1. Éste es mi mundo
Los tambores suenan como cada mañana. La luz del sol empieza a entrar sigilosa por la habitación de arriba. El ritmo de los golpes de percusión es cada vez más veloz. Es el momento de levantarse, es el momento en el que Newope, abre sus ojos como cada día.
Lorayn es una chica joven, diecisiete años. Arruga sus ojos cuando la luz del sol ya roza sus mejillas. Le cuesta mostrar su verdoso iris por la mañana, y no por falta de sueño, sean del tipo que sean: ella no está cansada fisicamente, se podría simplemente levantar y marchar a su trabajo, pero ella está muy agotada mentalmente. Al menos, cuando duerme, ve manchas borrosas de su niñez, de cuando su hermano le contaba historias fantásticas o le hacía sonreír. Abrir los ojos era perder la poca felicidad que tenía. Pero debía hacerlo, así estaba establecido.
Se levantó lentamente de la cama. Sus cabellos rizados y castaños caían sobre sus hombros. Si alguien mirara por la ventana, descubriría a una joven hermosa y sencilla, con el sol iluminando su rostro, pero perdido en la oscuridad de lo duro que era hacer una mueca agradable.
Pasado un rato, Lorayn estaba completamente lista. Se colocó delante de un pequeñito espejo y tocó su cuello. Se podía ver un collar, con tonos grisáceos y plateados. El colgante era una especie de piedrecita oscura con un símbolo tallado: el símbolo de la Magia. Ella lo acaricia, es lo único que le queda de su hermano.
- ¡Lorayn cuando piensas bajar!
La voz la puso nerviosa, escondió el collar bien entre sus ropajes y se dispuso a bajar las escaleras de madera. Tenía el semblante serio, tranquilo. Por dentro sentía odio y miedo. Los que estaban abajo no son su familia, pero debía llamarlos padres. Después de que su hermano se marchara, El Decreto de Newope confirmó a Grendel y Berta como sus tutores, sus padrastros.
- ¡Estúpida niña! - gritaba Grendel, bastante enfadado. Se acercó a ella y la agarró por el cuello. - ¡Todos los malditos días igual! ¡Siempre tienes que manchar esta familia con tu actitud!
- Lo... lo sien... - Lorayn tenia miedo, pero no podía hacer otra cosa.
El hombre, de unos sesenta años, la cogió ahora por los hombros y la lanzó contra el suelo, en dirección a la puerta.
- ¡Hoy no desayunarás aquí! - Se acercó señalándola, en un tono muy amenazante, ignorando si le había provocado daño con la caída - ¡Estoy harto! ¡harto! ¡maldito demonio! ¡Hoy no voy a recibir quejas porque llegas tarde! ¡Sal ya!
Lorayn se levantó, con los labios temblando. Disimuló las lágrimas que querían lanzar sus ojos, asintió con la cabeza y se marchó de casa.
Newope es una ciudad enorme. Rodeada de desierto por todos sus costados, la ciudad está protegida por una enorme muralla circular. "El Decreto" es la ley que mueve a la ciudad. Todo está basado en esos escritos, y no hay posibilidades de negarse. Por eso Lorayn tiene los tutores que tiene. Además, nada se deja al azar en Newope: los trabajos, los matrimonios, el número de hijos máximo... todo está recogido en El Decreto.
La historia de Newope consta de más de dos mil años. En el desierto, antes había tribus y clanes separadas. Decidieron unirse y edificaron la gran ciudad de piedra. Las murallas tienen más de cuarenta metros de alto. Nunca nadie llegó a Newope, y casi nadie salió de ella. Para un habitante de esta ciudad-estado, no hay nada más de lo que conoce.
Mientras Lorayn camina a su trabajo, que es en una panadería, agarra fuerte su collar. A ella le gusta llamarlo amuleto. Pero lo hace por miedo. En Newope la magia está prohibida, especialmente tras la última Guerra Civil, hace diez años. Los nuevos ideales de un grupo de magos se enfrentaron a los conservadores de El Decreto. La guerra duró tres largos años, y fueron muchos los que murieron. Casi todas las familias contaban con alguna baja. El poder de los magos los hacía demasiado peligrosos, pero en número eran muy inferiores a las tropas de El Decreto de Newope.
Dracken era el hermano de Lorayn y uno de los líderes de aquellos magos. Se habla de él como un demonio, un asesino. Aunque la joven no lo cree, ya que todo lo que tiene son buenos recuerdos de él, de un hermano mayor que la cuidaba. Simplemente, el hecho de ser hermana de quién es, justifica la relación que tiene con sus tutores.
