7. Para ganar, hay que arriesgar
La diana está a unos cuarenta metros, colgada de un árbol. Lorayn prepara el virote y tensa la ballesta. Guiña un ojo, para apuntar con más precisión con el que tiene abierto. Para cualquiera que la vea, parece que está completamente quieta, pero su mano se está moviendo milimétricamente. Aguanta la respiración un par de segundos y dispara.
- ¡Es increíble! - aplaudía Bujic.
El virote había cruzado justo por medio de la diana, atravesándola por completo. La joven se dirigió para ver la precisión del disparo, posteriormente bajó el objetivo del árbol y se giró hacia el albino, sonriendo.
- ¡Lo he conseguido Bujic! - Lorayn gritaba de alegría.
- Es impresionante. - decía el albino. - Has probado diez disparos, y no has fallado ninguno. Aunque éste último ha sido totalmente certero, con una gran precisión.
- Estoy muy contenta. - Lorayn se acercaba al hombre. - ¡Parece que ésto se me da bien!
- ¡Ves como realmente si eres útil!
- Ufff... si. - la chica se limpiaba el sudor de la frente. - Y se lo debo a Víctor en gran parte... desde que lo conocí siempre me enseñó esas ganas de seguir luchando.
- O lo que suele decir él: quién no arriesga, no puede ganar. - Bujic sonreía. - Ten, tengo algo de comer. - el albino sacó unas frutas de una bolsa. - Además de tirar con la ballesta estás haciendo más cosas, ¿no?
- Sí... - la joven parecía cansada. - he estado corriendo un tiempo, he practicado algo de magia y luego probé con la ballesta.
- Así que magia... ¿cómo lo llevas?
- Nada, no soy capaz. Pero voy a seguir intentándolo. - La joven se sentó en la hierba. - En realidad es muy extraño. Casi todos los alumnos de Eleanor han conseguido hacer magia, aunque no sea curativa, pero algo han logrado.
- Al parecer la magia curativa es complicada, ¿no? - preguntó el hombre.
- Sí, no es muy frecuente. Pero como en Astrid hay tres escuelas, lo fácil es iniciarse, y luego te mandan a una u otra dependiendo de tu tipo de magia.
- Ajam... por eso cambian tanto de alumnos.
- Sí, eso es. - Lorayn agachó la cabeza. - Aunque yo no he conseguido absolutamente nada, y la verdad es que no lo entiendo.
- Bueno, pero eres una tiradora fantástica. - Bujic mordisqueó la fruta. - ¿Puedo hacerte una pregunta, Lorayn?
- Por supuesto. - asintió la chica.
- ¿Por qué no acabaste con Rick Rocks?
- En realidad... - la muchacha se mantuvo en silencio unos segundos, pensativa. - En realidad no lo sé. Yo no quiero matar a nadie...
- Pero ese bastardo estuvo a punto de acabar con Víctor...
- Lo sé, pero quizás siempre hay otra manera. - Lorayn levantó la cabeza, mirando el azulado cielo de Onuha. - He vivido la guerra de pequeña, casi sin comprenderla. Ahora que soy algo más mayor sigo sin entenderla. Escapé de Newope, pero el resto del mundo es igual: hay odio, hay problemas, hay guerras. Sólo quiero que todo cambie...
- Es muy complicado lo que pides, Lorayn. - le dijo el hombre, mientras seguía comiendo.
- Bueno, pero quién no arriesga, no gana, ¿verdad? - la muchacha sonrió, sacándole una sonrisa al albino. - Ahora, ¿puedo preguntarte yo algo? - el hombre asintió con la cabeza. - ¿Por qué Rick Rocks llama a Víctor como Victorio Soppi?
- Es su nombre... - dijo Bujic con una sonrisa.
- ¿Cómo? ¿Víctor se llama Victorio Soppi? - la chica reía casi a carcajadas. - ¡Es ridículo!
- Sí, sí. - el albino también se reía. - ¡Y él lo sabe! ¡Por eso odia que lo llamen así!
- Entonces tendré cuidado con no decírselo... - Lorayn sonreía levemente, casi melancólica. - ¿Dónde está ahora?
- Supongo que en los muelles, reparando algún barco.
- ¿Piensa volver a partir?
- No, no creo que quiera viajes por un tiempo... pero puede ayudar a los pescadores y demás.
Lorayn se comió un par de frutas más y se tiró en la hierba completamente, observando las nubes. La luz en Onuha es algo maravilloso, un lugar con una temperatura y una belleza increíbles. Quizás los que viven aquí no se dan cuenta, pero para Lorayn es todo un paraíso.
Dejando volar su imaginación se puso a hacer dibujos con las formas de las nubes. Allí veía algo parecido a dos monigotes cogidos de la mano. Pronto pensó en Víctor y en ella, poder estar cerca de él, mucho más de lo que lo está ahora. Suspiraba y le recorría una curiosa felicidad por todo el cuerpo.
- Lorayn... - la voz de Bujic interrumpió a la chica.
- Si, dime...
- Eres una buena tiradora, pero a la vez no quieres matar. Llevas aquí un par de meses, creo que debes empezar a hacer algo, a buscarte un oficio.
- Lo he pensado también, Bujic. Pero realmente no sé que hacer. Lo que me gustaría es seguir descubriendo el mundo.
- Eso es algo que queremos todos, pero no es fácil. He hablado con la posadera, es muy buena mujer, y podrías trabajar allí junto a ella.
- ¿Posadera? - Lorayn se levantó algo indignada. - ¡No quiero ser posadera!
