1. La Recepción
Andalan es la capital del Reino de Astrid. Situada a varios días de camino de la costa, los verdes prados y las montañas adornan a una ciudad emergente. Se dice por sus calles que está a la misma distancia de las cuatro esquinas del país, significando un punto de encuentro interesante para todo el comercio.
Su palacio, situado frente a un lago, es un edificio que ha parecido pasar varias etapas. Construido en principio con una base de piedra, hay varios pilares de cemento que sostienen la estructura. Hay una torre alta, mucho más moderna en su elaboración, donde reside el Rey de Astrid. El Palacio es una joya en una ciudad en la que a veces aparecen grietas de una guerra que concluyó hace poco tiempo.
Lorayn y los demás habían viajado durante aproximadamente tres semanas en el barco. Llegaron a Onuha, la ciudad portuaria de la que partía el Santana, el galeón de Víctor y Bujic, pero en cuanto contaron la historia, y ésta llegó a la capital a través de los mensajeros, fueron requeridos para una comitiva.
Durante el trayecto utilizaron carruajes comandados por los famosos mo, y los exiliados de Newope prácticamente no salían de su asombro. Abandonar la vista del eterno desierto para sustituirla por mares, prados, montañas, y lo que es mejor, ciudades y pueblos que colaboran entre ellos, que forman juntos una gran nación. Y a la vez, la unión entre naciones que forman la famosa Alianza.
Lo que pudo escuchar Lorayn de la Alianza era siempre positivo. No había nadie en principio que hablara mal, ya que todo eran ventajas económicas y militares. En cualquier caso, era chocante salir de Onuha, una ciudad portuaria en pleno crecimiento, con una gran flota de barcos, y encontrarse con pueblos y aldeas con mucha pobreza. Khalid y Vïctor siempre insistían en que tuvieran un ojo abierto, pues por los caminos hacia Andalan podrían sufrir un ataque de bandidos en cualquier momento. Por suerte llegaron a la capital sin ningún percance.
Lo mismo pasó en la ciudad del centro del país. En la periferia, mucha gente levantaba las manos pidiendo limosna. Para Lorayn la situación era extraña: en Newope nadie se moría de hambre salvo que estuviera en prisión. Y tampoco existía el “dinero”, un concepto que le explicó durante el trayecto Víctor a todos los habitantes del desierto. Por momentos, la belleza de Astrid desaparecía en los ojos de la agonía de aquellas personas. Más hacia el centro de la ciudad, todo parecía un sueño. Las mujeres vestían largos vestidos, los comerciantes vendían gran cantidad de frutas y carnes.
Pero si aquellas calles del centro, rodeadas de sonrisas y lujos parecían algo grande, el interior del Palacio era simplemente espectacular. Una comitiva de unos veinte hombres, tocando instrumentos de viento, varias doncellas ofreciendo frutas y vino y una docena de soldados custodiando a todos los invitados.
Los que habían viajado eran todos los que iban en el barco, además de Lorayn, Víctor, Khalid y Bujic, que ya enterró a su mujer en las tierras de Onuha, Tino, Gené, Erion, Eleanor y toda la tripulación. Al fin llegaron a una sala en la que el Rey estaba sentado en su trono. A las órdenes del capitán del Santana, todos se colocaron en fila. Un paso más delante de Lorayn estaban Víctor y Bujic. Más atrás de ella el resto de marineros del barco. Sin lugar a dudas la expectación eran los magos.
- Bienvenido de nuevo, Víctor. – saludó el Rey ante todos. – Es una suerte volverte a ver de nuevo. Y mis saludos también van para Bujic, al que le muestro mi pesar por su gran pérdida, que es una gran pérdida para todos.
- Muchas gracias, majestad. – agradeció Bujic.
- Veo también – añadió el Rey – que habéis vuestro loco viaje ha tenido resultados. Presentadme esa civilización nueva.
- De acuerdo, majestad – Víctor hizo un gesto para que Tino adelantara su posición y se pusiera al frente, como representante de Newope.
- Así que tú eres el líder de los hombres del desierto… - comentó el monarca.
- No exactamente. – corrigió Tino – Pero sí soy el líder del Cónclave de Magos.
