jueves, 26 de marzo de 2009

7:17

Suena el despertador. El ruido es tan agudo que penetra en mis oídos fugazmente taladrando mi cerebro. Me quejo al mismo tiempo que abro los ojos. Siento dolor, en el estómago, en la espalda, en mi alma. Busco entre las sábanas con mis manos, pero no hay nada... nada más que ese demonio con forma de vidrio que dejé seco anoche. Ese demonio que circula por mi sangre, que destroza mi hígado.

Giro mi cuerpo y miro el reloj. La luz roja de los números digitales me molesta ante tanta oscuridad. Aún veo borroso y la hora que percibo son las "6:66". Me incorporo rápidamente, froto mis ojos, no puedo negar que tengo miedo. Me cuesta mantenerme en pie, mi cabeza está a punto de estallar, es como si todo se moviera. Me agarro con una mano en la cama, cierro los ojos, me intento tranquilizar. Parece que todo da menos vueltas. Menos. Menos. Todo quieto.

Abro los ojos, con el miedo de mirar al reloj y ver algo tan irreal. Lanzo un suspiro de alivio, son las "7:17". Por alguna extraña razón, el miedo me invade de nuevo. En el suelo, cerca de la mesilla de noche, está la biblia abierta. El último libro que intento leer. La recojo, sin cerrarla, y le hecho un vistazo:

¿Qué es el hombre para que lo tengas tan en cuenta y fijes en él tu atención...

Ahora tiemblo. El versículo que he leído en la Biblia pertenece al libro de Job, el 7:17. Precisamente el mismo que marcaba el reloj. Cierro el libro sagrado de golpe, lo coloco en un cajón, en el último, lo más al fondo posible. Me agacho y busco el cable de corriente del reloj. Lo encuentro, tiro fuerte, para que todo quede apagado.

No hay luz, las ventanas están cerradas, la puerta también. Pero distingo las siluetas, sería capaz de seguir leyendo, aunque no lo deseo. En frente mía hay un espejo. Mi rostro es cruel, despiadado, sanguinario. Todo lo que un día fui. Pero mi gesto es de miedo, de terror. Me quito la camiseta de mangas largas que tengo y dejo mi torso desnudo frente al espejo.

Heridas, cicatrices aún latiendo. Moratones. Los acaricio a pesar de que cada vez que los rozo con mis dedos siento un gran dolor. Al retorcerme, cabizbajo, puedo ver los restos de vómito de mi anterior noche, que adornan tenebrosamente a los arañazos que he dejado en la pared cuando siento tanto terror.

Ya siento el golpe. Ese terrible golpe. No quiero darme la vuelta, a pesar de que se que el golpe viene de allí. Tengo miedo, tanto miedo como cada día que he pasado aquí, como tantos días que no se realmente cuando acabará. Los golpes son más intensos, ya pronto van a salir.

Una luz rojiza, enfermiza. Unos gritos de desesperación, de venganza. Las puertas del infierno se han abierto tras de mí, de un simple armario. Las llamaradas que escupen cráneos gritando, restos de niños, de mujeres decapitadas, que avanzan con la siniestra melodía del sufrimiento que me van a causar... como cada día.

Pero no son sus golpes los que me duelen, porque el dolor físico es soportable. Son los recuerdos, los recuerdos del dolor que yo si les causé a ellos, mientras sonreía, regocijándome de sus muertes. Recuerdo cuando atravesaba sus corazones, sintiendo como dejaban de latir. Y lloro de miedo, porque siento un grito en el recuerdo de cada ultimo respiro que gritaba la palabra venganza.

Aquí están, devorándome. Apuñalándome. Arrancándome la piel. Como cada día, desde hace tanto tiempo. Cuando no puedo tener la esperanza de morir, porque ya estoy muerto. Los entes me gritan con desolación, con odio:

¿Qué es el hombre para que lo tengas tan en cuenta y fijes en él tu atención visitándolo cada mañana y examinándolo a cada instante?

Eso es el párrafo completo de Job, 7:17-18. Incluso ellos, que tienen su justa venganza y me odian cada día, tienen su sufrimiento, el sufrimiento de no poder olvidar cada día hacerme sentir el triple de daño del que yo les hice.

Pero hasta aquí, en el Purgatorio, Dios nos ofrece esperanza. Algún día expiaré todos mis pecados, y me reuniré con él.

3 opiniones :

  1. Vanesa dijo...

    Sigo flipando (lástima no poder poner emoticonos, cuando no se escucha la voz me expreso mejor con ellos).

    Quiero un libro YA!! Aunque sea en folios jajaja. Tu cabeza no sólo puede quedarse para darse golpes en el autobús, hay que explotarla!

  2. Curro dijo...

    Sería interesante pasar este capitulo a un nivel gráfico.

  3. Ana dijo...

    espeluznante!!