martes, 17 de marzo de 2009

La niña desaparecida

Este relato está inspirado en hechos reales, pero nada de su contenido tiene la intención de juzgar ni resolver ningún caso real.

La alarma sonó donde más se escucha, en los medios de comunicación: Una niña había desaparecido, lo más triste de un Catorce de Febrero. No era tan niña, casi rozaba los diecisiete. Rubia, alta, guapa. Su foto pronto estuvo en todas las pantallas de televisión, rondando miles de rincones en internet, colgada en cada farola. Manifestaciones con el lema de "Todos somos Virginia". Casi no había pistas, sus amigos lloraban su pérdida, los padres y familiares más directos empañaban con lágrimas los titulares del día.

Pasó casi un mes, y alguien alzó la voz. Era su ex novio, y fue contundente: "yo maté a Virginia". La agonía de la sociedad, enfurecida por un caso más de violencia de género, hizo que se arrastraran más culpables y encubridores, algunos de ellos amigos de la víctima. Se pide la pena de muerte, la cadena perpetua para los culpables, pero la cordura lleva a encontrar el cuerpo antes, para que Virginia tenga su merecida despedida.

Según el asesino y sus colaboradores, acabó con ella la misma noche que desapareció. Un golpe fuerte, con un cenicero. No esperaba matarla, pero la mató. Llamó a sus amigos y la lanzaron al río. Un río muy denso y amplio, capaz de desembocar en el mar. El pueblo se movilizó, gastó todo lo que pudo, tanto humana como económicamente. Llegaron voluntarios dispuestos a terminar con la agonía de la familia. Pero Virginia no aparecía.

Los plazos y la paciencia se acaban. Entonces los culpables se retractan: "la tiramos a un contenedor". Parece casi imposible que eso ocurriera, pues la basura es separada en los vertederos, pero la desesperación hizo volver a movilizar a la gente, descansando sólo para dedicar insultos, para lanzar una lágrima que esperaban fuera la última. Pero lo único que pasó fue el tiempo, tan lento, tan demoledor.

Uno de los que encubrían, menor de edad, dijo algo nuevo: "está enterrada. Hemos mentido por miedo". Nadie le creyó, pero aún así buscaron. Levantaron tierra suficiente como para crear una gran obra, y tierra insuficiente como para dar con la chica.

Los medios de comunicación, la verborrea nacional e internacional, hablaban sobre el caso. La gran pregunta no era dónde estaba el cuerpo de Virginia, más bien el por qué los culpables se cebaban de una forma tan cruel ante una familia destrozada. Fueron condenados, los menores pronto estarían fuera, el presunto asesino pasaría unos años más. Pero no tantos, pues no se encontró ni el cenicero con el que decían haberla matado.

Unos meses más tarde, el padre de Virginia ofrecía una entrevista a un diario conocido de internet: "No vamos a olvidarnos de buscar a Virginia". En La India, cerca de Bollywood, una chica con pelo corto y negro como ébano, leía el titular en su pantalla de ordenador.

- Y yo tampoco me olvidaré de las palizas que me dabas - susurró la chica - ya falta poco para reunir el suficiente dinero que os debo por todo ésto. Cuando salgáis de prisión, os regalaré una vida nueva. Gracias a todos.

2 opiniones :

  1. Curro dijo...

    y digo yo, si es improbable lo del contenedor porq tiene q recorrer la calle, ¿no era más improbable lo del río, que se encuentra en este caso, al otro lado de la ciudad?

  2. Vanesa dijo...

    Ese último párrafo me ha puesto los pelos de punta, y no por lo macabro que parece, sino porque más de una vez he tenido un pensamiento parecido.