9. La punta del iceberg
Tino abandona la sala, dirigiéndose tranquilo y lentamente hacia su casa. Las calles de Andalan siguen abarrotadas tras escuchar las palabras de Erion, y el antiguo maestro del Cónclave avanza para poner fin a un día que ha sido demasiado duro en los preparativos. Una mano se puso en su brazo, alterándole brevemente. Al girarse había una mujer de su edad.
- Diría que te conozco. - a Tino le resultaba bastante familiar la cara.
- Soy Lady Violette, la Consultora de Funda. Hemos estado antes sentados en la zona de preferencia. - se presentó la mujer.
- Oh, sí, encantado de conocerla. - el mago hizo una reverencia. - ¿Puedo ayudaros en algo?
- Sí, pero estamos en mitad de la calle. ¿Qué tal si nos dirigimos a la casa dónde me hospedo?
El mago asintió con la cabeza y la siguió. Esquivaban gente, pero por suerte la casa donde dormía la Consultora de Funda estaba bastante cerca. La mujer sacó las llaves y abrió la puerta. Era la típica vivienda de invitados, propiedad del Rey. Una especie de palacete destinado a albergar personalidades. La dama ofreció sentarse al mago, y se acercó a por una botella de vino, llenando un par de copas. Posteriormente ella se sentó justo en frente del hombre.
- Has conseguido convertirte en alguien muy importante para el Rey de Astrid. - comentó Violette.
- Me acogió bien desde el principio, y tenemos intereses comunes.
- Como sabrás, Lady Lucile, la Princesa de Funda es bastante joven. Ella delega en mí todas las opciones de negociación del Reino de Funda, y por consiguiente, de la Orden de Avantrash.
- La Orden de Avantrash... he oído hablar mucho de eso desde que estoy aquí, pero nunca los he visto.
- Son Caballeros especiales, los más virtuosos no sólo en la lucha, si no en el honor y en sus principios. Ellos fueron, con su gran fuerza, los que forjaron la Alianza. Lady Lucile, y su hermano, Sir Lionel, son los hijos del Maestre de la Orden de Avantrash.
- Dicen también, que un caballero de Avantrash luce armaduras doradas, acabadas en diamantes y perlas preciosas. Las leyendas que me han contado, es que son capaces de vencer ejércitos sólos.
- Pero evidentemente, eso son leyendas. - explicó la mujer. - Es cierto que son grandes guerreros, que llevan las mejores armas, pero siempre necesitan mejorar. Por eso se te encargó...
- Las armas mágicas. - interrumpió Tino. - Sí, trabajé en eso día y noche, yo sólo. Tuve suerte de que Erion se encargara de la escuela y así poner todos mis sentidos en la forja de nuevas espadas.
- Para eso hemos venido aquí, y para eso lo hizo Lady Lucile. Para recoger las armas mágicas.
- He conseguido hacer un par de docenas de espadas largas, lo que me pedísteis. Pero creo que puedo crear armaduras más fuertes y dotadas, aunque eso llevará bastante tiempo.
- Sin dudas, estamos encantados con tu trabajo, Tino. - le agradeció la mujer. - Pero necesito preguntarte algo, si Avantrash es tan poderoso, ¿por qué necesitamos armas mágicas?
- Lo único que se me ocurre es que hay algo que les da miedo. - dijo preocupado el mago.
- Y es cierto. Lo hay. - la mujer bebió de la copa de vino, y Tino le acompañó, preocupado por sus palabras. - ¿Cuánto conoces Astrid? ¿Podrías decirme sus problemas?
- ¿Los problemas del Reino de Astrid? - el mago miró hacia arriba, intentando reflexionar. - Yo diría que la pobreza y la delincuencia son los grandes problemas. ¿Son el resto de Reinos iguales?
- Si, lo son. Pero esos problemas son sólo la punta del iceberg. ¿Has oído hablar de la Secta?
- La Secta, sí, claro. Adoran a un tal Tanús... aunque como sabes, en la tierra de la que vengo no teníamos dioses, así que no he prestado demasiada atención.
- La Secta es un gran problema para toda la Alianza. - la mujer bebió otro sorbo. - Se originó en los feudos cercanos al Reino de Tatión, y crece sin parar.
- ¿Qué daño hacen?
- Económico y social. Esa gente adora la muerte, dicen que pueden hablar con los muertos. Están acabando con gente pobre sólo para hablar y experimentar con ellos. Están recogiendo dinero y están contaminando las mentes de los jóvenes. ¿Puede la magia hablar con un muerto?
- No. - negó rotundamente Tino. - Todo lo que sabemos de magia es lo que le has escuchado antes a Erion.
- Entonces darías por hecho que eso de hablar con los muertos es una mentira. - Tino no contestó, ya que no sabía donde estaba el límite, pero asintió levemente con la cabeza. - Y aunque no lo creas, la Secta no es el gran problema, pero si uno importante. A la larga se puede crear una guerra civil.
- ¿Una guerra? ¿Por qué no los detenéis ya?
- No podemos retener a gente inocente. Ellos van encapuchados, y los que no lo hacen no llegan a cometer delitos. No podemos detenerlos por un presentimiento, pero sin lugar a dudas son molestos para la Alianza.
- ¿Y cuál es el otro problema? - el mago se frotaba la barbilla, en gesto de preocupación.
- Hay dos problemas aún más grave. Muy al Este, más allá de los pueblos bárbaros y las tierras nevadas, hay un Gran Imperio. Las noticias que nos llegan es que están arrasando otras civilizaciones y expandiendo su territorio. No conocemos exactamente su ejército, no sabemos qué armas usan, pero son un peligro constante.
- ¿Piensas que podrían atacar a La Alianza?
