La estrambótica historia de Mila (2)
Mila se sentía mal. Sus rojizos e inquietos ojos miraban apenados hacia el suelo, como si la gravedad los empujara más allá de donde ella quisiera. Había cosas que no podía entender en su nueva vida, lejos de la tienda de animales donde nació.
Tenía la libertad suficiente como para andar por cualquier sitio, y en sus primeros días había aprovechado para enamorarse de todo lo que encontraba nuevo. Los gemelos decían que parecía hiperactiva, que estaba un poco loca. En realidad no sabían que sólo exploraba, pero le creaban indirectamente una personalidad que Mila quiso adaptar, con la que se sentía a gusto.
Pero al poco tiempo, cuando Mila creía conocer bien la situación de su casa, cuando creía que conocía bien a los inquilinos, los gustos de todos, tras darle su confianza, su juego, su compañía, tras todo ello, cuando podía ser más sincera que nunca, sin maldad, sólo por seguir agradando, encontraba la negativa como respuesta.
La pequeña le dijo a Mila que ella le molestaba. Eso le dolió mucho, se retiró y se entristeció. El resto lo notaron, y pensó que podía ser un caso aislado, quizás ante la ingenuidad de la niña. Pero al poco tiempo se volvió a repetir, en éste caso con la vecina, aquella a la que le mordía la mano de vez en cuando y le devolvía una caricia en su peludo cuerpo. Había lamido sus zapatillas, y eso enfadó a la mujer, que le retiró la palabra a la pobre criatura.
Cabizbaja, sin entender lo que ocurría, el por qué la gente se comportaba así, comenzó a pensar en las distintas posibilidades: quizás había cometido errores, quizás era un mal día, quizás era demasiado pesada y comenzaban a ignorarla. Lo único que tenía claro Mila, es que cuando dejan de aceptarla tal y como es, se siente mal.
Uno de los padres se agachó, para animarla. Le comentó que era muy simpática, pero que había que progresar, seguir evolucionando dentro del ecosistema que era aquella casa. La emoción del principio acabó, ahora es una más, y eso le convierte en alguien que debe sentir plenamente todas las emociones de estar integrada. No siempre se llevará bien con todos, no siempre serán risas, y habrá días en los que todo parecería más difícil, simplemente porque somos así de complejos. Él decía que para tener la relación que tiene con su pareja, también habían pasado momentos difíciles, no por ello duros, que son capaces de hundirte, pero lo importante era salir hacia delante.
Mila levantó la mirada. Pensó para si misma en lo mal que lo está pasando, cuando sabe que el otro no te intenta molestar aunque lo haga. Sabe que eso puede hacer daño a su familia, a sus amigos, y sabe que a veces debería de callarse y demostrar su molestia de otra forma, con otra mirada, con otra gracia. Mila no quería que nadie se sintiera como se siente ella.
Botó sobre la mano de el padre que le animaba. Acarició sus pelos con el brazo del hombre, en muestras de agradecimiento. Mila volvía a tener la mirada hacia el frente, volvía a ser cariñosa y divertida con todos. Pero su inocencia, sus ganas de darlo todo, eran menores. Su sonrisa también estaba más cerrada.







4 opiniones :
Joe q señora y que niña más estupida, pobre Mila :(
Espectacular todo lo que eres capaz de decir en una apariencia de tontería, eres muy grande.
Esta estrambótica historia podría no ser sólo de Mila. Quién no se ha sentido así alguna vez? Espero impaciente el siguiente capítulo.
Estoy de acuerdo Vanesa, me parece que la historia de Mila es algo más que una fantasía, novela en fantasia lo que pasa cotidianamente con las personas.
Que profundo.
¿Porque no recopilas los capitulos de Mila y editas un libro?
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