El control de seguridad en Newope es descomunal, y la política del miedo de El Decreto funciona en los últimos años.
Lorayn pasa el resto del día en la panadería, donde también come. Podría volver a casa, pero no le apetece. Casi no habla con sus compañeros, ya que todos la tienen muy mal vista por los actos de su hermano. Hasta que el cielo no se enrojece, la jornada laboral no acaba. Es obligación de todos los habitantes trabajar, castigándose con prisión al que no lo haga.
Mientras vuelve a su casa, Lorayn se encuentra con una de las pocas personas que se alegra de ver.
- Buenas tardes, señorita - dijo el joven guardia.
- Hola, Jonathan - le respondió la chica con simpatía.
Jonathan pertenece a la Guardia. Es unos años mayor que Lorayn, y en el pasado fue amigo de su hermano. Él siempre la intentó cuidar, le cuenta historias sobre algunos hechos "heróicos" de Dracken y la trata con muchísima dulzura. Es un chico encantador, quizás el único amigo que tiene en todo Newope.
- Dime que me traes buenas noticias - susurró Lorayn, aunque sin demasiada fe en sus palabras.
- Lo siento... lo intento... - el joven se excusó - pero... no es fácil. No pueden admitir a cualquiera...
- ¿Cualquiera? Jonathan... tampoco soy cualquiera para sufrir, y lo sufro. - Lorayn agachó la cabeza y refregó sus manos en sus ojos.
- Espera - el chico la agarró por el brazo - hoy voy a volver a verlos, cree en mi, por favor.
- Si... - Lorayn le sonrió - si no creo en tí, ¿en qué me queda creer?
Jonathan sonrió al mismo tiempo que sus ojos brillaban. Le agarró la mano fuerte a la joven, como si se pudiera leer en el gesto un "Confía en mi, lo conseguiré". Después el guardia se despidió y siguió con su trabajo.
Lorayn volvía a casa, ya de noche. Cada vez que abría la puerta, sus manos temblaban. Se mantuvo en silencio, se sentó junto a sus tutores y probó la comida. Una sopa fría. No tenía derecho a quejarse, no debía hacerlo. Sólo probó dos sorbos y se marchó de nuevo arriba, a su cuarto.
Volver a dormir. Y sabiendo que mañana será más de lo mismo. Silencios, trabajar, dormir. Agarró su amuleto, se metió en la cama y pensó en voz alta "Éste es mi mundo". A la vez que cerraba los ojos para transportarse al mundo de los sueños abstractos del que no quería despertar.
(...)
Toc, toc.
Toc, toc.
Toc, toc, toc. El ruido sonaba en la ventana de Lorayn. Se levantó adormilada y miró. Allí estaba Jonathan, subido en un árbol y llamando con la empuñadora de su espada. Abrió la ventana sin hacer ruido.
- Es muy tarde Jonathan, si te ven aquí...
- Lo he conseguido. - El rostro de Lorayn se iluminó. - Mañana por la noche, cuando salgas del trabajo, te esperaré.







4 opiniones :
La etiqueta de éste post es "El Encuentro". Es el nombre que le voy a poner a la colección de capítulos que intentaré escribir aquí, las aventuras de Lorayn y un mundo lleno de imaginación.
Es quizás, un reto personal. Lo tengo todo organizado, sé que tema trataré en cada capítulo, y serán 12 en "El Encuentro".
Espero que guste, y si literariamente puedo mejorar, no dudes en escribirlo. Cualquier crítica constructiva es bienvenida.
Si hay dudas en la historia, también se puede preguntar, digamos que éste es el post aclaratorio, los comentarios.
Muchas Thank U.
Magnífico.
Muy bueno, me ha encantado, con pinceladas bastante evidentes de las novelas antiutópicas y por lo que se puede vislumbrar en este primer capítulo unos jovenes idealistas que intentarán luchar contra este mundo totalitario.
Tiene buena pinta, si.
Enhorabuena crack.
Me gusta mucho, a la vez que leo puedo imaginar las escenas que describes, como si estuviera viendo una película, pero sólo la veo yo, es la magia de la lectura.
Mi sugerencia: no dejes de escribir.
Biennnnnnnn, lo han conseguido, ahora hay que derrotar a los malos :D
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