y gritó. Creo que dijo "socorro". O la mitad de la palabra nada más. Antes de que pudiera darse cuenta, incluso antes de pestañear, mi mano lo agarraba por el cuello tensándole las cuerdas bocales para que no emitiera más sonidos.

- A ver... ¿qué puedo hacer contigo? Eres un mierda. Casi no necesito usar mis poderes contigo. Tienes la apariencia de un tipo duro y ya te has meado. Nadie te echará de menos... bueno, no, quizás el camello sí. Seguro que te dejas los euros en comprarle esa basura. En fin...

Pensé un rato qué hacer. Desde que creé la compañía son mis trabajadores los que se encargan de ésto. Creía que iba a echar de menos cargarme a un tipo e incluso sonreí cuando pensaba que matar no estaba bien. Da igual, estoy de vacaciones y este individuo está sentenciado. Sólo hace falta saber cómo y extraerle el resto del jugo... el poco que pueda tener.

- Bien, probaré a ver como ardes.

Apreté mi mano en su cuello un poco más, hasta romperle las cuerdas vocales definitivamente, no me podía permitir que llamara mucho la atención. El tipo pataleaba de terror con sus pies al aire. Lo solté y cayó al suelo, llorando. Ni me hacía gracia, es patético. Hice un chasquido con mis dedos y comenzó a arder su cuerpo. Ahí estaba, retorciéndose de dolor. Quizás es duro morir así, pero no preveía nada bueno en él, se lo merece.

Y es cierto lo que imaginaba. Al exhalar el humo con sus cenizas para integrar su alma con la mía descubrí auténtica mierda. No aprendí del tipejo nada nuevo, sólo que había abusado de alguna chica con miedo para denunciarlo, que se metía en peleas con gente que no quiere problemas y que faldaba de consumir drogas. He hecho algo bueno para la sociedad, pero para mi, nada. De este tío no puedo sacar ni una ventaja. Tendré que esforzarme en olvidar sus recuerdos. Entre ellos vi a los desgraciados de sus padres, que ya son viejos. Ellos lo criaron así de mal... podría acabar con su familia, pero el dolor de perderlo de esta forma sería suficiente.

Cuando su cuerpo se quemó y terminé de ponerme en comunión con su espíritu, me agaché y golpeé su calciznada cara.

- Deberías haberme tenido respeto. Nunca sabes con quién te puedes encontrar.

Vaya, mi móvil suena. Mi empresa, por la noche... supongo que tendré que contestar.

sábado, 27 de junio de 2009

Un tipo raro

Las olas se escuchan al fondo desvaneciéndose en la blanca arena sin parar. Los gritos de unos niños que juegan a la pelota, los viejos que se quejan de que el balón esté donde no debe... es todo como siempre. De igual maneras que pasan los extranjeros vendiendos sus ropas, gafas o pulseras esperando comenzar un "regateo" aunque sea de cincuenta céntimos.


Los contenedores de basura del fondo están llenos. Puede que el equipo de limpieza no pase los fines de semana, algo extraño ya que es cuando más gente hay en la playa, sobre todo en estas fechas. Por desgracia la capacidad cívica no es para todos y algunos ayudan a las conchas, caracolas de mar o granos de arena con los adornos de un vidrio que tardará años en desparecer, con colillas o papeles de plata que hacen del terreno algo más barroco, casi llegando a lo bizarro.

A mi me gusta el sol. Sé que parece raro, pero es divertida la sensación que produce en mi piel. Tampoco abuso, me gusta esconderme bajo mi sombrilla y observar a todos lados. El aire en la cara ofrece una sensación de alivio en días calurosos, aunque hoy llegaba a ser molesta. Si me fastidia a mi, imaginad el resto. Entretiene bastante ver a la gente esconderse en diminutas sombrillas que parecen setas. Y suelto una carcajada cuando a uno se le escapa y debe salir corriendo detrás de ella.

El agua está bien, pero no me apetece bañarme. Quizás por la noche es mejor, más loco, más fácil y más excitante. Como te lo digo: fácil y excitante. Así que dejaré el momento de remojarme en público para cuando las estrellas reinen en el firmamento.

Una pelota cae en mi sombrilla y rueda hasta mis pies. Pongo el rostro serio, como si me molestara y se lo devuelvo al tipo que viene corriendo hacia mi mientras luce sus oros y su pelo de punta teñido por facciones en rubio. El individuo tiene la osadía de no agradecerme que le devuelva la bola y eso me comienza a poner nervioso. Le lanzo una réplica irónica, sonriendo levemente y por alguna razón, mientras vuelve con sus amigos susurra algo referido con mi madre. Cree que no lo he escuchado, pero lo he hecho. Yo sí que puedo.

El resto de la tarde lo he estado observando tras mis gafas de sol. Flirtea con alguna chavala, se rie como un ganso con otros iguales que él. Posiblemente sea una desgracia en todos los aspectos, y por eso mismo me está sacando una sonrisa. Esta noche iré a por él aunque le saque poco provecho, no creo que nadie se lo sacará. Además sería interesante comprobar algunas de mis nuevas capacidades y sobre todo para destensar los músculos, que hace tiempo que no actúo.

Hoy voy a salir a por tí, chaval. Como dice una cantante.

jueves, 25 de junio de 2009

Sigo vivo

Las arenas del desierto marcan el camino infinito,
las aguas del mar se abren comandadas por Moisés,
en lo alto de una rocosa colina se escucha un grito,
¡No he huido!¡No me escondí!¡Sigo aquí!¡Ya lo ves!

IMAJEBNA vuelve. El rincón de los deseos de una loca cabeza deja atrás historias de fantasía para contar realidades como cuentos, sin moralejas, sin cosas que aprender, pero con toda la información necesaria para hacerte crecer.

A veces me doy dos segundos de ira. Suelto todo, lo suficiente como para arrepentirme. El siguiente paso es seguir construyendo, como siempre estamos. Un cimiento se pone en años, se cae en esos dos segundos. Pero sin esos dos segundos yo sería una mentira de mí mismo. Inexpresivo. Cobarde. Latiendo el dolor en mi interior. Por dos segundos permíteme equivocarme, date el lujo de poder odiarme. Porque esos dos segundos me hacen humano, me hacen pensar, soltar adrenalina y sufrir. A veces es más fácil callarse. Lo duro es gritar. Sé que es un error, pero son dos segundos. Si algo se resquebraja en dos segundos es porque no tiene sentido. Por suerte no es así. Hoy soy más adulto porque he cometido un error, porque me he permitido cometerlo. Un error de dos segundos. Son sólo la excepción que hacen que el resto de segundos sean perfectos.

Sólo dos segundos,
para poderlo soltar.
Toda una vida,
para poderlo arreglar.


viernes, 8 de mayo de 2009

Relacionando personajes con famosos...

Voy a poner una pruebecita, a partirnos un poco la cabeza y a pensar en "parecidos razonables" entre lo que imagináis que es un personaje de la historia que escribo (aún sin título principal) y un personaje famoso.


Los personajes más "carismáticos" son: Lorayn, Eleanor, Víctor, Jonathan, Khalid, Tino. Pero podéis también añadir a Erion, Jamica, el desgraciado de Grendel, Simmons (el mago que hizo la barrera), el Rey (sin nombre), Christina, Gené, Lucile, Violette, Don Guante... ahí lo dejo.

Yo también voy a pensarlo, iré editando este mensaje ;)

miércoles, 6 de mayo de 2009

100 posts!!!

Son 100 post los posteados (reiteración) en éste blog. ¿Quién me iba a decir que llegaría a esto? Es un logro, porque después de la centena sigo con ilusión, y además podría decir que en cantidades mayores que al comienzo.


La capacidad de escribir con libertad nunca la dejaré, aunque en los últimos tiempos me baso más en la historia que intento confeccionar. Eso es lo que se llevará mi mayor tiempo ahora, y es que los siguientes capítulos no los publicaré en el blog. La Parte III: La Bestia Negra, no será pública de momento. ¿Motivos? Quizás mejorar la calidad y poder ofrecerlo todo junto. Además, se rectificarán cosas de las otras dos partes, y especialmente en la segunda es posible que añada capítulos para explicar cosas que no sabemos.

En cualquier caso, seguiré, a piñón, con el blog. La actualidad sigue desbordándonos, los sentimientos están a flor de piel día a día, y si la gripe fulanita (que ha cambiado tanto de nombre que no se como se llama ahora) me deja vivir de la mentira informativa que estamos viviendo, serán más mis críticas y lo que encontraréis en éste post.

Debo agradecer a quienes lo leen, ya sea a diario, dejando sus comentarios, o los que me lo comentan por messenger. Gracias a vosotros, así es mucho mejor, mas fácil. Poquitos de momento, pero muy buenos.

¡Larga vida a imaJEBna!

martes, 5 de mayo de 2009

10. Reunión

- ¿Cuánto tiempo hace que vivimos una escena como ésta? - Eleanor preguntaba.

- Hace unos meses, pero cada vez que entras es algo diferente. - respondió Víctor. - Además, ésta vez nos han citado con urgencia.

Las puertas de Andalan estaban de nuevo abiertas para los héroes del Reino de Astrid. El grupo formado por Víctor, Eleanor, Bujic y Lorayn, que viajaba atrás en el carro sin hablar mucho, había llegado a la capital. Hace tan sólo una semana habían recibido la carta real, firmada por Tino, para que llegaran lo más rápido posible, debido a un decreto real.

Se dirigieron directamente hacia el Palacio Real, el punto de encuentro establecido en la nota. A pesar de que viajaban los cuatro, sólo Eleanor y Víctor fueron citados. Bujic aprovechó para hacer unos negocios y se llevó consigo a Lorayn para que le sirviera de ayuda. La muchacha aceptó sin muchas ganas, pero la insistencia del albino pudo con ella. A la joven no le apetecía viajar junto a Víctor y Eleanor, que formaban una pareja que ella no soportaba. Desde la noche que los descubrió, había pocas palabras entre ellos.

Al fin, llegaron al Palacio. Dejaron el carruaje y entraron dentro los citados. A las afueras, esperaban tanto Bujic como Lorayn. Otro carruaje, empujado por caballos convencionales, se paraba frente a la peculiar pareja. De él bajó Erion, con lujosos ropajes y dejando en el interior del transporte a dos bellas mujeres. El mago se alegró al ver a Lorayn.

