10. Escape (I)
Jonathan estaba a las afueras de la prisión, esperando que El Maestro le diera aquella llave capaz de abrir todas las cerraduras. El líder del Cónclave era demasiado escueto en sus órdenes, siempre ocultando su identidad, por lo que al Guardia-Mago le extrañó que quedaran a plena luz del día. Aún así, El Maestro tenía la reputación y el poder suficiente como para sorprender al joven.
- Perdone, Guardia. - la voz infantil de un niño de unos cinco o seis años, llamaba a Jonathan. Éste lo miró. - Me lo ha dado un hombre para ti.
Era la llave. Nunca pensó que sería tan fácil, pero El Maestro utilizó a un inocente niño para llevar el codiciado objeto. Jonathan le dio un par de palmadas al chico como agradecimiento, y observó la llave. ¡Era precisamente la llave de la prisión! No se trataba de ninguna llave mágica, sencillamente era una copia de la llave de los calabozos. Es curioso, pero ese tipo de magia no lo conocía.
Una vez tenía el objeto en su poder, fue con comida, para disimular, hacia los calabozos. Entró lentamente, un poco nervioso. Miró una a una todas las celdas. Estaban el hombre albino, el de las barbas y Lorayn. Pero faltaba el tipo del pelo largo, el que se presumía como líder de los visitantes. Con sigilo, se acercó a su amada.
- Hola, Lorayn... - susurró - ¿dónde está Víctor?
- Hola... - la joven estaba realmente mal, pálida y derrotada. - Está con Jamica... pobre...
- Lorayn, no digas absolutamente nada. Simplemente hazme caso. - La chica lo miró extrañada. - Vamos a salir de aquí.
Jonathan sacó la botella de agua curativa, y le ofreció a Lorayn, entre los barrotes, un sorbo. Recordó las cadenas que tenían a la chica atrapada. Estaban incrustadas en unos orificios de la celda, podría sacarla, pero necesitaría al menos un minuto.
Tras beber, el aspecto de la joven mejoró considerablemente. Su gesto era ahora más animado. Ella intentó hablar, pero con una señal de su mano, Jonathan le pidió silencio y que se mantuviera quieta.
Se dirigió a la celda de Khalid y le dio de beber. Abrió los barrotes, pero lo dejó de tal forma que parecía que su jaula estaba cerrada. Además, le ofreció al visitante un cuchillo, que éste escondió entre sus ropas. Ambos hicieron una mueca de confianza, esperando que el plan siguiera su paso, a pesar de que los presos lo desconocían.
Ahora Jonathan se acercó a la celda de Bujic. El hombre no había hablado, y a pesar de llevar un par de días ahí, seguía abrazado al cuerpo de la que era su esposa. El Guardia le ofreció beber, pero el albino no se giró hacia él.
Justo a tiempo, Jonathan escondió todo entre su uniforme. Al fondo venía Jamica con Víctor, bastante cansado tras la paliza y cuatro soldados más. La mujer empujó hacia su celda al prisionero, y miró fijamente a Jonathan.
- ¿Otra vez por aquí? - preguntó la torturadora.
- Si, Jamica. Estoy intentando aclarar qué ocurre con éstos prisioneros... - mintió Jonathan.
- ¿Ocurrir? ¡Nada! No te metas en ésto, no es tu trabajo estar en los calabozos.
- Tampoco es tu trabajo decirme qué debo hacer.
La frase había sonado amenazante para la torturadora. Los soldados que la acompañaban la miraron con temor, esperando una respuesta violenta por su parte. Pero no la hubo. Uno de ellos se marchó, quitándose de en medio de cualquier problema que pudiera ocurrir.
- No quiero que vuelvas por aquí, Jonathan. - amenazó Jamica. - Si lo haces, le diré a Freckles que estás dando motivos de traición. - el muchacho miró a la celda de Lorayn - Sí, Jonathan. Se que estás enamorado de esa chica, pero ella es una traidora y a mi eso no me importa. - la mujer sonrió con maldad. - Soldados, dejadnos solos.
Los soldados se marcharon acatando las órdenes. Jonathan no sabía por qué lo habría hecho, pero la situación era favorable ahora mismo. Sólo necesitaba que Khalid atacara por sorpresa y estarían en superioridad numérica.
- Voy a torturarla, por traidora. - dijo con una voz diabólica la mujer, dirigiéndose hacia Lorayn.
La torturadora buscaba hacer sufrir a Jonathan maltratando a Lorayn. Al mismo tiempo parecía un problema, ya que ella descubriría que la celda de la chica está abierta. El Guardia no podía permitir esa opción, y aprovechando la superioridad numérica, intentó golpear en la cabeza a Jamica, pero ella consiguió esquivarlo.
- ¡Jaja! ¡Maldito! ¡Eso es traición! ¡Te mataré! - gritó la mujer mientras levantaba su brazo desenfundando una espada y con el látigo en la otra mano.
Todo había sido tan rápido que Jonathan vio su final cerca. Khalid no tendría tiempo de salir de su celda y atacar a la mujer. El aire de la espada casi roza el cuello del muchacho cuando la torturadora cayó hacia atrás en seco. Al mirar bien, descubrió que Khalid había lanzado el cuchillo, impactando en la espalda de la mujer.
- Me siento como nuevo con tu agua. - Declaró Khalid, mientras salía de su celda y se acercaba a un anonadado Jonathan. - ¡Vamos! ¡Dame la llave y el agua! ¡Tenemos que sacar a Víctor y Bujic! ¡Ocúpate tú de la chica!