- ¡La magia! – sonrió el Rey - ¡eso es lo interesante! Demostradme qué podéis hacer.
Tino asintió con la cabeza. Levantó su mano derecha, entonó unas palabras, y de su palma salió un chispazo que pronto se convirtió en luz. Todos los presentes, incluidos el Rey gritaron de expectación.
- Majestad, he visto a éste hombre hacer cosas aún más increíbles. – Sugirió Víctor. – Hablé con él de la posibilidad de crear una escuela de magia en el Reino de Astrid, para que nuestros jóvenes se introduzcan en éste nuevo arte.
- Estoy completamente de acuerdo – asintió el monarca. – Pero si no te importa, Víctor, me gustaría hablar personalmente con éste hombre – refiriéndose a Tino – Puede ser muy útil para engrandecer aún más al Reino de Astrid.
- Será un placer.
El Rey se levantó de su trono y tres soldados acompañaron a Tino hacia una habitación contigua. El resto comenzó a hablar entre ellos, mientras aprovechaban tomando algún delicioso aperitivo de palacio. Cada uno se fue a un sitio distinto, maravillándose con los lujos del edificio. Víctor se acercó a Eleanor, que estaba junto a Erion observando el acabado de unas sillas de madera.
- ¿Estás mejor? - le preguntó el capitán a la sanadora.
- ¿A qué te refieres? - preguntó desconfiada Eleanor.
- Bueno, no es necesario que me lo ocultes, algo te pasa. - Víctor le puso la mano en el brazo - Pero ya llevamos un tiempo viajando juntos, no es necesario que sigas así...
- Quita la mano... - la mujer le apartó la mano y se alejó, sola.
- Nunca he visto a un hombre con tanta constancia como tú. - insinuó Erion.
- Eh, muchacho, a ella le gusto.
- Parece que aquí los prados verdes y el mar hacen un efecto como el del vino... - el muchacho se reía a carcajadas, en el mismo momento en el que apareció Lorayn. - Hola, Lorayn, ¿qué tal?
- Pues bien, como siempre... - susurró la chica. La joven agarró el brazo de Víctor. - ¡Ven! ¡Tienes que explicarme algunas cosas! - y se lo llevó, mientras Erion se quedaba con la palabra en la boca.
La muchacha pregunta por todo: los candelabros, las mesas, el tipo de madera, los suelos... había algunas preguntas a las que ni el propio Víctor sabía responder. Por suerte Bujic si conocía todo esas respuestas, y le explicó a la joven varias de las cosas que demandaba.
Las trompetas sonaron, indicando que el Rey volvía a la sala junto a Tino. El mago no bajó del peldaño junto al monarca, y todos retomaron la posición en línea para dirigirse con los máximos respetos ante la máxima referencia de Astrid.
- Bien, bien, bien... - el Rey se frotaba las manos, con una sonrisa en la cara. - Ha sido una conversación corta pero suficientemente buena. Hemos acordado distribuir a los magos en las ciudades más importantes del Reino de Astrid. Tino se quedará aquí, en la Capital, perfeccionando y mejorando el armamento de nuestros soldados, que es parte de su habilidad.
- Tú me acompañarás. - Indicó Tino señalando a Erion, mientras el joven asentía.
- Vale... - continuó el Rey. - El Mago Gené, ¿dónde está?
- Aquí. - Gené levantó la mano entre los asistentes.
- Espero que no te importe marcharte a Bernita. Es un ciudad también costera, pero en posición contraria a Onuha, esta está al este, y se une con tres reinos importantes de La Alianza. Por lo que sé, el soldado Khalid nació allí. Podría acompañarte un tiempo mientras te consigo lo necesario para comenzar tu escuela.
- Será duro marcharme sólo. - se resignó el mago. - Pero lo haré. Me muestro expectante ante esta opción. Será un placer trabajar para vosotros.
- Bueno, bueno - el Rey le hacía un gesto de calmarse con las manos - He pensado en eso, pero os veréis todos cada cierto tiempo. Además, Bernita es una ciudad diferente, un cruce de culturas. Haré todo lo posible para que estés realmente bien allí.
- Muchas gracias, majestad. - Agradeció Gené.