- ¡Lorayn! ¡Cuánto tiempo! - el chico abrazó a su compatriota, que también le respondió con una sonrisa. - No te esperaba por aquí.
- Yo tampoco pensaba venir, lo hago por trabajo, junto a Bujic.
- En realidad ella me lo debe. - dijo feliz el albino. - No aguantó ni una semana de posadera.
- ¿Posadera? - Erion se extrañó. - ¡Qué ridículo! Estoy seguro de que eres mucho más valida que eso. - El joven avanzó unos pasos y les hizo una señal. - Venid, podéis entrar en la reunión. Al fin y al cabo sois nuestros grandes amigos, tenéis derecho a saber lo que ocurre.

Lorayn y Bujic se miraron y asintieron a la vez, siguiendo al mago. La idea de enterarse de tan importante noticia les parecía muy interesante.

En el interior de la sala llegaron pronto los abrazos. Khalid estaba por allí saludando a los llegados desde Onuha. También Tino se acercó a preguntar como estaban. Había, además, dos personas más, un hombre y una mujer, cada uno en silencio, en lugares distintos, como si no conocieran a nadie. El tipo era alto, con el pelo corto, con brazos fuertes. Llevaba una camisa sin mangas y un gran hacha. La mujer era delgada, morena, vestida con ropajes lilas. Pronto irrumpió en la sala Gené, acompañado de un hombrecillo regordete. El mago se saludó con todos, mientras el extraño personaje sólo miraba todos los rincones.

- ¡Wajajaja! ¡Ésto es mejor que el prefabricado! - decía Don Guante, el rechoncho personaje, mientras golpeaba una mesa de madera.
- Ey, yo conozco a éste tipo... es Don Guante. - dijo Khalid en voz alta, para todos. - ¿Por qué lo has traído, Gené?
- La carta me lo pedía, Khalid. - el mago estaba nervioso al hablar, mirando bastante al suelo. - Oh, estás aquí. - Gené saludó a la mujer que estaba sóla.
- Sí, partí un par de días antes para pasar algo de tiempo en la Capital. - dijo la morena.
- Os la presentaré, su nombre es Christina, y es una de mis alumnas más aventajadas. - todos saludaron a la mujer, que sonreía tímidamente. - Es una gran maga ofensiva, controla el elemento tierra a un nivel muy alto.
- Y aún me queda mucho por aprender. - se sinceró Christina.
- Creo que soy el único desconocido. - dijo el hombre anónimo a todos, en voz alta. - Soy César, de las regiones del norte.
- ¡César! - gritó Víctor. - Eres toda una leyenda. Hablan de ti como el hombre más fuerte del Reino de Astrid y de parte de la Alianza.
- Un poco si que se defenderme con el hacha. - decía modestamente César acariciando su arma.
- ¡Wajajaja! ¡Un hacha! ¡Del norte! ¡Qué típico! - Don Guante gritando sus curiosas frases.

La puerta que lleva a las habitaciones de Palacio se abrieron de par en par. De ella salieron tres personas: El Rey de Astrid y dos mujeres, Lady Violette y Lady Lucile.

- Es muy guapa... - decía Lorayn apreciando la belleza de la Princesa de Funda.
- Realmente lo es, más de lo que cuentan las leyendas. - añadió Bujic.
- Tú tampoco te quedas atrás. - le susurró Erion a Lorayn al oído, dejándola colorada.
- ¡Bienvenidos todos! - saludó el Rey. - Todos habéis llegado a tiempo. Permitidme que os presente a Lady Lucile, Princesa de Funda, y su consejedra, Lady Violette. Ummm... - el Rey observó a Bujic y Lorayn. - ¡No esperaba veros por aquí!
- Majestad, si es algo privado, nos marcharemos. - Bujic puso cara de circunstancia.
- Vosotros dos podéis quedaros. Siempre y cuando no digáis nada de lo que oigáis aquí. - los dos asintieron. - Bien, si pensáis por qué os hemos llamado, la respuesta es sencilla: sois los mejores. Tenemos una misión importante que hacer, que a día de hoy es alto secreto. Pero el primer objetivo es fácil: debéis escoltar a Lady Lucile hasta Lessoan, la Capital de Funda. Allí recibiréis más órdenes, y por el bien de La Alianza, espero que las cumpláis. - todos los presentes asintieron. - Bien, no todos los que estáis aquí vais a ir, y quizás os conozcáis entre vosotros, pero Lady Lucile sólo conoce a Tino y Erion. Si no te importa, Tino, ¿por qué no le presentas a todos a la Princesa? Y de camino dices el objetivo por el que están.
- De acuerdo, majestad. - dijo el veterano mago. - Bien, comencemos. Khalid, Víctor y César son tres grandes guerreros del Reino de Astrid. El primero de ellos es un perfecto guardaespaldas, muy hábil y capaz de utilizar cualquier arma. Víctor es un gran espadachín y un buen estratega, y César es un portento físico con una gran fuerza. Serán los mejores centinelas para el viaje. - Lucile agradecía las palabras con una sonrisa. - Eleanor es una maga sanadora. Por desgracia no hemos conseguido sacar más magos sanadores a día de hoy, es un arte muy complejo. Viene porque la consideramos prioritaria para ésta misión. En cualquier momento puede salvar una vida. Christina es una maga también, elemental, de tipo Tierra. La mejor maga nacida en Astrid. Será un gran apoyo en el viaje. Don Guante... - Tino buscó con la mirada al peculiar personaje, y lo encontró de rodillas hablando a voz baja con una hormiga. - Don Guante es un genio. - hizo un gesto de comprensión a la Princesa. - Fue él quién creó las Catapultas. Lo necesitamos para el futuro. Y el resto del equipo soy yo, Lady Lucile.
- Muy bien, Tino. Creo que has hecho buena elección. - agradeció la joven rubia.
- Perdona, Tino. - interrumpió Gené. - ¿Quiere decir que yo no viajaré?
- No, Gené, no viajarás. Tanto tú como Erion os quedaréis aquí, en el Reino de Astrid, fomentando las escuelas de magia. El Rey ha creído oportuno que viajes por los rincones del Reino para crear más alumnos a la Escuela, además de seguir con las clases en Bernita, donde ya se han dado resultados tan buenos como Christina.
- ¿Y tú piensas marcharte? - preguntó Erion. - ¿Me dejas a mi al mando de todo?
- En lo referente a la magia, sí. - Tino le guiñó un ojo, síntoma de complicidad. - Debo de ir para dejar "mercancía" a la Orden de Avantrash. Además, tengo que investigar un suceso... es posible que haya más magos, en el este.
- ¡Magos! - Lorayn gritó. - ¿Crees que...?
- No lo sé, Lorayn. - interrumpió Tino. - No sé si se trata de Dracken. O si otra civilización ha desarrollado también la magia. Bueno, a todos, partiremos después de comer. 

El resto estuvo hablando agradablemente, mientras Lorayn se sentaba sola, pensando en si Dracken, el gran motivo por el que se marchó de Newope, podría estar alli. Antes de que se diera cuenta, Lucile se sentó a su lado.

- Pareces preocupada... - dijo la Princesa.
- Oh, ésto... - Lorayn se cortó, sin saber cómo hablarle a una persona tan importante. - Gracias... por venir a mi lado.
- Es un placer para mi. - sonrió. - Casi nunca estoy con gente de mi edad. Creo que te llamas...
- Lorayn.
- Bonito nombre. Raro, nunca lo escuché, pero me gusta. Suena bien. - La Princesa se levantó. - Debo de irme, es una pena que no vengas, eres una persona a la que sin conocer mucho, le podría contar tantas cosas...

La Princesa se marchó con Violette y el Rey. El resto de personas seguían hablando entre ellos o se marchaban para comer.

- Oye, Gené. - Khalid le susurraba al oído. - ¿Como están?
- Están muy bien. - dijo asustado el mago. - Fadwa se encuentra... feliz.
- Me alegro mucho de eso. Cuando acabe todo ésto volveré. Muchas gracias por todo.
- De nada... - el mago agachó la cabeza y se marchó.

- ¡Wajajaja! ¡Una espada láser sería mejor arma! - Don Guante le gritaba a César.
- ¡Pero qué diablos dices!

Durante la comida, Lorayn no probó bocado. Tenía ganas de ir, a pesar de compartir viaje con Víctor y Eleanor. Ella no los odiaba, ni estaba enfadada, pero seguía dolida por no corresponder sus sentimientos. Tampoco nunca se esforzó por superarlo. Bujic se acercó a ella.

- ¿Quieres ir?
- ¿Cómo? - Lorayn estaba sorprendida porque el albino conocía sus pensamientos.
- Me han encargado colocar las mercancias de Tino... habrá tres carruajes, incluyendo el "Real" que lleva a la Princesa. Puedes colarte en uno de ellos.
- ¿No sería una locura? ¡Me descubrirán!
- Claro que te descubrirán, pero si lo hacen lejos no te obligarán a volver.
- Es demasiado arriesgado...
- Quién no arriesga, no gana.
- No tengo buena experiencia con eso...
- Es mejor perder, que pensar que podrías haber ganado con esfuerzo.
- Bien, intentémoslo. - dijo Lorayn poco convencida.

Al poco tiempo, los tres carros estaban llenos. Bujic, Erion y Gené estaban juntos para despedirse del grupo que partiría.

- ¿No ha venido Lorayn? - preguntó Víctor.
- No le gustan las despedidas. - mintió Bujic.

El carruaje partió, dejando atrás Andalan. Acompañados de soldados convencionales tanto de Funda como de Astrid, el equipo se preparaba para una nueva aventura, muy lejos de casa.

- ¡Wajajaja! ¡Una aventura que algún día recogerán en un libro! - gritaba Don Guante, poniendo nervioso a los demás.

lunes, 4 de mayo de 2009

9. La punta del iceberg

Tino abandona la sala, dirigiéndose tranquilo y lentamente hacia su casa. Las calles de Andalan siguen abarrotadas tras escuchar las palabras de Erion, y el antiguo maestro del Cónclave avanza para poner fin a un día que ha sido demasiado duro en los preparativos. Una mano se puso en su brazo, alterándole brevemente. Al girarse había una mujer de su edad.

- Diría que te conozco. - a Tino le resultaba bastante familiar la cara.
- Soy Lady Violette, la Consultora de Funda. Hemos estado antes sentados en la zona de preferencia. - se presentó la mujer.
- Oh, sí, encantado de conocerla. - el mago hizo una reverencia. - ¿Puedo ayudaros en algo?
- Sí, pero estamos en mitad de la calle. ¿Qué tal si nos dirigimos a la casa dónde me hospedo?