Ahora era Jonathan el que obedecía. Le dio ambos objetos al visitante, con la advertencia de que con un sorbo de agua era suficiente. Después se aceleró y empezó a correr hacia la celda de Lorayn. La abrió rápido, y comenzó a quitarle las cadenas de los engranajes. Tras conseguirlo, la chica estaba liberada, pero con las cadenas colgando, sin estar sujeta a nada.
- ¡Tenemos que irnos antes de que llegue la guardia! - gritó Jonathan. Miró a todos, y Víctor ya estaba fuera. - ¡Vamos por aquí! ¡Rápido!
- No, no sin él. - dijo Víctor, señalando a Bujic, que aún no reaccionaba. - No lo abandonaré.
- ¡Maldita sea! - se quejó el Guardia-mago - ¡Tenemos que irnos ya!
- ¡Dale un minuto Jonathan! - le suplicó Lorayn.
La idea le parecía una locura, mientras Víctor, con la ayuda de Lorayn, intentaban convencer a Bujic, Khalid le quitaba la espada a Jamica, y retiraba el cuchillo que tenía incrustado en la espalda, para utilizarlo ahora como arma.
- ¡Aquí no harás nada Bujic! - se quejaba Víctor, sin conseguir que el albino reaccionase.
- ¡Debes darle un entierro! ¿no? - preguntó Lorayn, recordando las costumbres que habló hace poco con Víctor. Ésto hizo que Bujic levantara la cabeza, mirando a la chica.
- ¡Dejadme! - se quejó el viudo.
- ¡Maldición Bujic! - Víctor lo agarró por el cuello, y después lo abofeteó. - ¡Eso te habría hecho Marit! ¡La estás deshonrando con tu actitud!
- ¡Debemos irnos ahora o nunca! - se quejaba Jonathan al otro lado.
El albino se levantó, sin decir nada. Cargó el cuerpo de su esposa en su hombro y salió de la celda. Tanto Víctor como Lorayn sonrieron, por conseguir que él reaccionara. Pero parecía ser demasiado tarde: los cuatro soldados de antes habían entrado en la habitación, con las armas desenfundadas, lanzándose hacia el grupo.
Jonathan sacó su espada y comenzó a luchar de tú a tú con uno de ellos. Hasta hace poco su compañero, al que veía todos los días. Ahora su enemigo. Víctor se adelantó, cogió el cuchillo que le dio Khalid, y luchó contra otro. El propio Khalid acabó rápidamente con otros dos soldados, cortándoles el cuello y clavándole la espalda en el vientre a otro. Sin lugar a dudas era un excelente guerrero.
Peor lo tenía Víctor, que no atinaba a golpear su rival. Khalid tuvo que elegir a quién ayudar, y se decidió por Jonathan, ya que tenía más confianza en su compatriota, tras varias batallas, y pensaba que podía ganar el combate sin dificultad. Se acercó por la espalda y le clavó la espada en el cuello, acabando con otro soldado.
Víctor se encontraba en un aprieto. Había perdido el cuchillo y el soldado rival estaba a punto de darle el golpe de gracia. Fue en ese momento cuando Lorayn golpeó la espalda de éste con las cadenas. Prácticamente no le hizo daño al enemigo, pero cuando se volvió, se encontró de frente con Bujic, que soltó un directo puñetazo que lo dejó inconsciente al instante.
- ¡Ves como te necesitamos, Bujic! - fue la forma de dar las gracias de Víctor.
- ¡Qué diablos te ha pasado! - le gritaba Khalid.
- ¡No se luchar con un maldito cuchillo! ¡Soy un espadachín! ¡Necesito un florete! - se lamentaba el líder de los visitantes.
Con una complicidad casi exagerada, Khalid y Víctor intercambiaron sus armas lanzándoselas por los aires. Tanto para Lorayn como Jonathan, la forma de luchar de éstos hombres era admirable, muy superior a todo lo visto anteriormente por ellos.
- ¡Nos vamos! - ordenó Jonathan.
Salieron del calabozo y a lo largo había un pasillo. Debían coger por el camino de la izquierda, per estaba todo lleno de soldados, casi dos docenas.
- ¡Tan bueno no somos luchando! - se quejó Khalid, asustado por la superioridad enemiga.
Sin decir ninguna palabra, Jonathan juntó sus manos y entonó unas palabras. De sus dedos apareció una nube negra que cubrió toda la sala, dejando sin visión a todos los presentes. El Guardia-Mago cogió de la mano a Lorayn, y ésta a Víctor, y así sucesivamente hasta formar una cadena, en la que el joven de Newope les guiaba por la oscuridad.
Tras unos momentos confusos de pasos ante la negrura y algún salto esporádico, se encontraron en los subterráneos.
- ¿Cómo diablos lo has hecho? - Khalid alucinaba.
- Eso debe ser la magia... - suponía Víctor.
Jonathan estaba agotado. El hechizo había sido muy fuerte, y estaba sudando, respirando muy fuerte. Todos los demás estaban preparados. Los cinco comenzaron a moverse por los subterráneos, siguiendo al Guardia-Mago.
Y sonó una fuerte explosión. Fue lejos, pero hizo vibrar todas las paredes.
- ¿Qué es eso? - preguntó Víctor.
- Eso es que el plan va bien. - Jonathan sonrió, confiando en el resto de magos del Cónclave.







2 opiniones :
Se están escapando biennnnnnnnnn.
:D
¿Se han bebido todo el agua a pesar de la advertencia?
¿Cuando recuperan el medallon?
Cada vez tiene mejor pinta, ahora comienza la aventura, no?
Publicar un comentario