miércoles, 17 de diciembre de 2008

Nwanda

"A partir de hoy, llamadme Nwanda", célebre frase de la película "El Club de los Poetas Muertos", que hace poco he visto desde una vista más crítica hacia el sistema de aprendizaje autónomo utilizado en ella.

Descartamos los mil detalles prodigiosos de la romántica película protagonizada por Robin Williams y centrándonos sólo en uno: "Nwanda". La escena es espectacular, como todo el contenido dado en cada fotograma del film. Si tenéis la posibilidad de verla, aprovecharlo, si no es así, intentad dejar que la magia se apodere de éstas líneas con un breve resumen de ello:

Los chicos están en la cueva dónde disfrutan degustando la poesía más atrevida. Uno de ellos, se decide rebelar ante todo: rompe las normas del club introduciendo a dos chicas, y sobre todo, intenta escapar del orden establecido con la intención de eliminar barreras sexistas en su sistema educativo. Éste chico se autodenomina a sí mismo Nwanda.

Más adelante, recibe el castigo por sus errores, pero se sigue llamando con su nuevo nombre, signo de que su personalidad está formándose con un rol definido. Incluso, sus amigos, necesitan verlo como lo que es ahora, como lo que ha logrado ser, y todos le acaban llamando de la misma manera, y aceptando como es.

Nwanda aprende mucho durante el proceso, llegando a ser tan valiente como estúpido, conseguirá una estabilidad entre la pasión de su rebeldía y la inteligencia de saber actuar, aunque al final de la película vuelva a sacar su furia para propinar un puñetazo que significa una expulsión. En cualquier caso, lo expulsaron del infierno, así que ni tan mal.

Las circunstancias, el terreno, el clima, hace que dentro de cada uno de nosotros aparezca un Nwanda. Si somos apoyados por alguien referente y fuerte, en éste caso un tutor, que bien podría ser un amigo o compañero, o ambas cosas a la vez, y perdemos el miedo a que nuestros semejantes nos juzguen, nuestra personalidad sólo puede aflorar hacia lo que realmente queremos ser, hacia lo que nos gusta ser, el camino de Nwanda.

Personalmente, saco todo mi ser, el que pierde la vergüenza, pero el que a la vez sabe lo que hace, que lo hace por disfrutar, con criterio, un loco enfermo de cordura, y que exhala de sus poros toda la alegría de encontrarse a sí mismo, cuando se cumplen las situaciones citadas anteriormente: clima, ambiente, compañía, que aportan seguridad, que se evaden de prejuicios y que se enamoran de cada momento.

Si alguna vez os digo abiertamente, en persona, que "con vosotros (o contigo) soy realmente yo", debes de saber que estoy agradeciéndote cada instante de tu compañía, no por lo que me haces ser, si no por permitirme ser lo que quiero ser.

Busca tu Nwanda. Sácalo. Y agradece cuando lo consigas. Es de esas pequeñas cosas que hacen que la vida merezca la pena.

2 opiniones :

  1. Anónimo dijo...

    No sabía que además de Pingü podías llegar a ser tan profundo. Me encanta esta reflexión que has hecho y más me encantaría poder sacar mi Nwanda.
    No dejes nunca de escribir, merece la pena leerte.
    Tu compañera, V.

  2. Danny Piña dijo...

    Maravilloso, me encanta, sigue así que por aquí seguiremos !!

    enhorabuena por el blog ;)