- Y... me queda la mujer, ¿Eleanor? ¿eres tú? - el Rey la señalaba, mientras la mujer asentía. - Tú volverás a Onuha. Por lo que me cuentan tu magia es sanadora y allí pueden ser importantes tus servicios... - el gesto del monarca era un poco más serio.
- Lo haré encantada. - comentó la mujer.
Cuando Eleanor giró la cabeza encontró a Víctor mirándola y sonriendo. Ella sabía que él iba a volver a Onuha, por lo que seguirían juntos. Volvió la cabeza en otra dirección, para destruír la línea que se formaban entre sus ojos.
- ¡Y eso es todo! ¡Disfrutad de la fiesta! - proclamó el Rey - ¡Bujic! El acuerdo está completo, pondré una calle con vuestros nombres y te ofreceré todo lo acordado. El descubrimiento de la magia es un gran avance para La Alianza, mucho más que encontrar otras tierras. - Se levantó y se marchó hacia sus aposentos.
- Y... ¿y yo? - le preguntaba Lorayn a Victor.
- Pues... no lo sé. - el hombre puso una mueca de duda. - Vamos a hablar con Tino. - se acercaron hacia él y le lanzaron la pregunta.
- Sí, Lorayn... - Tino se arrascaba la barbilla - debes de comprender que no controlas la magia, así que puedes elegir donde ir. Gené se va solo, si quieres puedes acompañarlo a Bernita...
- ¡No, no! - la chica gritó, acalorada - Si puedo elegir, espero que a Gené no le importe que me marche con Víctor a Onuha.
- No hay ningún problema con eso, como quieras. - aceptó Tino.
Las siguientes horas todos comieron grandes platos de comida y bebieron como celebración. Los habitantes de Andalan trataban a Víctor, Bujic y el resto de la tripulación y magos como auténticos héroes. En un momento de la tarde, todos estaban reunidos en una gran mesa, y el albino comenzó a hablar en alto.
- A todos, el viaje que comenzamos ha terminado. Muchos hemos perdido algo, aunque parece que el país ha ganado bastante. A mi tripulación, podéis volver cuando queráis a vuestras casas, ya que sois de todos los rincones de Astrid. Os daré lo que os debo ahora, antes de marcharme.
- ¿Piensas marcharte tan pronto? - preguntó Víctor.
- Si, cosas de negocios. Tengo muchas cosas qué hacer. Y también quiero descansar, necesito descansar.
- Entiendo. Entonces yo me iré contigo, y supongo que tanto Eleanor como Lorayn vendrán con nosotros de vuelta.
- ¡Sí! hay mucho que descubrir - dijo Lorayn.
- No hay más remedio que volver contigo. - Se resignó Eleanor.
Llegó pues el momento de las despedidas. Víctor y Khalid se abrazaron, deseando volver a verse pronto. El fuerte guerrero salió junto con Gené, que también se despidió de sus compatriotas, en mo hacia Bernita. Tino y Erion también se despidieron del resto.
- Lorayn - le dijo Erion - espero que nos volvamos a ver pronto.
- ¡Sí! ¡Nos volveremos a ver!
- Es una gran alegría verte tan contenta.
- Es sólo como si hubiera renacido... - le dijo la chica con una gran sonrisa. - Y tú, cuando nos volvamos a ver, tienes que prometerme que serás un gran mano, que lo que dice El Maestro de ti es verdad.
- Lo intentaré. - Erion esbozó una amplia sonrisa.
Algo más tarde, todos habían partido. Se trataba sólo del comienzo, de adaptarse a un nuevo lugar y encontrar su sitio.







3 opiniones :
Comienza el Volumen II: La Alianza. Un volumen para asentar las bases del futuro, en el que descubriremos que nada es perfecto y todo tiene dos caras. También sabremos más sobre los personajes y cómo interactuarán entre ellos.
Buena gusto el de lorayn de elegir Onuha como lugar :D
Me encanta.
(Eso que no sabe que el Recre, esta siendo la pena del Reino)
Como la vida misma... opulencia por un lado, miseria por otro.
Tiene buena pinta, varias vertientes con varias historias, imagino.
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