El mago asintió con la cabeza y la siguió. Esquivaban gente, pero por suerte la casa donde dormía la Consultora de Funda estaba bastante cerca. La mujer sacó las llaves y abrió la puerta. Era la típica vivienda de invitados, propiedad del Rey. Una especie de palacete destinado a albergar personalidades. La dama ofreció sentarse al mago, y se acercó a por una botella de vino, llenando un par de copas. Posteriormente ella se sentó justo en frente del hombre.

- Has conseguido convertirte en alguien muy importante para el Rey de Astrid. - comentó Violette.
- Me acogió bien desde el principio, y tenemos intereses comunes.
- Como sabrás, Lady Lucile, la Princesa de Funda es bastante joven. Ella delega en mí todas las opciones de negociación del Reino de Funda, y por consiguiente, de la Orden de Avantrash.
- La Orden de Avantrash... he oído hablar mucho de eso desde que estoy aquí, pero nunca los he visto.
- Son Caballeros especiales, los más virtuosos no sólo en la lucha, si no en el honor y en sus principios. Ellos fueron, con su gran fuerza, los que forjaron la Alianza. Lady Lucile, y su hermano, Sir Lionel, son los hijos del Maestre de la Orden de Avantrash.
- Dicen también, que un caballero de Avantrash luce armaduras doradas, acabadas en diamantes y perlas preciosas. Las leyendas que me han contado, es que son capaces de vencer ejércitos sólos.
- Pero evidentemente, eso son leyendas. - explicó la mujer. - Es cierto que son grandes guerreros, que llevan las mejores armas, pero siempre necesitan mejorar. Por eso se te encargó...
- Las armas mágicas. - interrumpió Tino. - Sí, trabajé en eso día y noche, yo sólo. Tuve suerte de que Erion se encargara de la escuela y así poner todos mis sentidos en la forja de nuevas espadas.
- Para eso hemos venido aquí, y para eso lo hizo Lady Lucile. Para recoger las armas mágicas.
- He conseguido hacer un par de docenas de espadas largas, lo que me pedísteis. Pero creo que puedo crear armaduras más fuertes y dotadas, aunque eso llevará bastante tiempo.
- Sin dudas, estamos encantados con tu trabajo, Tino. - le agradeció la mujer. - Pero necesito preguntarte algo, si Avantrash es tan poderoso, ¿por qué necesitamos armas mágicas?
- Lo único que se me ocurre es que hay algo que les da miedo. - dijo preocupado el mago.
- Y es cierto. Lo hay. - la mujer bebió de la copa de vino, y Tino le acompañó, preocupado por sus palabras. - ¿Cuánto conoces Astrid? ¿Podrías decirme sus problemas?
- ¿Los problemas del Reino de Astrid? - el mago miró hacia arriba, intentando reflexionar. - Yo diría que la pobreza y la delincuencia son los grandes problemas. ¿Son el resto de Reinos iguales?
- Si, lo son. Pero esos problemas son sólo la punta del iceberg. ¿Has oído hablar de la Secta?
- La Secta, sí, claro. Adoran a un tal Tanús... aunque como sabes, en la tierra de la que vengo no teníamos dioses, así que no he prestado demasiada atención.
- La Secta es un gran problema para toda la Alianza. - la mujer bebió otro sorbo. - Se originó en los feudos cercanos al Reino de Tatión, y crece sin parar.
- ¿Qué daño hacen?
- Económico y social. Esa gente adora la muerte, dicen que pueden hablar con los muertos. Están acabando con gente pobre sólo para hablar y experimentar con ellos. Están recogiendo dinero y están contaminando las mentes de los jóvenes. ¿Puede la magia hablar con un muerto?
- No. - negó rotundamente Tino. - Todo lo que sabemos de magia es lo que le has escuchado antes a Erion.
- Entonces darías por hecho que eso de hablar con los muertos es una mentira. - Tino no contestó, ya que no sabía donde estaba el límite, pero asintió levemente con la cabeza. - Y aunque no lo creas, la Secta no es el gran problema, pero si uno importante. A la larga se puede crear una guerra civil.
- ¿Una guerra? ¿Por qué no los detenéis ya?
- No podemos retener a gente inocente. Ellos van encapuchados, y los que no lo hacen no llegan a cometer delitos. No podemos detenerlos por un presentimiento, pero sin lugar a dudas son molestos para la Alianza.
- ¿Y cuál es el otro problema? - el mago se frotaba la barbilla, en gesto de preocupación.
- Hay dos problemas aún más grave. Muy al Este, más allá de los pueblos bárbaros y las tierras nevadas, hay un Gran Imperio. Las noticias que nos llegan es que están arrasando otras civilizaciones y expandiendo su territorio. No conocemos exactamente su ejército, no sabemos qué armas usan, pero son un peligro constante.
- ¿Piensas que podrían atacar a La Alianza?
- Es muy posible. Por eso Avantrash se está fortaleciendo. Por eso se le está dando tanta importancia a las escuelas de Magia. Por eso el Reino de Zumira o las Islas Gi están creando una gran flota. O el Reino de Tatión está haciendo luchar a todo el pueblo, preparándose para un ataque.
- La situación es complicada, sin dudas.
- Por desgracia hay algo más, y es la prioridad a día de hoy. Creemos que hay un bastión de traidores dentro de La Alianza.
- ¿Dentro de ella? ¿Un Reino?
- Puede ser un Reino, una facción de ellos, o quizás un feudo, o varios unidos. No sabemos quién es, pero están dentro del círculo de información. En los últimos meses han acabado con varios hombres importantes.
- Pero... - Tino estaba boquiabierto, sin saber qué hacer ante tanta información. - Perdóname, pero ¿por qué me cuentas ésto?
- Tienes la gratitud del Rey de Astrid, y él mismo me informó de que te contara el plan.
- ¿Un plan?
- Sí. Vamos a crear un comando en cada país. Un puñado de hombres, los más expertos en el combate, los más inteligentes, los más útiles... para enviarlos en misiones secretas junto a caballeros de Avantrash. Tú eres el encargado de formar parte de ese grupo por parte de Astrid, ya que conoces a los magos. El Rey reunirá a otros hombres importantes.
- Pero eso mermaría al Reino, si todos los grandes se marchan.
- La idea es que elijas el mejor grupo posible, y que lo que se quede aquí siga desarrollándose para mejorar al país.
- Es complicado... pero...
- Lo harás. - Lady Violette se levantó. - Debes hacerlo. Eres un hombre extraordinario, darás con la clave. Y además, tenemos la magia. No preguntes nada más, te he contado todo lo que puedo decirte. Habrá una reunión en la capital de Funda dentro de tres meses. Debes enviar allí a tu grupo. Mueve a tus mensajeros y reúnelos. Debate con el Rey por ello.
- Lo haré. - Tino se frotaba las manos, pensando.
- Por cierto. Había quedado aquí con tu homólogo de Zumira. No es mago, pero es un gran marino. Ya nos conocemos, y él conoce éste lugar, así que me extraña que no haya llegado aún. Me marcharé a buscarlo.
- Permíteme acompañarte... - Tino se levantó. - Al fin y al cabo, tengo magia.

Ambos salieron rápido, a las calles masificadas de gente. Se preguntaron hacia dónde debían buscar, así que finalmente acudieron a los soldados y establecieron órdenes de buscar y encontrar a cualquiera que llegara de Zumira.

Durante unas horas, hasta antes de que anocheciera, tanto Violette como Tino dieron vueltas. Era como buscar una aguja en el pajar. Cansados, desistieron de la búsqueda. Volvieron al cuartel para comprobar si los soldados tenían algo.

- Lo único que hemos encontrado son tres cadáveres. - explicó un soldado. El terror se manifestó en el rostro de los dos, y decidieron ver los cuerpos.

Uno a uno, Violette los examinaba. El primero no era. El segundo era una mujer, así que imposible. El tercero hizo dudar a la dama de Funda, pero finalmente negó que fuera el emisario de Zumira. El mago se encontraba mal tras ver los cuerpos. Entre todo el lujo de Andalan, y que fallezcan personas por un robo era un hecho lamentable.

- ¡Tenemos un cuerpo nuevo! -advirtió otro soldado.

Violette corrió a comprobarlo y su rostro se puso pálido. Era el hombre que buscaban. Tenía el cuello desgarrado, sin lugar a dudas había sido asesinado.

- Lo hemos encontrado a las afueras de Andalan, llevará muerto unas horas. - continuó el soldado.

Tino se concentró para lanzar un hechizo de Conocimiento. Usaría el cuerpo para sacar cualquier información posible. El mago cerró los ojos y tocó el cadáver. Al poco tiempo se esforzaba, con los ojos aún cerrados y apretando fuerte los dientes. Abrió los ojos.

- Todo lo que he podido sacar... - el mago estaba cansado, el hechizo le había costado mucho esfuerzo. - Es que lo han asesinado por la espalda, justo cuando vió al resto de sus hombres muertos.
- ¿El resto muerto? - se preocupó Violette. - ¡Quieres decir que han acabado con toda la expedición de Zumira!
- Sí, eso creo.
- Pero señor. - comunicaba el soldado. - No hemos encontrado más cuerpos.

Ante la extraña situación y el pánico, Violette pidió que se reforzara la vigilancia de Lady Lucile. La Princesa de Funda se quedaría en Andalan hasta que Tino consiguiera el grupo, para marchar todos juntos.

El mago, bastante cansado, se despidió de la dama y se fue a pensar en quién podría llamar para esa misión, además de los que el Rey ya llamaría. Se dirigió para concentrarse al lago de Andalan, que tiene un puente que lo atraviesa por completo.

Mientras caminaba, se encontró con una figura que salía del agua en plena noche. Parecía lavarse. El mago, que no se fiaba de nada, preparó un hechizo como defensa, mientras se acercaba a inspeccionar la silueta.

