4. Venganza
La noche caía en uno camino del Reino de Astrid, dejando sólo al carruaje acompañado de árboles y una tenue luna menguante. Para especificar su ubicación, el camino une las ciudades de Onuha y Jasélaga. Esta última está situada en el interior del país, al norte de la ciudad costera, pero mucho más cerca que la Capital Andalan.
En el carruaje había cuatro personas: Víctor, Bujic, Eleanor y Lorayn. Estaban descansando tras un largo día de camino, necesario para tener las fuerzas suficientes en la mañana siguiente. El carruaje era amplio, aunque iba prácticamente vacío, salvando los víveres necesarios para el camino.
Una fogata adornaba el camino. Lorayn y Eleanor estaban sentadas, mientras Bujic asaba un trozo de carne. Víctor estaba dándole agua a los mo que empujaban el carro. Tras eso, se reunió con el grupo.
- No deberíais de haber venido a Jasélaga. - comentó Víctor. - Esa ciudad no tiene absolutamente nada.
- ¡Me aburría! - se quejó Lorayn - Estoy deseando descubrir mundo.
- Ella tiene razón. - afirmó Eleanor. - Después de todo puedo escaparme un poco de la escuela de magia. Es como unas vacaciones.
- En realidad no lo será, pero es un placer venir a Jasélaga con una sanadora... - le sonrió Víctor.
- Habrá que tener cuidado. - comentó Bujic. - Estos caminos son inseguros y esa ciudad realmente no está en el mejor momento.
- ¡Pero si no arriesgas no ganas! - Lorayn sonreía mientras lo decía, mirando a Víctor.
- Ya le estás llenando a la muchacha la cabeza de ideas locas... - se quejó Bujic.
- Pero lleva razón, si no te arriesgas, no ganas. - concluyó Víctor.
- Bien, ya que nadie lo dice... ¿qué haremos en esa ciudad? - preguntó Eleanor.
- Negocios de Bujic. - respondió rapidamente Víctor.
- Si, negocios... - añadió el albino. - Estoy exportando las Manzanas de Agua de Newope. Eso hará engrandecer aún más mi comercio. Pero al parecer hay problemas en Jasélaga con los últimos envíos.
- ¿Y por qué un carruaje vacío? - preguntó Eleanor.
- ¡Vaya! nunca me daría cuenta de eso. - la joven Lorayn se sorprendía. - Tengo que estar más atenta, hay cosas que se me escapan... ¿por qué el carruaje vacío? ¿traerás algo de vuelta?
- Sí, eso espero. - comentó Bujic.
- Y yo espero que todos os quedéis quietos.
La voz venía del bosque, aunque no se percibía la forma de ningún hombre debido a la oscuridad. Víctor sacó su espada atento a un posible ataque. Lorayn agarró su amuleto, preparada para lanzarse contra cualquiera que le quisiera hacer daño. Bujic cogió una de las pinzas con las que asaba la carne, y Eleanor simplemente se quedó tan sorprendida que no pudo reaccionar por el miedo.
- ¡Sal cobarde! - gritó Víctor.
- Así que eres tú...
De las sombras apareció un hombre. Era mayor, con una pequeña barbita blanca, flacucho, vestido con una cota de mallas bastante anticuada. Junto a él, media docena de hombres más aparecieron rodeando al grupo. Todos estaban armados con hachas y espadas.
- Así que... - Víctor apretó fuerte su puño. - ...el destino quiso que te volviera a encontrar. Mal nacido de Rick Rocks.
- Así es. - el hombre avanzó, desenfundando dos espadas. - El traidor de Victorio Soppi delante de mi ojo. - al acercarse el hombre, se percibia un parche en el ojo derecho. - Parece que el destino me da la suerte de acabar contigo.
- Víctor, por lo que más quieras, cálmate. - Bujic parecía temblar, dándole consejos a su amigo.
- ¿Os conocéis? - Lorayn estaba sorprendido, acariciando fuerte su amuleto.
- ¡Ja, ja! Si muchacha, si nos conocemos... - dijo el viejo tuerto. - ¡El botín de hoy es mejor que unas monedas! ¡Será tu cabeza!
El viejo, junto a sus hombres, se lanzaron al ataque contra el grupo. Víctor agarró fuerte la espada, en un gesto completamente serio, y se lanzó contra él. En una curiosa estrategia, Lorayn se lanzó contra tres hombres que venían por su espalda.
- ¡Estúpida! ¡Estás desarmada! - le gritó uno de los hombres, mientras preparaba un tajo con su hacha.
Justo antes de hacerlo, el medallón brilló cubriendo a Lorayn en una luz rojiza, como si fuera una esfera. Unido al movimiento de choque de la muchacha, los tres asaltantes fueron heridos al mismo tiempo. Recibieron las marcas del medallón en sus pechos, dejándolos completamente fuera de combate.
Otro de los hombres quedó asustado ante la jugada de la joven y huyó al grito de "son magos". A todo ésto, Eleanor había tenido tiempo suficiente para cargar un hechizo básico de ataque, el cual dirigió a otro de los bandidos. De la palma de la mujer salió una luz azulada, que al impactar con él lo hizo desmayarse.
- ¡No sabía que pudieras hacer eso! - le gritó Lorayn desde el suelo.
- Es algo básico, sólo dura unos segundos. - comentó Eleanor mientras cogía una piedra y la golpeaba en la cabeza al guerrero desmayado.
