viernes, 1 de mayo de 2009

6. ¿Venganza?

Hacía sólo un par de horas que el carruaje había partido de Jasélaga. La precipitada salida, coordinada por el miedo de la hermandad de Tanús y el cansancio acumulado, hacían lento el viaje. Con Víctor al frente, Eleanor montaba también un mo, pero muy cerca del carro, conducido por Bujic. Lorayn dormía, bajo una manta, protegiéndose del frío.

Era uno de los grandes momentos de silencio. La Luna Rota sólo se veía parcialmente, dejando que tan sólo uno de sus hijos se viera. La plateada y tenue luz del astro se acompañaba de las antorchas que portaba Víctor, iluminando el terreno quizás menos de lo suficiente.

Eleanor observaba a Víctor. El hombre estaba bastante serio desde el encuentro con aquel bandido, y la mujer se sentía inquieta y preocupada por verlo así. Una voz en su interior le pedía que se alejara, pero la rutina diaria de sus sonrisas, que a veces parecía molestarle, era un recuerdo que añoraba con tristeza. "Cuando lo pierdo, es cuando más lo siento", se decía a sí misma Eleanor.

Víctor se detuvo lentamente y bajó de su montura. Bujic hizo lo mismo con el carruaje. A los pies del capitán había un pequeño charco, y un metro más arriba, el agua fluía fresca entre las rocas. El hombre se había agachado, refrescando su boca.

Eleanor también se bajó. Se acercó hacia él, se agachó y bebió. No hablaron, pero porque no sabían que decir, aunque sus ojos se cruzaran, con una mueca seria en ambos. Sólo el sonido del manantial perturbaba un silencio profundo.

Por eso percibieron unos pasos. Al principio eran sólo un detalle, pero luego se incrementaron velozmente la frecuencias de las pisadas. Eleanor se giró, intentando percibir con sus ojos lo que detectaba su oído: sólo había oscuridad, y a unos metros estaba Bujic, tranquilo, como si no escuchara nada. La mujer se giró hacia Víctor, con semblante asustado, esperando que él dijera algo para salvarla, para arrebatarle el miedo.

Pero Víctor tan sólo se cayó al suelo. Eleanor no pudo comprender nada, hasta un segundo después, cuando una figura estaba a su lado. Aún en penumbra, la silueta se podía definir bien en el recuerdo de la mujer: era Rick Rocks, aquel bandido. Tenía una espada en su mano, manchada de sangre.

El peor pensamiento de Eleanor se hizo terriblemente real. La sangre era de Víctor, y la herida venía de su costado. El viejo bandido tuerto había sido tan rápido y sigiloso que había asestado un golpe mortal antes de que cualquiera pudiera percibirlo.

- ¡Ésta es mi venganza! - gritó el viejo.
- ¡Maldito...! - Víctor lo insultaba desde el suelo, llevándose la mano al costado. El tajo fue tan duro que no podía levantarse.
- ¡Nunca bajes la guardia conmigo! - Rick Rocks se regocijaba. - ¡No sólo me hiciste perder un ojo, mi mano derecha está inservible! - el viejo tenía la mano vendada, exactamente la que fue apuñalada por Víctor. - ¡Apártate muchacha!

El viejo agarró por el pelo a Víctor, y colocó el cuchillo en su cuello. Eleanor estaba inmóvil por el miedo, además de saber que cualquier movimiento en falso acabaría con su compañero. Bujic se incorporaba a la escena, con un enorme hacha en sus manos.

- ¡Déjalo en paz! - le gritó el albino.
- ¡Quietos! - ordenó el viejo, mientras se desplazaba con el cuerpo de Víctor, que continuaba desangrándose. - ¡Si os acercáis lo mato!
- ¡Lo harás de todas formas! - le gritó Bujic.

El bandido se desplazó varios metros, mientras tanto Bujic como Eleanor sólo podían esperar, sin atrever a moverse, buscando una última esperanza de salvar la vida de su amigo. Para colmo, apareció otro bandido en la oscuridad, con un arma. Era el mismo que huyó la noche anterior.

- ¡Os he seguido desde entonces! - gritó el viejo. - ¡Ésta es mi venganza!
- ¡¿Dónde están mis compañeros?! - gritó el bandido - ¡Uno de ellos era mi hermano!
- ¡Están en la prisión de las afueras de Jasélaga! - le explicó Bujic - ¡Los entregamos a todos antes de entrar en la ciudad!
- ¡Ve a por él! ¡golpéalo! - ordenó Rick Rocks - ¡Es sólo un comerciante y tú un guerrero!

El bandido se lanzó hacia el albino, y ambos se enzarzaron en una pelea. Eleanor no sabía que hacer, ya que estaba bastante cansada físicamente, y si utilizaba magia, quizás no tendría luego el suficiente poder para curar la herida de Víctor.

- ¡Escúchame Víctor! - le decía Rick Rocks - ¡Te mataré el último! ¡Te haré ver como matan a tu amigo y a esa mujer! ¡Y luego te rebanaré el cuello!

Víctor no podía ni hablar, le costaba mantener los ojos abiertos ante el dolor que sentía. Mientras tanto, el bandido golpeaba a Bujic, tirándolo al suelo. El enemigo levantó su arma para darle el estoque final. Eleanor pensó en lanzar un hechizo, pero era demasiado arriesgado.

El arma bajó, casi tocando a Bujic. Pero no le hizo nada. Por alguna razón el bandido se había detenido. Ante Eleanor calló un chorro de sangre de uno de los brazos del enemigo. Había algo incrustado en su brazo, una flecha.