- ¿Khalid? - preguntó Tino.
- ¡Tino! - el guerrero era quién salía del lago. - ¡Vaya coincidencia!
- ¿Qué te trae por aquí?
- Trabajo, pero pensaba partir ya hacia Bernita.
- No, no te marches. - Tino sonrió levemente. - Puede que el destino quiera que estuvieras aquí, voy a necesitarte.

domingo, 3 de mayo de 2009

8. La Clase

Mucha gente se agrupa formando colas en las calles de Andalan, la Capital del Reino de Astrid. Llegados desde las cuatro esquinas del país, algunos extranjeros de países de la Alianza, burgueses, campesinos, soldados, jovenes o viejos, todos aguardaban para poder entrar en la escuela de magia. Hoy era un día especial, más allá de la típica clase en la que te concentras en transformar tu energía. Se trata del día en el que se haría una charla pública y gratuita, para dar a conocer en detalle los secretos de la magia, ese arte llegado desde las desérticas tierras del sur y que tanto encandiló al Rey como para forjar las tres grandes escuelas en el Reino.

- Espero que lo hagas bien, Erion. - le susurró Tino.

El joven asintió con la cabeza y sonrió con seguridad. Vestido con unas sedosas ropas marrones, cubría su cuerpo con una capa roja que llevaba pegada en sus antebrazos, ofreciendo un particular baile con los sutiles movimientos del joven. Avanzaba hacia el Altar, donde dirigirse a su público.

En la sala de atrás estaban el que fuera su maestro, Tino, y el Rey, acompañado de sus centinelas. Estaban sonrientes, sabedores del gran talento del joven mago Erion.

- Ese chico es realmente admirable. - comentó su majestad.
- Ha progresado en todos los aspectos desde que está aquí. Su control de la magia ha mejorado considerablemente, posiblemente me supere. - advirtió Tino.
- Y no sólo eso, ha ganado una gran popularidad. - añadió el Rey. - Lo que hizo el otro día, salvar a Lady Lucile, fue un gesto heróico que le ofrecerá una gran reputación.
- Lady Lucile... - Tino pensó unos segundos. - ¿Vendrá a ver también la charla de Erion?
- ¡Por supuesto! Tiene un sitio fantástico para ello, como debe de tener la Princesa de Funda.
- ¡Majestad! - interrumpió uno de los centinelas del Rey. - ¿Puedo pedirle que me cuente como salvó Erion a Lady Lucile?
- La joven Princesa de Funda llegó en secreto para hablar de como la Magia podría usarse para la Orden de Avantrash. - explicó el Rey. - Pero ya sabemos de los enemigos de La Alianza, y hubo un intento de atentado contra ella.
- ¡Miserables! - se quejó el soldado. - ¡Debería estar prohibido pensar en hacer daño a una mujer tan hermosa!
- Así es, su hermosura, su carisma, y sus habilidades. No sólo es la Princesa de Funda, si no que también es una de las influencias más grandes de la Orden de Avantrash. Su padre dejó una gran herencia para todos con ella y su hermano. - el Rey continuó. - Como te decía, intentaron acabar con ella, un grupo de rebeldes. Atacaron su carruaje, pero tuvo la suerte de encontrarse con Erion. ¡Ese muchacho acabó él sólo con una docena de enemigos! Utilizó la magia con destreza, y salvó a la Princesa.
- Desde entonces, su reputación ha crecido enormemente. - comentó Tino. - Pero si no os importa, el discurso va a comenzar.
- Adelante, vayamos. - ordenó el Rey.

Tanto el veterano mago, como Su Majestad entraron ante la gente recibidos por aplausos. Se sentaron a un lado del Altar, reservado para las grandes personalidades. Allí estaba Lady Lucile, una joven hermosa, de largos cabellos rubios y ojos azules, con unos rosados labios que eran sólo un adorno más entre tantos. Acompañada de su mujer de confianza, Lady Violette, de unos cincuenta años. Había otras personas importantes, nobles del Reino, algunos Señores y Damas de Feudos de la Alianza y grandes comerciantes. Todos esperaban oír el discurso de Erion, aún no presente en la sala.

Cuando el joven mago, hoy locutor de la charla, entró en la gran sala, se dispararon los aplausos, los gritos de admiración de las jóvenes, valorando sus virtudes físicas, frente al de los hombres, venerando su capacidad mágica. El muchacho levantó los brazos para saludar a toda la gente, aunque no todos podían llegar a verlo, pues muchos se quedaron fuera de la gran Escuela. La sala estaba abarrotada. El joven se giró hacia los sillones de las personalidades, e hizo un gesto de reverencia hacia ellos. Luego volvió a girarse a su público, y levantando ambos brazos, pidió que se silenciaran para poder hablar.

- Bienvenidos a todos. - comenzó Erion, con tranquilidad, incluso con soberbia. - Es un honor para mi recibiros. Hace unos diez meses que llegué a este Reino. El principio siempre se antoja duro para cualquiera, pero aquí, en Andalan, me he sentido como en casa. Ahora puedo decir, que el día que sea anciano y me pregunten de dónde soy, diré que nací aquí, porque aquí me habéis dado todo. - la gente gritaba de emoción, contenta con sus palabras, cuando se silenciarion, continuó. - Tanto me habéis dado, que para mi es un placer ofreceros lo que sé: La magia. Muchos pensáis: ¿qué es realmente la magia? ¿la puedo hacer? ¿qué puedo hacer?. Yo os responderé esta pregunta. - el chico se movía por el altar. - Comencemos por el principio, la idea de magia. La magia existe desde siempre, sólo que no sabíais apreciarla. La vitalidad que nos hace respirar, la que os hace caminar, la que hace a las plantas florecer o al sol amanecer cada mañana, son parte de la magia. La magia es la sustancia que hace que el mundo se mueva. Está al rededor nuestra, si cerráis los ojos y elimináis todo lo que conocéis, finalmente queda la magia. ¿Qué es lo que podemos hacer entonces con esa magia? Manipularla. Igual que el escultor tiene una roca con la crear una gran escultura como él quiera, la magia es así. Tenemos la materia prima y sólo nos falta darle forma. Todos podemos hacerlo, absolutamente todos. La magia está accesible con entrenamiento para todo el mundo. Algunos llegarán más lejos, otros harán menos, pero es como el que nace para matar en combate o para sembrar en el campo. Eso sí, con entrenamiento y dureza, desde jóvenes, la magia será accesible a todos. Lo que hacemos en la escuela el primer día se denomina como "descarga". La "descarga" es que un mago te lance una pequeña cantidad de magia hacia tu cuerpo, para que podáis sentirla. Pero en realidad la magia siempre estuvo ahí, en vuestro interior y en vuestro exterior. Convertirla es más complicado. Se necesita concentrar la magia en un punto de nuestro cuerpo y después sacarla poco a poco. Ése es el paso más difícil. Cuando lo conseguís por primera vez, lo fácil es transformar la magia en luz. Un fogonazo inesperado sería el primer paso conseguido. Lo siguiente es darle forma. Cada persona tiene su especialidad mágica, y aquí quiero pararme para mostraros los distintos tipos que hay, y cómo hemos definido la magia con ayuda de mi maestro, Tino. Ahora mismo conocemos cinco tipos de magia. Os la presentaré, y os haré un ejemplo. La primera de ella, la más conocida, es la Magia Elemental. - Erion abrió su mano izquierda, y de ella salió fuego. Todos aplaudían. - Es la que antes conocíamos como Magia Ofensiva. Consiste en transformar la energía en elementos naturales, como fuego, tierra, agua, aire, rayo, etc. A su vez, controlar los distintos elementos es complicado, pero no imposible. El segundo tipo conocido es la Magia Curativa. No os haré una demostración, pero sabéis que hay una escuela dedicada a éste tipo en Onuha. Es la más complicada de hacer actualmente, ya que hay que regerar tejidos musculares, cicatrizar heridas, etc. Comenzar a controlarla es difícil, pero no imposible. Os diré un secreto, yo tampoco la domino bien. - la gente se reía con la simpatía del muchacho. - El tercer tipo conocido es la Magia Mental. - de pronto Erion desapareció. Todo el mundo gritaba, sin saber qué pasaba. Al poco, volvió a aparecer. - ¿Me he hecho invisible? ¡No! ¡Realmente no! Lo que he hecho es que vuestra mente no me perciba. Es un hechizo muy fuerte el que acabo de hacer. Ilusiones como ésta pertenecen al tipo de Magia Mental. El cuarto tipo es uno muy interesante, lo llamamos la Magia Material, ya que se utiliza sobre materiales existentes. - Un soldado se acercó y le entregó una espada al mago. Éste la desenfundó y se veía como la hoja de la espada estaba cubierta en llamas. - Ésta espada es mágica, gracias a la Magia Material. Podemos crear objetos mágicos, algunos que podrá usar gente corriente, otro para magos. Crear objetos así lleva mucho tiempo, pero en nuestras escuelas se ha especialiado a mucha gente para ello. - guardó la espada y la dejó atrás. - El último tipo conocido a día de hoy, es la Magia de Conocimiento. Por favor, tú. - dirigiéndose a una mujer de primera fila. - Sube, sube. - Erion la ayudó a subir. - ¿Me dejas tu anillo? Gracias. - El mago se concentró unos segundos. - Te llamas Tya, hoy no has comido por venir aquí, llevas varias horas haciendo la cola. - la mujer asintió a todo lo que decía, impresionada. Erion le invitó a volver a su sitio. - ¡Eso es la Magia de Conocimiento! A través de un objeto o una persona podremos obtener información sobre ella. Estamos aún experimentando con ésto, aunque creemos que hay más tipos de magia que no controlamos, y a la vez, que la magia, sea del tipo que sea, puede crecer más de lo que conocemos. - la gente gritaba, emocionada. - Ya sabéis, si queréis saber más, no dudéis en apuntaros a la Escuela de Magia.

El Rey saltó desde su sitio y se incorporó al altar, para añadir unas palabras:
- Muchas gracias al gran mago Erion. Sólo deciros a todos que pondremos a disposición de todos unos manuales con los conceptos básicos de la magia. ¡Se repartirán por toda la Alianza!

La gente seguía gritando, feliz. Todo lo que habían visto les parecía increíble, pero a la vez sabían que con esfuerzo lo podrían conseguir. Entre el alboroto, Tino se levantó, siguiendo a Erion, que volvía a la sala interior tras la charla.

- Lo has hecho bien, Erion. - le agradeció su maestro.
- Lo sé. - dijo soberbio el joven.

