6. El Juicio
Las tribunas de la Plaza Central de Newope estaban completas. Muchos avispados habían conseguido subirse a tejados y rincones altos para presenciar el Juicio contra los nuevos visitantes. Los altercados previos, en el que un mago se suicidó acabando con la vida de un centenar de personas, sólo habían sido un punto de inflexión para pedir la cabeza de los tres acusados.
Lorayn estaba en un posición ideal para verlo todo. Por suerte aprovechó la confusión de la explosión para buscar el mejor sitio posible. Podía ver, de espaldas, a los visitantes. El albino estaba arrodillado en el suelo, cogiendo la mano de la mujer fallecida. Los otros dos hombres estaban en pie, hablando entre ellos, con las manos atadas. El Juez, Freckles, y los otros dos con derecho para hablar, estaban frente a ellos. Un gran grupo de soldados, con las espadas desenfundadas, se mantenían alerta ante cualquier movimiento.
- ¡Ciudadanos de Newope! - gritaba Zumo, "la voz del pueblo" en el Juicio - ¡El juicio comenzará contra estos traidores! - Los abucheos de toda la parroquia aumentaron aún más su intensidad. Gritos como "venganza" "muerte" eran la sinfonía de la escandalosa plaza.
- Comienza el juicio. - Decretó, solemne, Freckles. Abrió el libro que tenía en la mano, la gran Ley de Newope, El Decreto y continuó. - ¡Acusados! ¡Presentaos ante el tribunal de Newope!
Los acusados seguían hablando entre ellos, salvo el albino, aún en su delirio por su amada. Lorayn se estremeció ante el dolor que debía sentir ese hombre, al perder alguien querido. Recordó a su hermano y lo que sufrió el día que se marchó. Pero a la vez, pensaba en la explosión originada por Tobías y en la cantidad de muertes que había provocado. La joven vió como un Guardia golpeaba al hombre del pelo largo para obligarlo a hablar.
- Me llamo Víctor - dijo el hombre, con claros signos de dolor - Y vengo del Reino de Astrid, en son de paz... - todo el mundo abucheó y le llamaron mentiroso. Tras una pausa añadió - Evidentemente, no llegué en el mejor momento.
Ahora Lorayn si tenía miedo. Ese hombre estaba hablando con media sonrisa en la cara. Sentía dolor, estaba en una situación critica, pero se encontraba completamente calmado. El Juez se acercó hacia él, con una mano en la cabeza, claro gesto de que no creía nada de lo que decía.
- ¡El Reino de Astrid! - Zumo hablaba, sin parar - ¡Está completamente loco!
- Que los otros dos acusados se presenten. - ordenó Freckles.
- Son... - continuó Víctor - Khalid, mi leal compañero, Bujic, mercader conocido de mi ciudad, y... - miró hacia el cadáver de la mujer - Marit, la esposa de Bujic... ¡Que fue asesinada a las afueras de vuestra ciudad! - el tono ahora era amenazante. Se creó un pequeño silencio en toda la plaza. - Otros dos de mis hombres murieron también por vuestro ataque.
- ¡Debimos mataros antes aún! - gritó Zumo. - ¡Malditos magos! ¡Siempre nos hacéis daño! ¡Dejadnos en paz!
- ¿Magos? - interrumpió Khalid - ¡No somos ningún tipo de mago! ¡Sólo intentamos descubrir el mundo!
- ¡Mentira! - lo cortaba "la voz del pueblo", apoyado por los gritos de los ciudadanos sedientos de odio - Juez... - dijo dirigiéndose a Freckles - ¡bien sabes que los magos son capaces de todo ésto! ¡Está todo relacionado! ¡Merecen morir como han muerto nuestros ciudadanos!
- Cálmate un poco, Zumo - Tino, el abogado defensor, entró en acción, con bastante tranquilidad - ¿y si lo que cuentan es cierto? ¿y si hay más países en la lejanía? Además, Juez, no tienen nada que los identifique como Magos.
- Ey, tú me caes mejor - susurró Víctor.
Esas palabras conmovieron a Lorayn. Posiblemente sólo a ella, ya que el resto de la gente seguía insultando, como sin querer escuchar nada. Para la mayor parte de la población, ésto no es juicio, si no una farsa que sólo dictaminará la forma de morir de éstos tres. Pero la chica estaba completamente emocionada. El Reino de Astrid había escuchado, descubrir mundo. ¿Y si lo que decían era verdad? Sería como encontrar la gran salida a todo lo que ella ha odiado, a poder salir de una ciudad que mantiene presos a sus habitantes bajo los textos de un libro. La muchacha volvió a prestar atención en el Juicio, y tanto el Juez como los otros dos estaban hablando en voz baja, sin percibir que decían.
- Perdonad chicos - interrumpió Víctor, haciendo que todos se giraran para prestarle atención - Ya que soy el juzgado, supongo que puedo aportar pruebas del lugar donde vengo. - Esas palabras hicieron que el hombre se convirtiera en el foco de todas las miradas - He venido en barco, surcando los mares y...
- ¡Surcando los mares! - gritó Zumo casi descompuesto - ¡Los mares! ¡No se puede pasar por un mar si no tienes magia! ¡Está más que claro!
- ¡Cállate Zumo! - replicó Tino - déjalo hablar de una vez, parlanchín. Tiene su derecho.
- ¿Derecho? ¿Tiene derecho a matar a nuestros ciudadanos? - Zumo se dirigía al pueblo, completamente entregado ante su odio. Los gritos de "venganza" son cada vez más fuerte.