- ¡Qué demonios! - se quejó Rick Rocks. Miró hacia el carro y descubrió a Lorayn con una ballesta en sus manos. El tuerto pensó que era el momento de degollar a su presa. - ¡Lo mataré! ¡Muere Victorio Soppi!

Lorayn disparó rapidamente. Quizás por suerte, la flecha impactó en el muslo izquierdo de Rick Rocks. Eso detuvo al bandido unos segundos, el tiempo suficiente para que la joven cambiara de flecha y volviera a disparar. Acertó de nuevo en la misma pierna. Rick Rocks cayó de espaldas. La muchacha corrió hacia él y le apuntó directamente a la cabeza.

- ¡Maldita niña! - se quejaba Rick.
- ¡Acaba con él! - le gritaba Bujic.

La mano de Lorayn temblaba. Podía lanzar otra flecha y acabar con todo. Podía, pero no quería. O quizás quería, pero no podía. Recordó a Jonathan en el momento antes de morir, recordó a Jamica, a Grendel, y todo el dolor de Newope. Lorayn no quería matar a nadie.

- ¡Vete! ¡Vete! - le gritó la chica.

El bandido se puso en pie, con bastante esfuerzo y comenzó a pegar saltos con una sola pierna.

- ¡Nos volveremos a ver niña! ¡Y no tendrás tanta suerte!

El viejo se marchó entre la espesura.

- ¡Eleanor! ¡Rápido! - Lorayn llamaba a su compatriota, esperando que curara a Víctor. La sanadora llegó corriendo y pronto se puso a curarlo con la magia.

Bujic se acercó a Lorayn, que seguía temblando. Le quitó la ballesta y le tocó la cabeza a la muchacha como agradecimiento.

- Es una suerte que buscaras en las mercancias. - dijo el albino.
- Sí... - la chica temblaba aún. - ...todo son armas.
- Así es. - Bujic fue hacia el carro y cogió más cuerda, para atar al otro bandido.

Lorayn se dirigió también al carro y se tapó con la manta. El frío le hacía temblar aún más.

Mientras, Eleanor había llevado a Víctor hacia el manantial. Seguía utilizando su magia para curarlo, aunque era laborioso debido a la profundidad de la herida. El capitán, algo más fortalecido, pero no lo suficiente, bebió agua para recuperar un poco más de fuerza.

- Gra...gracias, Eleanor. - le dijo Víctor.
- Ha sido todo gracias a Lorayn, ha estado muy oportuna.
- Si... ella me salvó... y tu me salvarás de la muerte... ha sido... gracias a las dos... - Víctor tosió, escupiendo algo de sangre. - ...ese maldito Rick Rocks... desea acabar conmigo...
- Tú también deseas acabar con él, ¿verdad?
- Acabó con mi mujer y mi hijo...
- ¿Cómo era? - Eleanor curaba con intensidad a Víctor, intentando que sufriera lo menos posible.
- ¿Mi hijo?... no lo conocí... no llegó a nacer... y mi mujer... se parecía a tí. - Eleanor sonrió levemente, especialmente tras recuperar Víctor la sonrisa.
- Yo también perdí a una persona especial. - Víctor guardó silencio, esperando que continuara. - No estuve casada, pero me faltó poco. Durante la guerra civil en Newope, mataron a mi prometido. Era un gran hombre.
- ¿Un mago? ¿de la guardia? - preguntó el herido.
- No... nada de eso... - los ojos de Eleanor empezaron a brillar. - era un herrero. Pero no era lo que podía hacer luchando, o en su trabajo. Lo importante es que era capaz que los demás pudieran hacer lo que quisieran...
- ¿puedo preguntar cómo...?
- Sí... - le interrumpió la sanadora. - El día antes de nuestro matrimonio, llegó a casa con una gran herida. Estuvo en el lugar equivocado, ese fue su error. Por aquel entonces yo no sabía nada de magia y él falleció en mis brazos, en nuestra futura casa.
- Lo siento.
- Cuando pude entrar en el Cónclave, mi única intención era usar la magia para curar. Me da bastante rabia, pero a la vez me siento bien. Cuando curo a una persona, es como si volviera atrás y le curara a él. Además... - Eleanor lloraba. - El irónico destino quiso que fuera la mejor sanadora... lo tenía innato... sólo que demasiado tarde. - se secó las lágrimas. - Por eso entiendo tu dolor, Víctor. Pero... yo no le he podido olvidar.
- Yo tampoco la olvidé. - dijo Víctor, bastante recuperado tras los efectos de la magia. - Pero sé que no le hago daño intentando ser feliz. No quiero sustituirla, sólo quiero seguir con mi vida. Quizás él piense lo mismo allá donde esté.
- Vo.. voso...tros... y... - Eleanor estaba agotada tras la magia. - y... la vida... tras la muerte...
- La religión da esperanza. - Víctor estaba recuperado y le sonreía a Eleanor. - Y la vida te da los suficientes motivos como para saber vivirla al máximo.
- Víctor... - Eleanor estaba a punto de desmayarse del esfuerzo. - Diga... lo que te diga... nunca me... dejes de sonreír.

La sanadora cayó al suelo. Víctor la cogió, luciendo la cicatriz en su costado. La llevó en brazos al carruaje. El camino debía continuar hacia Onuha, pero ahora prestando aún más atención.

2 opiniones :

  1. Curro dijo...

    :D UHHHH, Que al final se han enamorado, estos acaban casándose.

  2. Unknown dijo...

    A ver si sigues su ejemplo y nos das una noticia algún día xD

    Quién me mandaría a mí engancharme a este blog, no escribas tanto que no puedo parar de leer!!