jueves, 19 de febrero de 2009

Son los sueños realidad o sueños

La vida sigue su transcurso, lenta, uniforme. Nacemos, crecemos, aprendemos, hacemos algo y morimos. Esa es la realidad, y Miriam lo sabe, a pesar de tener sólo unos veinte años. Ya ha descubierto demasiado lo que es la realidad, el cómo todas las cosas preciosas tienen manchas demasiado grandes que son difíciles de esconder. Puede sonreír cada día, puede llegarse a sentir satisfecha con lo logrado, pero siente la desesperación de que todo es tan triste y amargo que no merece la pena preocuparse demasiado por las cosas.

Cierra los ojos, triste. Una noche más, como otras tantas. Su mejor alivio: el momento de soñar, aunque lo hace continuamente, intentando romper las reglas, lo habitual, la cruda realidad. Soñar es lo poco que le salva de la rutina, que le mantiene la más sincera de sus sonrisas, pues en sus sueños de ojos abiertos puede ser como quiere, puede hacer más de lo que puede, aprenderá, se relacionará, y nunca sabrá cual es el final, porque las reglas no existen. Los ojos cierran, esboza una agradable mueca que nadie puede ver, pero que ella percibe.

Un estruendo la despierta. La lluvia cae sobre su rizado cabello. Exaltada, descubre que nada es como creía ser. Estaba en una especie de jungla, con altísimos árboles que parecían rascacielos. Eran tan, tan altos, que las nubes estaban debajo de las copas. Lo primero que hizo fue mirarse. Su ropa ha cambiado, nada que ver con la que tenía al acostarse. Ahora llevaba unos ropajes complicados de nombrar, que nunca había visto. Una especie de falda a media altura, de colores marrones, y una blusa que le quedaba ajustada en el torso, terminando en manga larga.

Antes de que pudiera seguir percibiendo que es lo que ocurría, se giró al notar un extraño ruido a su espalda. Había un animal que no podía reconocer: una especie de tortuga con patas de perro y un cuerno en su cabeza. La miraba amenazante, gruñiendo ante la descontrolada presa humana. Miriam corrió, clavandose distintas ramas en sus descalzos pies. Corrió mientras se sentía perseguida por la extraña criatura.

Y corrió tanto, hasta quedarse sin aliento, que al mirar atrás no encontró nada. Absolutamente nada. No había rastros del monstruo, ni rastro de los árboles. Pero tampoco le molestaba la luz del sol. Simplemente no había nada, un espacio blanco y vacío, en un suelo de mármol. Se arrodilló, colocó sus manos en el propio suelo, y lloró. Lo hizo de alegría. La locura en la que estaba inmersa le encantaba tanto que era irresistiblemente agradable.

Oscuridad. Todo lo blanco se hizo negro, y no alcanzaba a ver nada. Un rayo apareció a lo lejos, para no desaparecer, quedarse completamente perenne, formando una franja de luz. Miriam se levantó y se acercó a él. Parecía muy lejano, demasiado lejano. Estuvo más de diez o veinte minutos corriendo, pero siempre estaba lejos. Entonces cerró los ojos, apretó los puños, y deseó que fuera el rayo quién se acercara a ella.

Sucedió. Lo tenía delante de sus narices. La luz, a pesar de estar al lado, no le molestaba. Era cálida. Miriam estiró su mano, para tocarlo. Un chispazo salió de pronto, alcanzándole la palma.

Abrió los ojos. Estaba en su cuarto, en su cama. Todo había sido un sueño, pero se mostraba feliz. Se tocó la cabeza, estaba sudando, tanto como si hubiera corrido mucho tiempo. Necesitaba agua, así que encendió la luz, para presenciar con horror una terrible escena: su cama estaba manchada de sangre. Se levantó de un salto, miró y lloró de terror. A su lado había un espejo, uno que siempre estuvo ahí, y al mirarse casi por inercia, descubrió su rostro manchado. Pero no le dolía nada.

Golpeó el espejo con su mano, sin comprender que ocurría. Se tocó, estaba, aparentemente, intacta. Pero ahora el espejo tenía sangre. Entonces Miriam observó la palma de su mano: tenía una herida, justo donde le alcanzó el chispazo de sus sueños. No le dolía, pero si sangraba.

Miriam llamó al hospital. Los ATS llegaron, pero sólo vieron una joven asustada. La habitación estaba bien, no había ningún problema.

Hoy en día, Miriam pasa las horas en el manicomio. Pero a pesar del dolor, sonríe. Al menos escapó de la rutinaria realidad.


3 opiniones :

  1. Ana dijo...

    me encantaaaaaaa, esta muy bien escrito, tantos las descripciones como cada momento. Muy bien!! ;)(k)

  2. Curro dijo...

    ¿Qué es la vida? Un frenesí.

    ¿Qué es la vida? Una ilusión,
    una sombra, una ficción,
    y el mayor bien es pequeño;
    que toda la vida es sueño,
    y los sueños, sueños son.






    A mi también me gusta soñar lo que en la realidad sería pura fantasía y casi imposibles.

    Enhorabuena.

  3. Vanesa dijo...

    A mí también me gusta soñar despierta, pero confundir realidad con ficción es algo distinto. Esta historia me crea tensión y malestar :S Miriam estará alegre, yo estaría aterrada.