Mientras tanto, Bujic luchaba directamente con el último asaltante, consiguiendo asestarle un golpe en el costado para recibir la ayuda de Lorayn, que se había incorporado para atacar por la espalda al bandido.
Rick Rocks, el líder de los ladrones, estaba en completa desventaja numérica. Luchaba con Víctor en un combate espada a espada. Los aceros chocaban entre ellos, dejando muestras evidentes de la capacidad de combate de los dos hombres. La ventaja del bandido era que luchaba con dos espadas, con una pericia increíble.
En un gran movimiento técnico, Víctor consiguió quitarle una de las armas, pero el viejo tuerto no se detenía. Lorayn quiso lanzarse para ayudar de alguna forma, en un movimiento casi suicida, ya que ahora su amuleto estaba descargado y no tendría efecto. Por suerte Bujic la detuvo a tiempo. Mientras tanto, Eleanor preparaba algún hechizo contra ese hombre.
- ¡No hagas nada! - le gritó Víctor. - ¡Ésto es cosa mía!
Eleanor se detuvo. No entendía el honor del capitán del Santana contra ese viejo. Bujic le hizo un gesto, asintiendo con la cabeza, para que la maga se parara. El combate entre los espadachines continuó unos minutos más, justo hasta que Rick Rocks consiguió desarmar a Víctor. Le apuntó con la espada directamente en el cuello.
- Ahora te tengo a mi merced Victorio... - le dijo el viejo.
- Siempre guardo un as en la manga... en éste caso en la pierna. - susurró el capitán.
Se agachó rápido, al mismo tiempo que saltaba hacia atrás. De su pierna izquierda, bajo el pantalón, sacó una daga, y con un rápido movimiento de piernas apuñaló la mano desarmada de Rick Rocks. El viejo gritó de dolor, desgarrando el silencio de la noche. Pero no se rindió, se lanzó hacia atrás y prosiguió el combate con la otra mano, aún portadora de una espada.
Durante al menos un minuto más siguieron luchando. Pero la herida en la mano le hacía estragos al viejo, perdiendo velocidad y pericia. Se agachó velozmente, cogió arena del camino y la lanzó a los ojos de Víctor. Todo lo hizo con la mano herida, demostrando un gran pundonor. El hombre retrocedió unos pasos y se marchó corriendo, sin que ninguno pudiera seguirlo.
Lorayn corrió hacia Víctor para ayudarle a levantarse y a ver. El muchacho estaba completamente enfadado, con un gesto serio y golpeando el suelo, maldiciéndose por la oportunidad desperdiciada.
Un poco más tarde, Bujic había atado a los cinco delincuentes, y aprovechó el hueco del carruaje para meterlos allí.
- Al menos sacaremos una recompensa por estos tipos. - dijo el albino.
Todos estaban de nuevo en el fuego, recuperándose de la batalla. Víctor seguía muy dolido, despeinándose casi por rabia. Lorayn no pudo aguantar más su silencio.
- ¿Lo conocías?
- Sí... - Víctor la miró, con lágrimas en los ojos.
- Y lo odias... - afirmó la joven.
- Lo odio. - concluyó el hombre, sin ganas de hablar más.
- Debemos de partir, esta zona no es segura. - advirtió Bujic.
Dicho y hecho. Bujic se puso a los mandos del carruaje, acompañado de una Lorayn agotada y a punto de dormirse. Eleanor decidió montarse en un mo, y por primera vez se acercó a Víctor durante el camino, también cabalgando otro.
- Todos odiamos algo, o alguien... - comentó la sanadora. - Y cuando odio, me gusta estar acompañada, aunque sea para gritar, al menos alguien escuchará mis gritos.
- ¡Ese bastardo! - se quejó Víctor, que luego miró a Eleanor. - Muchas gracias.
- Puedes seguir gritando si te sienta bien.
- No, no... - Víctor lloraba. - En realidad... necesito contarlo. - Eleanor prestó atención. - Ese hombre, Rick Rocks... es un enemigo de la anterior guerra. El va en contra de la Alianza, cree que este país debería ir por libre. Un día llegó a Onuha mientras yo estaba fuera, luchando. Él acabó con mi mujer y con mi hijo. - Víctor se derrumbó mentalmente, llorando.
- Lo... lo siento. - dijo Eleanor afectada. La mujer no sabía que más decir. Nunca había visto al capitán venirse abajo ni llorar, siempre lo conoció como alguien despreocupado.
Atrás, en el carruaje, Bujic le contaba la misma historia a Lorayn, que no había dormido.
- A él no le gusta contarlo, pero te lo he contado porque eres de los nuestros. - le explicó Bujic.
- No tenía ni idea... - dijo perpleja Lorayn.
- Por eso él es así. - explicó el albino. - Por eso dejó de importarle todo. Y en cierto modo lo comprendo, es parecido a lo que pasó cuando murió Marit...
Lorayn cerró los ojos. El camino era largo y oscuro, además de triste. La situación le hizo acordarse de Jonathan.







2 opiniones :
Sabemos datos sobre el pasado de Victor, ahora Victor esta coladito por Eleanor que, a pesar de todo, ya comienza va dejando ver un cierto interés por el.
Prosigamos la aventura :D
Esta muy chuli, creí por un momento, que la ciudad del reino que tenia por nombre Jasélaga, era del sur, pues la identifiqué con Jaén. Efectivamente, lo que hay en Jasélaga son olivos.
Un saludo.
Me gusta, se ve que tu imaginación no tiene límites. Pero puede jugar en tu contra, a la más mínima te exigiremos más ;)
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