- Es muy posible. Por eso Avantrash se está fortaleciendo. Por eso se le está dando tanta importancia a las escuelas de Magia. Por eso el Reino de Zumira o las Islas Gi están creando una gran flota. O el Reino de Tatión está haciendo luchar a todo el pueblo, preparándose para un ataque.
- La situación es complicada, sin dudas.
- Por desgracia hay algo más, y es la prioridad a día de hoy. Creemos que hay un bastión de traidores dentro de La Alianza.
- ¿Dentro de ella? ¿Un Reino?
- Puede ser un Reino, una facción de ellos, o quizás un feudo, o varios unidos. No sabemos quién es, pero están dentro del círculo de información. En los últimos meses han acabado con varios hombres importantes.
- Pero... - Tino estaba boquiabierto, sin saber qué hacer ante tanta información. - Perdóname, pero ¿por qué me cuentas ésto?
- Tienes la gratitud del Rey de Astrid, y él mismo me informó de que te contara el plan.
- ¿Un plan?
- Sí. Vamos a crear un comando en cada país. Un puñado de hombres, los más expertos en el combate, los más inteligentes, los más útiles... para enviarlos en misiones secretas junto a caballeros de Avantrash. Tú eres el encargado de formar parte de ese grupo por parte de Astrid, ya que conoces a los magos. El Rey reunirá a otros hombres importantes.
- Pero eso mermaría al Reino, si todos los grandes se marchan.
- La idea es que elijas el mejor grupo posible, y que lo que se quede aquí siga desarrollándose para mejorar al país.
- Es complicado... pero...
- Lo harás. - Lady Violette se levantó. - Debes hacerlo. Eres un hombre extraordinario, darás con la clave. Y además, tenemos la magia. No preguntes nada más, te he contado todo lo que puedo decirte. Habrá una reunión en la capital de Funda dentro de tres meses. Debes enviar allí a tu grupo. Mueve a tus mensajeros y reúnelos. Debate con el Rey por ello.
- Lo haré. - Tino se frotaba las manos, pensando.
- Por cierto. Había quedado aquí con tu homólogo de Zumira. No es mago, pero es un gran marino. Ya nos conocemos, y él conoce éste lugar, así que me extraña que no haya llegado aún. Me marcharé a buscarlo.
- Permíteme acompañarte... - Tino se levantó. - Al fin y al cabo, tengo magia.
Ambos salieron rápido, a las calles masificadas de gente. Se preguntaron hacia dónde debían buscar, así que finalmente acudieron a los soldados y establecieron órdenes de buscar y encontrar a cualquiera que llegara de Zumira.
Durante unas horas, hasta antes de que anocheciera, tanto Violette como Tino dieron vueltas. Era como buscar una aguja en el pajar. Cansados, desistieron de la búsqueda. Volvieron al cuartel para comprobar si los soldados tenían algo.
- Lo único que hemos encontrado son tres cadáveres. - explicó un soldado. El terror se manifestó en el rostro de los dos, y decidieron ver los cuerpos.
Uno a uno, Violette los examinaba. El primero no era. El segundo era una mujer, así que imposible. El tercero hizo dudar a la dama de Funda, pero finalmente negó que fuera el emisario de Zumira. El mago se encontraba mal tras ver los cuerpos. Entre todo el lujo de Andalan, y que fallezcan personas por un robo era un hecho lamentable.
- ¡Tenemos un cuerpo nuevo! -advirtió otro soldado.
Violette corrió a comprobarlo y su rostro se puso pálido. Era el hombre que buscaban. Tenía el cuello desgarrado, sin lugar a dudas había sido asesinado.
- Lo hemos encontrado a las afueras de Andalan, llevará muerto unas horas. - continuó el soldado.
Tino se concentró para lanzar un hechizo de Conocimiento. Usaría el cuerpo para sacar cualquier información posible. El mago cerró los ojos y tocó el cadáver. Al poco tiempo se esforzaba, con los ojos aún cerrados y apretando fuerte los dientes. Abrió los ojos.
- Todo lo que he podido sacar... - el mago estaba cansado, el hechizo le había costado mucho esfuerzo. - Es que lo han asesinado por la espalda, justo cuando vió al resto de sus hombres muertos.
- ¿El resto muerto? - se preocupó Violette. - ¡Quieres decir que han acabado con toda la expedición de Zumira!
- Sí, eso creo.
- Pero señor. - comunicaba el soldado. - No hemos encontrado más cuerpos.
Ante la extraña situación y el pánico, Violette pidió que se reforzara la vigilancia de Lady Lucile. La Princesa de Funda se quedaría en Andalan hasta que Tino consiguiera el grupo, para marchar todos juntos.
El mago, bastante cansado, se despidió de la dama y se fue a pensar en quién podría llamar para esa misión, además de los que el Rey ya llamaría. Se dirigió para concentrarse al lago de Andalan, que tiene un puente que lo atraviesa por completo.
Mientras caminaba, se encontró con una figura que salía del agua en plena noche. Parecía lavarse. El mago, que no se fiaba de nada, preparó un hechizo como defensa, mientras se acercaba a inspeccionar la silueta.
- ¿Khalid? - preguntó Tino.
- ¡Tino! - el guerrero era quién salía del lago. - ¡Vaya coincidencia!
- ¿Qué te trae por aquí?
- Trabajo, pero pensaba partir ya hacia Bernita.
- No, no te marches. - Tino sonrió levemente. - Puede que el destino quiera que estuvieras aquí, voy a necesitarte.







2 opiniones :
uyyy, como esta el patio. A ver que quiere el destino ahora.
En este caso el destino se llama Jose, jajaja.
Vaya nombrecitos que te buscas :S
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