Tino se marchó, sin decir nada más.

sábado, 2 de mayo de 2009

7. Para ganar, hay que arriesgar

La diana está a unos cuarenta metros, colgada de un árbol. Lorayn prepara el virote y tensa la ballesta. Guiña un ojo, para apuntar con más precisión con el que tiene abierto. Para cualquiera que la vea, parece que está completamente quieta, pero su mano se está moviendo milimétricamente. Aguanta la respiración un par de segundos y dispara.

- ¡Es increíble! - aplaudía Bujic.

El virote había cruzado justo por medio de la diana, atravesándola por completo. La joven se dirigió para ver la precisión del disparo, posteriormente bajó el objetivo del árbol y se giró hacia el albino, sonriendo.

- ¡Lo he conseguido Bujic! - Lorayn gritaba de alegría.
- Es impresionante. - decía el albino. - Has probado diez disparos, y no has fallado ninguno. Aunque éste último ha sido totalmente certero, con una gran precisión.
- Estoy muy contenta. - Lorayn se acercaba al hombre. - ¡Parece que ésto se me da bien!
- ¡Ves como realmente si eres útil!
- Ufff... si. - la chica se limpiaba el sudor de la frente. - Y se lo debo a Víctor en gran parte... desde que lo conocí siempre me enseñó esas ganas de seguir luchando.
- O lo que suele decir él: quién no arriesga, no puede ganar. - Bujic sonreía. - Ten, tengo algo de comer. - el albino sacó unas frutas de una bolsa. - Además de tirar con la ballesta estás haciendo más cosas, ¿no?
- Sí... - la joven parecía cansada. - he estado corriendo un tiempo, he practicado algo de magia y luego probé con la ballesta.
- Así que magia... ¿cómo lo llevas?
- Nada, no soy capaz. Pero voy a seguir intentándolo. - La joven se sentó en la hierba. - En realidad es muy extraño. Casi todos los alumnos de Eleanor han conseguido hacer magia, aunque no sea curativa, pero algo han logrado.
- Al parecer la magia curativa es complicada, ¿no? - preguntó el hombre.
- Sí, no es muy frecuente. Pero como en Astrid hay tres escuelas, lo fácil es iniciarse, y luego te mandan a una u otra dependiendo de tu tipo de magia.
- Ajam... por eso cambian tanto de alumnos.
- Sí, eso es. - Lorayn agachó la cabeza. - Aunque yo no he conseguido absolutamente nada, y la verdad es que no lo entiendo.
- Bueno, pero eres una tiradora fantástica. - Bujic mordisqueó la fruta. - ¿Puedo hacerte una pregunta, Lorayn?
- Por supuesto. - asintió la chica.
- ¿Por qué no acabaste con Rick Rocks?
- En realidad... - la muchacha se mantuvo en silencio unos segundos, pensativa. - En realidad no lo sé. Yo no quiero matar a nadie...
- Pero ese bastardo estuvo a punto de acabar con Víctor...
- Lo sé, pero quizás siempre hay otra manera. - Lorayn levantó la cabeza, mirando el azulado cielo de Onuha. - He vivido la guerra de pequeña, casi sin comprenderla. Ahora que soy algo más mayor sigo sin entenderla. Escapé de Newope, pero el resto del mundo es igual: hay odio, hay problemas, hay guerras. Sólo quiero que todo cambie...
- Es muy complicado lo que pides, Lorayn. - le dijo el hombre, mientras seguía comiendo.
- Bueno, pero quién no arriesga, no gana, ¿verdad? - la muchacha sonrió, sacándole una sonrisa al albino. - Ahora, ¿puedo preguntarte yo algo? - el hombre asintió con la cabeza. - ¿Por qué Rick Rocks llama a Víctor como Victorio Soppi?
- Es su nombre... - dijo Bujic con una sonrisa.
- ¿Cómo? ¿Víctor se llama Victorio Soppi? - la chica reía casi a carcajadas. - ¡Es ridículo!
- Sí, sí. - el albino también se reía. - ¡Y él lo sabe! ¡Por eso odia que lo llamen así!
- Entonces tendré cuidado con no decírselo... - Lorayn sonreía levemente, casi melancólica. - ¿Dónde está ahora?
- Supongo que en los muelles, reparando algún barco.
- ¿Piensa volver a partir?
- No, no creo que quiera viajes por un tiempo... pero puede ayudar a los pescadores y demás.

Lorayn se comió un par de frutas más y se tiró en la hierba completamente, observando las nubes. La luz en Onuha es algo maravilloso, un lugar con una temperatura y una belleza increíbles. Quizás los que viven aquí no se dan cuenta, pero para Lorayn es todo un paraíso.

Dejando volar su imaginación se puso a hacer dibujos con las formas de las nubes. Allí veía algo parecido a dos monigotes cogidos de la mano. Pronto pensó en Víctor y en ella, poder estar cerca de él, mucho más de lo que lo está ahora. Suspiraba y le recorría una curiosa felicidad por todo el cuerpo.

- Lorayn... - la voz de Bujic interrumpió a la chica.
- Si, dime...
- Eres una buena tiradora, pero a la vez no quieres matar. Llevas aquí un par de meses, creo que debes empezar a hacer algo, a buscarte un oficio.
- Lo he pensado también, Bujic. Pero realmente no sé que hacer. Lo que me gustaría es seguir descubriendo el mundo.
- Eso es algo que queremos todos, pero no es fácil. He hablado con la posadera, es muy buena mujer, y podrías trabajar allí junto a ella.
- ¿Posadera? - Lorayn se levantó algo indignada. - ¡No quiero ser posadera!
- Bien, tranquila. - Bujic se disculpó. - También puedes trabajar conmigo si quieres algunas aventuras, viajo por todo el Reino para distribuir mis mercancías y llevar los negocios.
- Eso es más interesante... - Lorayn sonrió. - ¿Y Víctor va contigo?
- Suele venir, sí... - Bujic se arrascó la barbilla. - Oye Lorayn, estás muy interesada en Víctor, ¿no? - la chica no dijo nada, sólo miró arriba, con un esperanzador brillo en sus ojos verdes y una latente sonrisa. - Bueno, él no es muy mayor comparado contigo...
- ¡Me da vergüenza hablar de ésto! - decía colorada la muchacha.
- Tengo ya mis años, soy el más viejo entre nosotros, muchachita. - Bujic se puso en pie. - Y además, te da vergüenza hablarlo, pero en realidad no paras de hablarlo sin darte cuenta. - la chica se puso realmente colorada. - Lorayn, un sólo consejo: arriésgate, o no ganarás nunca.

Lorayn no dijo nada, pero tomó el consejo, precisamente el que Víctor siempre le insinuaba. Acarició el amuleto de su hermano, como solía hacer cuando pensaba. Recordó a Jonathan y se sintió mal por querer a Víctor en vez de a su difunto amigo. Pero pronto recordó los tiempos en los que ella no tenia aprecio por la vida, en los que deseaba morir y acabar con todo. Y recordó el final de Jonathan, dándolo todo por ella. "Él querría que yo fuese feliz", se dijo durante toda la tarde.

El sol empezaba a caer. La rojiza tarde daba un color precioso al agua. Lorayn se levantó, temblando de emoción, y se despidió de Bujic con una sonrisa. Estuvo caminando por la ciudad, lentamente, pensando las palabras correctas a lo que diría. Podría bastar con un "te necesito" o quizás ser más explícita "no puedo dejar de pensar en tí". Se acercó al mar, pegando al muelle. Mojó sus manos y vió su rostro reflejado en el agua. Se empapó la cara y se mojó un poco el pelo. Se veía guapa, preciosa y radiante. Tenía seguridad. Además, él siempre dijo que la cuidaría, y desde el primer momento hubo un acercamiento entre ambos. Tenía que hacerlo, tenía que arriesgarse.

Mientras andaba pensó en el futuro, en viajar juntos con los negocios de Bujic, en crecer juntos y sonreír. Un sueño que a veces parecía tan mágico para la joven que intentaba negarlo por vergüenza.

Levantó la mirada y vió a Víctor. Estaba andando, delante de ella, con las manos en los bolsillos. Ella probablemente en otro momento simplemente habría corrido hacia él y le habría sonreído. Pero hoy iba a declararle su amor, y tenía miedo en cómo hacerlo. Así que lo siguió.

El hombre se metió en un almacén del puerto. Casi no había gente, ya que la jornada de trabajo había terminado y era mejor pasear por la ciudad que por el muelle. Ella lo siguió sigilosamente. La Luna Rota empezaba a salir en un tenue azulado cielo. Todo parecía perfecto. Se acercó al almacen y escuchó hablar al capitán sin saber exactamente que decía. Se escondió tras unas cajas para observar bien.

Allí estaba Víctor con otra persona, hablando. A la otra silueta no la podía distinguir bien, no había suficiente luz. El hombre retrocedió un poco, y Lorayn se agachó, escondiéndose entre las cajas, pero descubriendo un pequeño filo en el que mirar. Los ojos de la muchacha se abrieron de par en par: la otra era Eleanor.

Para sorpresa de la joven, los dos iban agarrados de la mano. Víctor se giró y la besó en los labios. Lorayn no pudo entender nada, pero su cuerpo empezó a temblar, sus ojos lloraron. Se levantó rapidamente, deseaba escapar de allí. Pero el nerviosismo hizo que cayera algunas cajas, provocando ruido. Antes de que pudiera darse cuenta, ya estaba Víctor cerca, con la espada fuera.

- ¡Lorayn! ¿Qué haces aquí? ¡Creía que eras un ladrón!

La joven retrocedió, temblando y mirando al suelo. No sabía que decir, se sentía minúscula en ese momento, pensando qué hacía él besando a Eleanor, si ella siempre lo había ignorado. Todo lo que quería era huír, huír y gritar.

- ¡No hago nada Victorio Soppi! ¡Nada!

Lorayn se marchó corriendo. Por unos segundos deseó que él fuera detrás de ella, que le dijera que todo era una pesadilla. Pero eso nunca sucedió. Entre lágrimas y a toda velocidad, llegó a la casa donde dormía. Allí estaba Bujic, preparando la cena.

- ¿Qué ocurre Lorayn? - preguntó preocupado el albino.
- Bujic... - ella apretaba los puños y agachaba la cabeza, aguantando las lágrimas. - ¡Dile a la posadera que trabajaré con ella! ¡Y no me hagas nada de cenar!

De un portazo, la joven se metió en su habitación. Sin que nadie la viera, lloró en silencio toda la noche.

viernes, 1 de mayo de 2009

6. ¿Venganza?