- Entonces que me decís de los Mo... - ahora habló Khalid - ¡He escuchado a los soldados alucinar con nuestras monturas! ¡Los Mo son criaturas frecuentes en nuestra tierra y aquí no lo conocíais!
- ¿De qué hablas? ¡Insensato! - Zumo seguía agrupando el protagonismo - ¡No hemos visto ninguna criatura! ¡La Guardia dijo que llegásteis de la nada!
- ¡Eso es mentira! ¡Maldito seas! - amenazó indignado Khalid.
- No hay remedio amigo - le susurraba Víctor - estamos condenados a morir, simplemente disfruta.
- ¡Tú estás loco! ¡Tu y tus viajes! ¡Nos has traído a la muerte!
Comenzaron a discutir Khalid y Víctor, lo que fomentaba aún más la confusión entre todo el mundo. Especialmente en Lorayn, una de las pocas que podría tener varias ideas en la cabeza. Le costaba disimularlo, a la vez que temblaba de miedo. Si descubrían algo podrían poner en peligro tanto a ella como a Jonathan. Actuar con indiferencia es lo mejor en ésta crisis de la ciudad del desierto.
Tino, el abogado defensor, se acercó a los acusados, hablando en voz baja con ellos. Los dos se calmaron y practicamente asintieron. El hombre volvió junto al Juez, y exclamó en alto:
- ¡Hay cosas más importantes que el Juicio! ¡Hoy han muerto muchos de los nuestros y no estamos pensando con claridad! Juez, lo único que puedo pedir es que resolvamos el duelo con las muertes de hoy, comencemos una investigación y después juzguemos. Mi petición es tiempo.
- ¡Estupideces! - la cara desencajada de odio de Zumo era casi un patrón de los espectadores.
- Tengo veredicto - sentenció el Juez.
El silencio se creó en la plaza y en casi todo Newope. Lorayn sentía su corazón latir fuerte, como si no quisiera que la información que se daba a cuentagotas desapareciera nunca.
- El veredicto de "El Decreto" - comentó Freckles - es que los acusados serán condenados a muerte. - La gente chilló de alegría, Zumo levantaba el brazo en posición victoriosa, y los acusados agachaban la cabeza - Pero, como bien dijo Tino, primero debemos honrar a los caídos en nuestra batalla. Los incineraremos a todos. Mientras tanto, los acusados irán a prisión, donde serán sometidos a torturas para desvelar cualquier información sobre su indudable conexión con los Magos Exiliados. - El pueblo abucheó un poco, Zumo se quejaba - Es lo mejor, pueblo de Newope. Así será como descubramos el por qué vinieron y nos prepararemos para algo mayor. - Freckles levantó ambas manos - ¡La sentencia está lista! ¡El Decreto ha hablado!
- Eh, tú - susurró Víctor a Tino - Gracias.
- ¿Gracias? ¡mamarracho! - se quejó Khalid - ahora nos torturarán antes de matarnos, ¡ésto es peor!
- Con tiempo nada es peor, amigo - sonrió el líder de los visitantes.
- ¡Guardias! - ordenó Freckles - llevad a los acusados a prisión, y recoged los cuerpos caídos para la incineración.
- Señor, ¿cogemos también el cuerpo de la mujer acusada? - preguntó un Guardia.
- Sí, al fin y al cabo debemos incinerarlo.
Un par de Guardias se fueron cerca de Bujic, aún de rodillas. Intentaron coger el cuerpo de Marit, pero el albino se levantó, furioso, agarrando a su fallecida esposa.
- ¡No te resistas! - le gritaban los soldados.
- No... no... - Bujic agarró a Marit fuerte con su pecho, y mientras caían lágrimas de sus ojos lanzó un desgarrador grito - ¡¡¡¡¡NO!!!!!
El grito había hecho cesar los insultos. Lorayn lloró, por alguna razón no pudo contener la lágrima más. El dolor que sentía ese hombre, al ver perder a su esposa, le había conmovido. Intentó disimular, para no llamar la atención de nadie, pero al mirar hacia un lado, observó como la gente estaba en silencio, con los ojos brillantes. Quizás todos comprendían su dolor.
- ¡Llévate el cuerpo! - gritaba Zumo, dirigiéndose al Guardia. Esta vez la gente no gritó, todo se quedó en silencio.
El Guardia miró al Juez, y éste, tras unos segundos, hizo un gesto de que dejaran al hombre tranquilo. Bujic agarró aún más fuerte a Marit, y poco a poco, los tres visitantes se marcharon escoltados hacia prisión.
Silencio, eso es lo que quedaba. El éxtasis del odio había pasado situando el grito del albino como el punto de inflexión. Poco a poco la gente se marchaba a sus casa. Lorayn haría lo mismo, mientras la tenue luz de la noche salpicaba los rostros de todos los ciudadanos. Habían sido unas horas muy largas, pero la joven tenía la sensación de que sólo era el comienzo de algo más importante. Fuera lo que fuera.







3 opiniones :
Me autocomento jeje. Ya están las fichas sobre la mesa, ahora hay que seguir jugándolas.
La historia tiene algunos conceptos que pueden parecer dudosos, puede que no sepamos por qué ocurre algo en concreto, como el atentado de Tobías, por ejemplo.
Todo, absolutamente todo, será desvelado en los próximos capítulos de El Encuentro :P
Prosiga Oze, quiero seguir leyendo.
Repito: cabezas cuadriculadas.
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