La estrambótica historia de Mila (3)
Mila es una más de la familia, con todos sus pros y sus contras. Ya acabó la expectación de su llegada y se esfuma lo que le hacía especial. En cierto modo, era reconfortante para ella: había aprendido a no tener que agradar por agradar, a ser sí misma, aunque eso nublara su inocente consciencia.
Su relación con la vecina es distante. Suele dejarse acariciar su peludo cuerpo, pero Mila no confía mucho en ella, y se muestra enfadada muchas veces. En cambio, se siente especialmente bien con sus dos padres. Quizás sea la madurez, la forma de ver la vida que tienen, los consejos que le supieron dar. Es fácil, al llegar la tarde, encontrar a Mila acurrucada en el cuerpo de alguno de ellos.
Parece que es el cumpleaños de la niña pequeña. Se celebrará a la tarde, aunque para Mila esto habría pasado desapercibido, de no ser por los gritos matinales. La niña pequeña se había enfadado con uno de los gemelos, pues el regalo que éste le dió no era de su agrado. Él se enfadó, discutió con su hermano sobre si debían o no haber comprado otras cosas que dijeron y se acabó todo marchándose cada uno a su cuarto con un portazo. Mila tenía miedo, se supone que es un día feliz, pero nada tiene sentido. Le comenzaba a dar auténtico pánico la infanta.
A la tarde se celebró el cumpleaños de manera oficial. Mila temblaba, en cuanto vió a uno de sus padres se escondió en su brazo y miró de reojo con sus rojizas pupilas, estaba expectante ante lo que podría suceder. La vecina se encargó de traer una tarta, y ante la sorpresa de la bola peluda, todos, exclusivamente todos, estaban sonriendo. Parecía como si esta mañana no hubiera ocurrido nada.
Incluso el muchacho le ofreció a su hermana pequeña otro regalo, con una gran sonrisa como sobre. A la pequeña éste si le hizo ilusión, lo agarró fuerte e incluso le besó la mejilla. Completamente perturbada, Mila miró la cara de todos los presentes, y observó como el otro padre guiñaba el ojo al niño, mientras éste hacía un gesto de resignación.
Confusa, sin saber mucho qué ocurría, saltó a la mesa y siguió al chico, que abandonaba lentamente la sala. Él estaba enfadado, herido en su orgullo. Apretaba sus puños fuerte, como aguantándose. Pero miró atrás y vió a su hermana, la misma que le había reprochado esta mañana, ser feliz con su nuevo regalo. El joven esbozó una pequeña sonrisa.
Pensativa, Mila volvió con el resto. No sabía que tenía que hacer. Entonces sintió como alguien la acariciaba. Era la vecina. Aunque no le gustaba como lo hacía, Mila sonrió, le devolvió el gesto de cariño, y la mujer sonrió y gritó a todos qué bonita era Mila.
Había mentido, pero era agradable.







2 opiniones :
Que mal me cae esa vecina ennn
Prefiero ser desagradable antes que aparentar algo que no siento.
¿Qué le deparará a Mila el siguiente capítulo?...
Publicar un comentario