Hacía sólo un par de horas que el carruaje había partido de Jasélaga. La precipitada salida, coordinada por el miedo de la hermandad de Tanús y el cansancio acumulado, hacían lento el viaje. Con Víctor al frente, Eleanor montaba también un mo, pero muy cerca del carro, conducido por Bujic. Lorayn dormía, bajo una manta, protegiéndose del frío.

Era uno de los grandes momentos de silencio. La Luna Rota sólo se veía parcialmente, dejando que tan sólo uno de sus hijos se viera. La plateada y tenue luz del astro se acompañaba de las antorchas que portaba Víctor, iluminando el terreno quizás menos de lo suficiente.

Eleanor observaba a Víctor. El hombre estaba bastante serio desde el encuentro con aquel bandido, y la mujer se sentía inquieta y preocupada por verlo así. Una voz en su interior le pedía que se alejara, pero la rutina diaria de sus sonrisas, que a veces parecía molestarle, era un recuerdo que añoraba con tristeza. "Cuando lo pierdo, es cuando más lo siento", se decía a sí misma Eleanor.

Víctor se detuvo lentamente y bajó de su montura. Bujic hizo lo mismo con el carruaje. A los pies del capitán había un pequeño charco, y un metro más arriba, el agua fluía fresca entre las rocas. El hombre se había agachado, refrescando su boca.

Eleanor también se bajó. Se acercó hacia él, se agachó y bebió. No hablaron, pero porque no sabían que decir, aunque sus ojos se cruzaran, con una mueca seria en ambos. Sólo el sonido del manantial perturbaba un silencio profundo.

Por eso percibieron unos pasos. Al principio eran sólo un detalle, pero luego se incrementaron velozmente la frecuencias de las pisadas. Eleanor se giró, intentando percibir con sus ojos lo que detectaba su oído: sólo había oscuridad, y a unos metros estaba Bujic, tranquilo, como si no escuchara nada. La mujer se giró hacia Víctor, con semblante asustado, esperando que él dijera algo para salvarla, para arrebatarle el miedo.

Pero Víctor tan sólo se cayó al suelo. Eleanor no pudo comprender nada, hasta un segundo después, cuando una figura estaba a su lado. Aún en penumbra, la silueta se podía definir bien en el recuerdo de la mujer: era Rick Rocks, aquel bandido. Tenía una espada en su mano, manchada de sangre.

El peor pensamiento de Eleanor se hizo terriblemente real. La sangre era de Víctor, y la herida venía de su costado. El viejo bandido tuerto había sido tan rápido y sigiloso que había asestado un golpe mortal antes de que cualquiera pudiera percibirlo.

- ¡Ésta es mi venganza! - gritó el viejo.
- ¡Maldito...! - Víctor lo insultaba desde el suelo, llevándose la mano al costado. El tajo fue tan duro que no podía levantarse.
- ¡Nunca bajes la guardia conmigo! - Rick Rocks se regocijaba. - ¡No sólo me hiciste perder un ojo, mi mano derecha está inservible! - el viejo tenía la mano vendada, exactamente la que fue apuñalada por Víctor. - ¡Apártate muchacha!

El viejo agarró por el pelo a Víctor, y colocó el cuchillo en su cuello. Eleanor estaba inmóvil por el miedo, además de saber que cualquier movimiento en falso acabaría con su compañero. Bujic se incorporaba a la escena, con un enorme hacha en sus manos.

- ¡Déjalo en paz! - le gritó el albino.
- ¡Quietos! - ordenó el viejo, mientras se desplazaba con el cuerpo de Víctor, que continuaba desangrándose. - ¡Si os acercáis lo mato!
- ¡Lo harás de todas formas! - le gritó Bujic.

El bandido se desplazó varios metros, mientras tanto Bujic como Eleanor sólo podían esperar, sin atrever a moverse, buscando una última esperanza de salvar la vida de su amigo. Para colmo, apareció otro bandido en la oscuridad, con un arma. Era el mismo que huyó la noche anterior.

- ¡Os he seguido desde entonces! - gritó el viejo. - ¡Ésta es mi venganza!
- ¡¿Dónde están mis compañeros?! - gritó el bandido - ¡Uno de ellos era mi hermano!
- ¡Están en la prisión de las afueras de Jasélaga! - le explicó Bujic - ¡Los entregamos a todos antes de entrar en la ciudad!
- ¡Ve a por él! ¡golpéalo! - ordenó Rick Rocks - ¡Es sólo un comerciante y tú un guerrero!

El bandido se lanzó hacia el albino, y ambos se enzarzaron en una pelea. Eleanor no sabía que hacer, ya que estaba bastante cansada físicamente, y si utilizaba magia, quizás no tendría luego el suficiente poder para curar la herida de Víctor.

- ¡Escúchame Víctor! - le decía Rick Rocks - ¡Te mataré el último! ¡Te haré ver como matan a tu amigo y a esa mujer! ¡Y luego te rebanaré el cuello!

Víctor no podía ni hablar, le costaba mantener los ojos abiertos ante el dolor que sentía. Mientras tanto, el bandido golpeaba a Bujic, tirándolo al suelo. El enemigo levantó su arma para darle el estoque final. Eleanor pensó en lanzar un hechizo, pero era demasiado arriesgado.

El arma bajó, casi tocando a Bujic. Pero no le hizo nada. Por alguna razón el bandido se había detenido. Ante Eleanor calló un chorro de sangre de uno de los brazos del enemigo. Había algo incrustado en su brazo, una flecha.

- ¡Qué demonios! - se quejó Rick Rocks. Miró hacia el carro y descubrió a Lorayn con una ballesta en sus manos. El tuerto pensó que era el momento de degollar a su presa. - ¡Lo mataré! ¡Muere Victorio Soppi!

Lorayn disparó rapidamente. Quizás por suerte, la flecha impactó en el muslo izquierdo de Rick Rocks. Eso detuvo al bandido unos segundos, el tiempo suficiente para que la joven cambiara de flecha y volviera a disparar. Acertó de nuevo en la misma pierna. Rick Rocks cayó de espaldas. La muchacha corrió hacia él y le apuntó directamente a la cabeza.

- ¡Maldita niña! - se quejaba Rick.
- ¡Acaba con él! - le gritaba Bujic.

La mano de Lorayn temblaba. Podía lanzar otra flecha y acabar con todo. Podía, pero no quería. O quizás quería, pero no podía. Recordó a Jonathan en el momento antes de morir, recordó a Jamica, a Grendel, y todo el dolor de Newope. Lorayn no quería matar a nadie.

- ¡Vete! ¡Vete! - le gritó la chica.

El bandido se puso en pie, con bastante esfuerzo y comenzó a pegar saltos con una sola pierna.

- ¡Nos volveremos a ver niña! ¡Y no tendrás tanta suerte!

El viejo se marchó entre la espesura.

- ¡Eleanor! ¡Rápido! - Lorayn llamaba a su compatriota, esperando que curara a Víctor. La sanadora llegó corriendo y pronto se puso a curarlo con la magia.

Bujic se acercó a Lorayn, que seguía temblando. Le quitó la ballesta y le tocó la cabeza a la muchacha como agradecimiento.

- Es una suerte que buscaras en las mercancias. - dijo el albino.
- Sí... - la chica temblaba aún. - ...todo son armas.
- Así es. - Bujic fue hacia el carro y cogió más cuerda, para atar al otro bandido.

Lorayn se dirigió también al carro y se tapó con la manta. El frío le hacía temblar aún más.

Mientras, Eleanor había llevado a Víctor hacia el manantial. Seguía utilizando su magia para curarlo, aunque era laborioso debido a la profundidad de la herida. El capitán, algo más fortalecido, pero no lo suficiente, bebió agua para recuperar un poco más de fuerza.

- Gra...gracias, Eleanor. - le dijo Víctor.
- Ha sido todo gracias a Lorayn, ha estado muy oportuna.
- Si... ella me salvó... y tu me salvarás de la muerte... ha sido... gracias a las dos... - Víctor tosió, escupiendo algo de sangre. - ...ese maldito Rick Rocks... desea acabar conmigo...
- Tú también deseas acabar con él, ¿verdad?
- Acabó con mi mujer y mi hijo...
- ¿Cómo era? - Eleanor curaba con intensidad a Víctor, intentando que sufriera lo menos posible.
- ¿Mi hijo?... no lo conocí... no llegó a nacer... y mi mujer... se parecía a tí. - Eleanor sonrió levemente, especialmente tras recuperar Víctor la sonrisa.
- Yo también perdí a una persona especial. - Víctor guardó silencio, esperando que continuara. - No estuve casada, pero me faltó poco. Durante la guerra civil en Newope, mataron a mi prometido. Era un gran hombre.
- ¿Un mago? ¿de la guardia? - preguntó el herido.
- No... nada de eso... - los ojos de Eleanor empezaron a brillar. - era un herrero. Pero no era lo que podía hacer luchando, o en su trabajo. Lo importante es que era capaz que los demás pudieran hacer lo que quisieran...
- ¿puedo preguntar cómo...?
- Sí... - le interrumpió la sanadora. - El día antes de nuestro matrimonio, llegó a casa con una gran herida. Estuvo en el lugar equivocado, ese fue su error. Por aquel entonces yo no sabía nada de magia y él falleció en mis brazos, en nuestra futura casa.
- Lo siento.
- Cuando pude entrar en el Cónclave, mi única intención era usar la magia para curar. Me da bastante rabia, pero a la vez me siento bien. Cuando curo a una persona, es como si volviera atrás y le curara a él. Además... - Eleanor lloraba. - El irónico destino quiso que fuera la mejor sanadora... lo tenía innato... sólo que demasiado tarde. - se secó las lágrimas. - Por eso entiendo tu dolor, Víctor. Pero... yo no le he podido olvidar.
- Yo tampoco la olvidé. - dijo Víctor, bastante recuperado tras los efectos de la magia. - Pero sé que no le hago daño intentando ser feliz. No quiero sustituirla, sólo quiero seguir con mi vida. Quizás él piense lo mismo allá donde esté.
- Vo.. voso...tros... y... - Eleanor estaba agotada tras la magia. - y... la vida... tras la muerte...
- La religión da esperanza. - Víctor estaba recuperado y le sonreía a Eleanor. - Y la vida te da los suficientes motivos como para saber vivirla al máximo.
- Víctor... - Eleanor estaba a punto de desmayarse del esfuerzo. - Diga... lo que te diga... nunca me... dejes de sonreír.