- Bien, tranquila. - Bujic se disculpó. - También puedes trabajar conmigo si quieres algunas aventuras, viajo por todo el Reino para distribuir mis mercancías y llevar los negocios.
- Eso es más interesante... - Lorayn sonrió. - ¿Y Víctor va contigo?
- Suele venir, sí... - Bujic se arrascó la barbilla. - Oye Lorayn, estás muy interesada en Víctor, ¿no? - la chica no dijo nada, sólo miró arriba, con un esperanzador brillo en sus ojos verdes y una latente sonrisa. - Bueno, él no es muy mayor comparado contigo...
- ¡Me da vergüenza hablar de ésto! - decía colorada la muchacha.
- Tengo ya mis años, soy el más viejo entre nosotros, muchachita. - Bujic se puso en pie. - Y además, te da vergüenza hablarlo, pero en realidad no paras de hablarlo sin darte cuenta. - la chica se puso realmente colorada. - Lorayn, un sólo consejo: arriésgate, o no ganarás nunca.
Lorayn no dijo nada, pero tomó el consejo, precisamente el que Víctor siempre le insinuaba. Acarició el amuleto de su hermano, como solía hacer cuando pensaba. Recordó a Jonathan y se sintió mal por querer a Víctor en vez de a su difunto amigo. Pero pronto recordó los tiempos en los que ella no tenia aprecio por la vida, en los que deseaba morir y acabar con todo. Y recordó el final de Jonathan, dándolo todo por ella. "Él querría que yo fuese feliz", se dijo durante toda la tarde.
El sol empezaba a caer. La rojiza tarde daba un color precioso al agua. Lorayn se levantó, temblando de emoción, y se despidió de Bujic con una sonrisa. Estuvo caminando por la ciudad, lentamente, pensando las palabras correctas a lo que diría. Podría bastar con un "te necesito" o quizás ser más explícita "no puedo dejar de pensar en tí". Se acercó al mar, pegando al muelle. Mojó sus manos y vió su rostro reflejado en el agua. Se empapó la cara y se mojó un poco el pelo. Se veía guapa, preciosa y radiante. Tenía seguridad. Además, él siempre dijo que la cuidaría, y desde el primer momento hubo un acercamiento entre ambos. Tenía que hacerlo, tenía que arriesgarse.
Mientras andaba pensó en el futuro, en viajar juntos con los negocios de Bujic, en crecer juntos y sonreír. Un sueño que a veces parecía tan mágico para la joven que intentaba negarlo por vergüenza.
Levantó la mirada y vió a Víctor. Estaba andando, delante de ella, con las manos en los bolsillos. Ella probablemente en otro momento simplemente habría corrido hacia él y le habría sonreído. Pero hoy iba a declararle su amor, y tenía miedo en cómo hacerlo. Así que lo siguió.
El hombre se metió en un almacén del puerto. Casi no había gente, ya que la jornada de trabajo había terminado y era mejor pasear por la ciudad que por el muelle. Ella lo siguió sigilosamente. La Luna Rota empezaba a salir en un tenue azulado cielo. Todo parecía perfecto. Se acercó al almacen y escuchó hablar al capitán sin saber exactamente que decía. Se escondió tras unas cajas para observar bien.
Allí estaba Víctor con otra persona, hablando. A la otra silueta no la podía distinguir bien, no había suficiente luz. El hombre retrocedió un poco, y Lorayn se agachó, escondiéndose entre las cajas, pero descubriendo un pequeño filo en el que mirar. Los ojos de la muchacha se abrieron de par en par: la otra era Eleanor.
Para sorpresa de la joven, los dos iban agarrados de la mano. Víctor se giró y la besó en los labios. Lorayn no pudo entender nada, pero su cuerpo empezó a temblar, sus ojos lloraron. Se levantó rapidamente, deseaba escapar de allí. Pero el nerviosismo hizo que cayera algunas cajas, provocando ruido. Antes de que pudiera darse cuenta, ya estaba Víctor cerca, con la espada fuera.
- ¡Lorayn! ¿Qué haces aquí? ¡Creía que eras un ladrón!
La joven retrocedió, temblando y mirando al suelo. No sabía que decir, se sentía minúscula en ese momento, pensando qué hacía él besando a Eleanor, si ella siempre lo había ignorado. Todo lo que quería era huír, huír y gritar.
- ¡No hago nada Victorio Soppi! ¡Nada!
Lorayn se marchó corriendo. Por unos segundos deseó que él fuera detrás de ella, que le dijera que todo era una pesadilla. Pero eso nunca sucedió. Entre lágrimas y a toda velocidad, llegó a la casa donde dormía. Allí estaba Bujic, preparando la cena.
- ¿Qué ocurre Lorayn? - preguntó preocupado el albino.
- Bujic... - ella apretaba los puños y agachaba la cabeza, aguantando las lágrimas. - ¡Dile a la posadera que trabajaré con ella! ¡Y no me hagas nada de cenar!
De un portazo, la joven se metió en su habitación. Sin que nadie la viera, lloró en silencio toda la noche.







2 opiniones :
Anda, esta no se ha enterado de que Víctor y Eleanor estaban juntos xD, que chasco se ha llevado.
Ahora esta de bajona, veremos a ver como se desenvuelve todo.
No siempre gana el que arriesga. En temas del corazón hay que actuar con mucha cautela, y más si tienes algo que perder...
Esto se está pareciendo a una novela romántica-aventurera, pero me gusta, no lo puedo evitar, soy puramente romántica ^^
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