La sanadora cayó al suelo. Víctor la cogió, luciendo la cicatriz en su costado. La llevó en brazos al carruaje. El camino debía continuar hacia Onuha, pero ahora prestando aún más atención.

miércoles, 29 de abril de 2009

5. La hermandad

- Ésto es Jasélaga. - presentó Bujic.

Ante los ojos de los viajeros se encontraba una ciudad pequeñita, con bastantes terrenos cultivados. Las casas eran particularmente de madera, excepto una torre de piedra que se alzaba a lo alto. Con plena luz del sol, la ciudad no lucía nada. Los árboles deshojados, las hierbas de un color verde oscuro o amarillento y caminos áridos. La gente trabaja, cabizbaja, sin prestar mucha atención al carruaje. Cargan sacos con verduras y son bastante cerrados. A todo ello, hay que unirle un olor agrio, incluso molesto al principio.

- ¿Qué os parece la ciudad? - le preguntó Víctor a las dos chicas.
- No es lo que esperaba... - se sinceró la más joven.
- Hay algo extraño aquí. - comentó Eleanor.
- ¿Extraño?
- Sí... - la mujer se quedó pensativa unos segundos. - Es como si hubiera miedo.
- Espero que el destino siga guardando tu intuición. - le comentó Bujic. - Esta ciudad fue una de las que más sufrió la guerra. No tienen excesivos recursos materiales, no tiene nadie con dinero para montar algo, no hay escuelas...
- ¡No tienen nada! - exclamó Lorayn, pensando que era peor que Newope.
- Y lo poco que tienen... es demasiado oscuro. - susurró el albino.

Ninguna de las dos se atrevió a preguntar más. La respuesta de Bujic había sido tan tétrica que casi no preferían saber más. Lo cierto es que la ciudad no llamaba demasiado la atención, incluso provocaba terror y escalofríos. Aunque no lo dijeran, los cuatro estaban deseando terminar lo que fuera que hayan venido a hacer.

- Anochecerá en un rato. - explicó Bujic. - Vayamos a una posada, a tomar algo y reponernos. Además, puede que allí me encuentre con la persona con la que quiero hablar.

Todos asintieron. Siguieron unos pasos más hasta llegar a un viejo edificio de madera. Aunque las calles parecían desiertas, tenían la sensación de que había ojos escondidos en las casas observándoles todos los movimientos.

Dentro de la posada todos tomaron asiento. El lujo del lugar iba en concordancia con el exterior de la ciudad: pobre y sucio. Sólo había dos personas, completamente vestidas de negro, cerca de la barra, además del posadero. Bujic se acercó a él.

- Hola posadero, soy Bujic de Onuha.
- ¿Y bien? - dijo el posadero sin simpatía.
- ¿Cuál es el mejor plato que tienes?
- En realidad está todo igual de malo... - mientras respondía, Bujic sacaba una bolsa con monedas, y la cara del hombre cambió. - ...pero os puedo preparar una rica sopa.
- De acuerdo, que sean cuatro y las acompañe un buen vino.
- Así se hará, señor. - el dinero había cambiado la cara del posadero, mucho más cordial ahora.
- Ahora bien, necesito otra cosa. Busco a un hombre de ésta ciudad, a Hendrix.
- Yo... yo no se nada, señor... - al mismo tiempo, Bujic sacaba otro par de monedas. - ...pero si, creo recordar que lo he visto con los emisarios de Tanús.
- ¿Emisarios de Tanús?
- Si, señor. Tanús es la hermandad, seguro que has oído hablar leyendas de ella.
- Sí, realmente sí. Muchas gracias.
- Ahora le sirvo la comida.

Mientras volvía a su sitio, Bujic puso el oído en la conversación de los dos hombres de negro:
- ¡Pero si viene de un pueblo bárbaro! ¡Qué sabrá!
- Y además dice todo lo contrario que Tanús. ¡Amor! ¡Caridad! ¡Con eso no se gana una guerra!
- ¡Deberíamos matar a ese tipo!

Bujic se sentó en la mesa con los demás:
- Parece que esos tipos están tramando un asesinato.
- ¿Es contra nosotros? - preguntó Víctor.
- No, al parecer es contra un hombre que... - Bujic se paró a pensar. - ...apostaría algo a que es contra un líder religioso.
- ¿Esos tipos son de la hermandad?
- Así es.
- ¿Qué es la hermandad? - preguntó, con su eterna curiosidad Lorayn.
- Te lo explicaré mientras comemos... - Bujic susurró, al mismo tiempo que el posadero le ponía las bebidas y la comida en la mesa. Una vez se marchó, continuó en voz baja. - La hermandad es un movimiento religioso. Acabo de descubrir que ellos mismos la llaman Tanús. Suelen vestir de negro, ir encapuchados y pasean cadáveres por las calles.
- ¡Eso es repugnante! - se quejó Lorayn.
- Más bajo... - le pidió Bujic, y prosiguió. - El origen de esa hermandad vino tras la guerra. Un grupo de hombres veneraba a los muertos, sean del tipo que sean, y comenzaron a hablar y a decir cosas referentes a los difuntos. No puedo especificarte que tipo de cosas son, pero hacen rituales de lo más extraño. La gente está desesperada, todos han perdido a familiares o amigos, y eso hace que veneren a los muertos y apoyen a la Hermandad.
- No me queda nada claro... - dijo Lorayn.
- Es complejo, no sé como lo hacen pero están haciendose fuertes en toda la Alianza. Esta ciudad, por su pobreza y demás, es un foco específico.
- ¿Hemos venido por algún problema con la hermandad? - preguntó Víctor.
- En parte.
- Pufff... - se quejó Víctor. - ...espero terminar cuanto antes este trabajo.

De pronto se escucharon unas campanas en la calle. Los dos hombres de negro de la posada salieron rápido, seguidos por el posadero. Los cuatro comensales no pudieron resistirse y salieron a ver. La noche ya había caído en Jasélaga, y la gente se agolpaba en la calle, en silencio.

- La población se ha multiplicado... - susurró Lorayn.

A lo lejos, venía una fila de personas encapuchadas, completamente vestidas de negro. Todos llevaban una antorcha. Delante de esa fila, un hombre, con túnica negra pero no encapuchado, agitaba la campana, que se escuchaba como un rugido ante tanto silencio.

A un ritmo lento, pero constante, fueron pasando. La lista de encapuchados era larga, y todos estaban en silencio, observándolos. Casi al final de que todos los "hermanos" pasaran con su antorcha, aparecían cuatro portando algo en una tabla. Se trataba de un cadáver, con los brazos abiertos en cruz.

- ¡Pero qué diablos! - gritó Víctor.
- Cállate. - le ordenó Bujic. - No podemos hacer nada, simplemente mira, o cierra los ojos, pero no nos conviene intervenir.

El capitán asumió las órdenes. En unos minutos, la tropa de encapuchados y el cádaver en lo alto había pasado. En cuanto se marchaba, la gente volvía a sus casas, cabizbajos como siempre.

- No entiendo nada. - Decía abriendo los brazos Eleanor.
- Diría que no tiene sentido. - comentó Víctor.
- Quizás si conocieras nuestra doctrina, lo tuviera. - Una voz interrumpió al grupo. Era un encapuchado. El hombre se quitó la capucha desvelando su identidad.
- Hendrix... - dijo Bujic. Efectivamente se trataba el contacto con el que tenía que hablar. - ¿Te importa que hablemos en privado?
- Por supuesto. - aceptó Víctor, llevándose a las dos muchachas al interior de la posada para terminar la comida. - Pero acaba pronto.

Bujic se quedó en la calle con Hendrix.
- Nunca pensé que formarías parte de la hermandad. - insinuó el albino.
- Llámala Tanús. - explicó el hombre, de buena gana. - Tenemos mala publicidad, pero es porque no nos entienden. Nosotros asumimos contactos con los muertos.
- ¿Contácto?
- Así es. A través de nuestras plegarias a Tanús, un dios tan antiguo como el Sol, podemos hablar con los muertos y recordar sus glorias. ¿Qué más sabiduría hay en un ser que ya ha muerto y no tiene miedo a nada? ¡Ni si quiera miedo a sí mismo!
- Y parece que tenéis competencia, ¿no? - Bujic preguntó indirectamente por lo que había escuchado antes en la posada.
- Ah, ese hombre. Lo ideal es hablar con él y mostrarle el camino. Los muertos están aquí para advertirnos.
- Te veo muy metido en... Tanús... para llevar tan poco tiempo. - Bujic utilizó toda su ironía en ese comentario.
- Así es, viejo amigo. Soy Orador de Tanús en Jasélaga. Y aunque me encantaría contarte con detalles lo que hago, con la esperanza de que te unas a nosotros, tenemos otros negocios que hacer.
- Exacto. - Bujic miró el carruaje. - Ahí traigo las semillas de las Manzanas de Agua. Crecerán bien en ésta región.
- Bien, tengo todo tu cargamento preparado, amigo. Es un placer hacer negocios contigo. - ambos chocaron la mano, como finiquitando el acuerdo.
- Entonces... - Bujic preguntó con algo más de nerviosismo. - ¿Puedes hablar con los muertos?
- Es un proceso, pero sí. Amigo, debo irme, tengo quehaceres. Las puertas de la Torre de Tanús de Jasélaga están abiertas para ti.

El orador de Tanús se marchó, al tiempo que ordenaba a dos hombres llevar unos sacos al carruaje de Bujic. El albino observó que todo llegaba, y le dio las semillas a los hombres. Cuando terminó el proceso entró en la posada y se sentó de nuevo con el grupo.

- ¿Qué tal todo? - preguntó Víctor.
- Trabajo terminado. Mañana nos marcharemos. - comentó Bujic.
- Hemos comido bien, mejor nos marchamos esta noche... - susurró Lorayn.
- Estoy de acuerdo con ella. - dijo Víctor. Eleanor asentía también.
- Está bien, está bien.

Pronto, a pesar de ser de noche, estaban montados en los mo y en el carruaje. Comenzaron el viaje de vuelta, aunque nadie preguntó por la mercancía. Lorayn estaba a su lado.

- Esos tipos son muy raros, ¿verdad? - dijo la chica.
- Quizás no los conozcamos, Lorayn. - insinuó Bujic. - Cuando llegamos a Newope, fuimos atacados, nos aprisionaron y no nos ofrecieron posibilidad de hablar. Pero hay gente como tú.

Lorayn se quedó callada y pensativa. Quizás Bujic tenía razón.

lunes, 27 de abril de 2009

4. Venganza

La noche caía en uno camino del Reino de Astrid, dejando sólo al carruaje acompañado de árboles y una tenue luna menguante. Para especificar su ubicación, el camino une las ciudades de Onuha y Jasélaga. Esta última está situada en el interior del país, al norte de la ciudad costera, pero mucho más cerca que la Capital Andalan.

En el carruaje había cuatro personas: Víctor, Bujic, Eleanor y Lorayn. Estaban descansando tras un largo día de camino, necesario para tener las fuerzas suficientes en la mañana siguiente. El carruaje era amplio, aunque iba prácticamente vacío, salvando los víveres necesarios para el camino.

Una fogata adornaba el camino. Lorayn y Eleanor estaban sentadas, mientras Bujic asaba un trozo de carne. Víctor estaba dándole agua a los mo que empujaban el carro. Tras eso, se reunió con el grupo.

- No deberíais de haber venido a Jasélaga. - comentó Víctor. - Esa ciudad no tiene absolutamente nada.
- ¡Me aburría! - se quejó Lorayn - Estoy deseando descubrir mundo.
- Ella tiene razón. - afirmó Eleanor. - Después de todo puedo escaparme un poco de la escuela de magia. Es como unas vacaciones.
- En realidad no lo será, pero es un placer venir a Jasélaga con una sanadora... - le sonrió Víctor.
- Habrá que tener cuidado. - comentó Bujic. - Estos caminos son inseguros y esa ciudad realmente no está en el mejor momento.
- ¡Pero si no arriesgas no ganas! - Lorayn sonreía mientras lo decía, mirando a Víctor.
- Ya le estás llenando a la muchacha la cabeza de ideas locas... - se quejó Bujic.
- Pero lleva razón, si no te arriesgas, no ganas. - concluyó Víctor.
- Bien, ya que nadie lo dice... ¿qué haremos en esa ciudad? - preguntó Eleanor.
- Negocios de Bujic. - respondió rapidamente Víctor.
- Si, negocios... - añadió el albino. - Estoy exportando las Manzanas de Agua de Newope. Eso hará engrandecer aún más mi comercio. Pero al parecer hay problemas en Jasélaga con los últimos envíos.
- ¿Y por qué un carruaje vacío? - preguntó Eleanor.
- ¡Vaya! nunca me daría cuenta de eso. - la joven Lorayn se sorprendía. - Tengo que estar más atenta, hay cosas que se me escapan... ¿por qué el carruaje vacío? ¿traerás algo de vuelta?
- Sí, eso espero. - comentó Bujic.
- Y yo espero que todos os quedéis quietos.

La voz venía del bosque, aunque no se percibía la forma de ningún hombre debido a la oscuridad. Víctor sacó su espada atento a un posible ataque. Lorayn agarró su amuleto, preparada para lanzarse contra cualquiera que le quisiera hacer daño. Bujic cogió una de las pinzas con las que asaba la carne, y Eleanor simplemente se quedó tan sorprendida que no pudo reaccionar por el miedo.

- ¡Sal cobarde! - gritó Víctor.
- Así que eres tú...

De las sombras apareció un hombre. Era mayor, con una pequeña barbita blanca, flacucho, vestido con una cota de mallas bastante anticuada. Junto a él, media docena de hombres más aparecieron rodeando al grupo. Todos estaban armados con hachas y espadas.

- Así que... - Víctor apretó fuerte su puño. - ...el destino quiso que te volviera a encontrar. Mal nacido de Rick Rocks.
- Así es. - el hombre avanzó, desenfundando dos espadas. - El traidor de Victorio Soppi delante de mi ojo. - al acercarse el hombre, se percibia un parche en el ojo derecho. - Parece que el destino me da la suerte de acabar contigo.
- Víctor, por lo que más quieras, cálmate. - Bujic parecía temblar, dándole consejos a su amigo.
- ¿Os conocéis? - Lorayn estaba sorprendido, acariciando fuerte su amuleto.
- ¡Ja, ja! Si muchacha, si nos conocemos... - dijo el viejo tuerto. - ¡El botín de hoy es mejor que unas monedas! ¡Será tu cabeza!

El viejo, junto a sus hombres, se lanzaron al ataque contra el grupo. Víctor agarró fuerte la espada, en un gesto completamente serio, y se lanzó contra él. En una curiosa estrategia, Lorayn se lanzó contra tres hombres que venían por su espalda.

- ¡Estúpida! ¡Estás desarmada! - le gritó uno de los hombres, mientras preparaba un tajo con su hacha.

Justo antes de hacerlo, el medallón brilló cubriendo a Lorayn en una luz rojiza, como si fuera una esfera. Unido al movimiento de choque de la muchacha, los tres asaltantes fueron heridos al mismo tiempo. Recibieron las marcas del medallón en sus pechos, dejándolos completamente fuera de combate.

Otro de los hombres quedó asustado ante la jugada de la joven y huyó al grito de "son magos". A todo ésto, Eleanor había tenido tiempo suficiente para cargar un hechizo básico de ataque, el cual dirigió a otro de los bandidos. De la palma de la mujer salió una luz azulada, que al impactar con él lo hizo desmayarse.

- ¡No sabía que pudieras hacer eso! - le gritó Lorayn desde el suelo.
- Es algo básico, sólo dura unos segundos. - comentó Eleanor mientras cogía una piedra y la golpeaba en la cabeza al guerrero desmayado.

Mientras tanto, Bujic luchaba directamente con el último asaltante, consiguiendo asestarle un golpe en el costado para recibir la ayuda de Lorayn, que se había incorporado para atacar por la espalda al bandido.

Rick Rocks, el líder de los ladrones, estaba en completa desventaja numérica. Luchaba con Víctor en un combate espada a espada. Los aceros chocaban entre ellos, dejando muestras evidentes de la capacidad de combate de los dos hombres. La ventaja del bandido era que luchaba con dos espadas, con una pericia increíble.

En un gran movimiento técnico, Víctor consiguió quitarle una de las armas, pero el viejo tuerto no se detenía. Lorayn quiso lanzarse para ayudar de alguna forma, en un movimiento casi suicida, ya que ahora su amuleto estaba descargado y no tendría efecto. Por suerte Bujic la detuvo a tiempo. Mientras tanto, Eleanor preparaba algún hechizo contra ese hombre.

- ¡No hagas nada! - le gritó Víctor. - ¡Ésto es cosa mía!

Eleanor se detuvo. No entendía el honor del capitán del Santana contra ese viejo. Bujic le hizo un gesto, asintiendo con la cabeza, para que la maga se parara. El combate entre los espadachines continuó unos minutos más, justo hasta que Rick Rocks consiguió desarmar a Víctor. Le apuntó con la espada directamente en el cuello.

- Ahora te tengo a mi merced Victorio... - le dijo el viejo.
- Siempre guardo un as en la manga... en éste caso en la pierna. - susurró el capitán.

Se agachó rápido, al mismo tiempo que saltaba hacia atrás. De su pierna izquierda, bajo el pantalón, sacó una daga, y con un rápido movimiento de piernas apuñaló la mano desarmada de Rick Rocks. El viejo gritó de dolor, desgarrando el silencio de la noche. Pero no se rindió, se lanzó hacia atrás y prosiguió el combate con la otra mano, aún portadora de una espada.

Durante al menos un minuto más siguieron luchando. Pero la herida en la mano le hacía estragos al viejo, perdiendo velocidad y pericia. Se agachó velozmente, cogió arena del camino y la lanzó a los ojos de Víctor. Todo lo hizo con la mano herida, demostrando un gran pundonor. El hombre retrocedió unos pasos y se marchó corriendo, sin que ninguno pudiera seguirlo.

Lorayn corrió hacia Víctor para ayudarle a levantarse y a ver. El muchacho estaba completamente enfadado, con un gesto serio y golpeando el suelo, maldiciéndose por la oportunidad desperdiciada.

Un poco más tarde, Bujic había atado a los cinco delincuentes, y aprovechó el hueco del carruaje para meterlos allí.

- Al menos sacaremos una recompensa por estos tipos. - dijo el albino.

Todos estaban de nuevo en el fuego, recuperándose de la batalla. Víctor seguía muy dolido, despeinándose casi por rabia. Lorayn no pudo aguantar más su silencio.
- ¿Lo conocías?
- Sí... - Víctor la miró, con lágrimas en los ojos.
- Y lo odias... - afirmó la joven.
- Lo odio. - concluyó el hombre, sin ganas de hablar más.
- Debemos de partir, esta zona no es segura. - advirtió Bujic.

Dicho y hecho. Bujic se puso a los mandos del carruaje, acompañado de una Lorayn agotada y a punto de dormirse. Eleanor decidió montarse en un mo, y por primera vez se acercó a Víctor durante el camino, también cabalgando otro.

- Todos odiamos algo, o alguien... - comentó la sanadora. - Y cuando odio, me gusta estar acompañada, aunque sea para gritar, al menos alguien escuchará mis gritos.
- ¡Ese bastardo! - se quejó Víctor, que luego miró a Eleanor. - Muchas gracias.
- Puedes seguir gritando si te sienta bien.
- No, no... - Víctor lloraba. - En realidad... necesito contarlo. - Eleanor prestó atención. - Ese hombre, Rick Rocks... es un enemigo de la anterior guerra. El va en contra de la Alianza, cree que este país debería ir por libre. Un día llegó a Onuha mientras yo estaba fuera, luchando. Él acabó con mi mujer y con mi hijo. - Víctor se derrumbó mentalmente, llorando.
- Lo... lo siento. - dijo Eleanor afectada. La mujer no sabía que más decir. Nunca había visto al capitán venirse abajo ni llorar, siempre lo conoció como alguien despreocupado.

Atrás, en el carruaje, Bujic le contaba la misma historia a Lorayn, que no había dormido.
- A él no le gusta contarlo, pero te lo he contado porque eres de los nuestros. - le explicó Bujic.
- No tenía ni idea... - dijo perpleja Lorayn.
- Por eso él es así. - explicó el albino. - Por eso dejó de importarle todo. Y en cierto modo lo comprendo, es parecido a lo que pasó cuando murió Marit...

Lorayn cerró los ojos. El camino era largo y oscuro, además de triste. La situación le hizo acordarse de Jonathan.