sábado, 18 de abril de 2009

12. Triste Esperanza

Habían pasado varias horas desde la inmolación de Jonathan, el tiempo suficiente para que el día comenzara a oscurecerse. El grupo de fugados de la gran ciudad desértica de Newope comenzaba a sentir los dolores musculares de estar montando un Mo. Casi por unanimidad, y sin necesidad de discutir, todos estaban de acuerdo en que era el momento de descansar.

Eleanor aprovechó éste descanso para curar uno a uno a todos los que tenían heridas de la batalla, o previas, como las ocasionadas en el calabozo. Mientras tanto, El Maestro junto a uno de sus magos, conjuraban algo para encender una fogata. El otro mago, sacaba unas semillas de su bolsillo y las pisoteaba en la arena.

- Seguro que ahora me sorprenderás y tendremos un árbol en poco tiempo. - comentó Víctor a ése mago, con su típico tono irónico. El hechicero le sonrió.

Dicho y hecho. Tras unas palabras mágicas, tenían el fruto de las semillas delante de las narices. Se trataban de las Manzanas de Agua, típicas de Newope. Casi al mismo tiempo, El Maestro consiguió encender la candela. Bujic se preocupó de agrupar a los Mo, para que ninguno de ellos se escapara.

Lorayn estaba sentada en la arena, cabizbaja y pensativa. Sin dudas, la joven era la que más había pasado en éstos días: ser maltratada, intentar suicidarse, acabar en la cárcel, prometerle a su mejor amigo que se casaría con él sin amarlo, y finalmente perderlo. Estaba triste, pero parecía que ninguno de los otros compañeros tenía las palabras clave para animarla.

- Es un placer. - dijo Víctor a Eleanor mientras ésta lo curaba. La mujer no sonrió, simplemente lo hizo. - Creo que para Lorayn lo mejor es estar sola, soltarlo todo...
- Todos nos hemos sentido alguna vez así. - confesó la sanadora.
- Y supongo que no lo dices por lo de hoy... ¿perdiste a una persona importante?
- Ya están tus heridas curadas. - la mujer se levantó y se sentó junto a la fogata, sin responderle la pregunta al líder extranjero.

El grupo se sentó en círculo a la candela, mientras se pasaban Manzanas de Agua para pasar la noche. Era irremediable crear vínculos entre ellos, a pesar de que la mayoría no se conocía de nada, y había dos grupos que venían de mundos completamente distintos.
- No podremos partir hasta el alba. - Khalid rompió el hielo. - Si lo hacemos antes, podemos perdernos por éste desierto.
- Oye, tú, encapuchado. - interrumpió Víctor, dirigiéndose a El Maestro. - Ya no estás en esa ciudad, no tienes que esconderte de nadie, descubre tu cara.
- Llevas razón. - sentenció el poderoso mago. Los otros dos magos y Eleanor miraban con expectación, pues ellos no conocían la identidad de su líder.
- ¡Tino! - gritó Eleanor. - ¡Eres tú!
- Ey, te conozco. - añadió Víctor. - Eres el tipo que nos defendió en aquel juicio.
- Así es. Tenía un cargo político importante en la ciudad, por eso era imprescindible esconder mi identidad. Mi posición me daba derecho a conocer cosas que de otra forma no podría.
- Interesante. - dijo uno de los magos anónimos - tenías un puesto alto tanto en el Cónclave como en la ciudad.
- Si me lo permitís, tengo una idea. - declaró Khalid. - ¿Qué os parece si todos nos presentamos uno a uno y contamos algo sobre qué somos? Eso ayudaría a conocernos mejor.
- Buena idea, Khalid. - agregó Víctor. - Comienza tú.
- Bien. Mi nombre es Khalid, soy un guerrero del Reino de Astrid, aunque mi descendencia es bárbara. Me agrupé con Víctor hace muchos años, para luchar a favor de la Alianza de los Reinos, y desde entonces somos compañeros inseparables.
- ¿Qué es la Alianza? - preguntó Tino, El Maestro.
- Había cinco grandes países siempre en guerra, y tras un acuerdo con parte de la nobleza se llegó a un acuerdo para que colaboraran entre ellos. - explicó Khalid. - Las guerras siguen existiendo, pero las grandes potencias están juntas. Tras confirmarse la Alianza, hay muchos clanes que intentan derrocarla, y yo soy un guerrero que lucha por mantenerla.
- Bueno, es mi turno. Mi nombre es Víctor, soy Capitán de un barco, el Santana. Terminada la guerra de la Alianza, hubo interés en explorar el mundo, y por eso llegamos hasta aquí. Encontrar nuevas civilizaciones no es solo motivador, también es lucrativo. Turno para el siguiente.
- Hola a todos. - Bujic sorprendió al hablar, mas calmado. - Mi nombre es Bujic. Vengo de una familia de comerciantes importante, y tengo mi sede en Onuha, una ciudad costera del Reino de Astrid de donde es también Víctor. Comercio con animales, armas, alimentos... con todo lo posible. Santana, el barco, es parcialmente mío también.
- Bueno, sí. - añadió Víctor. - Materialmente es suyo, sólo que yo lo capitaneo.
- Éste cuerpo que siempre he cargado - continuó Bujic - es el de mi esposa, Marit. Ella tenía la mayor ilusión por encontrar nuevas tierras. Pero falleció antes de poder hablar.
- Lo siento. - dijo Tino.
- Lo único que quiero es llegar a Onuha y enterrarla. - sentenció Bujic.
- Mi nombre ya lo sabéis, soy Tino, también conocido como El Maestro del Cónclave de Magos. Sobreviví a la Guerra Civil de la Magia en Newope y fundé la sociedad secreta. Mi especialidad mágica es la de hechizar objetos, darle propiedades especiales. Pero es bastante costoso. También domino la magia mental y algo básico de la ofensiva y curativa.
- Eres todo un partido. - le sonrió Víctor.
- Sí, es muy bueno, realmente excepcional. - interrumpió Eleanor. - Mi nombre es Eleanor, soy de Newope. La magia que controlo es curativa. Realmente no puedo hacer ninguna otra cosa más.
- ¿Te parece poco? - dijo Khalid, como halago.
- Y además es preciosa. - añadió Víctor, guiñándole un ojo.
- Y... - se detuvo, algo triste Eleanor. - ...no me interesan los hombres. - Víctor miró hacia otro lado, un poco perturbado y avergonzado.
- Mi nombre es Gené. - comentó uno de los magos anónimos, de unos cuarenta años, con pelo corto y grandes entradas. - Soy uno de los magos más veteranos del Cónclave. Mi magia es ofensiva, puedo invocar rayos.
- Yo soy Erion. - dijo el otro mago, bastante más joven, de unos diecinueve años. - Mi magia aún tiene que definirse más, conozco los hechizos básicos.
- Es un joven muy prometedor. - advirtió El Maestro. - Quizás no lo entendáis, pero la fuente que utiliza para la magia es natural. Lo hace casi sin problemas. Entrenando más, será uno de los magos más grandes. Era el más joven hasta que entró Lorayn. - la muchacha levantó la cabeza, con una mueca triste.
- Mi... mi nombre... ya lo sabéis. - dijo la joven. - Y... soy un... estorbo.
- No digas eso, Lorayn. - intentó animarla Tino.
- Además, durante la batalla vi como le salvabas la vida a ese chico con la piedra. - declaró Víctor.
- ¿Salvarlo? - la joven lloró en silencio. - Él murió por mi culpa... a mi no me queda nada. Y no me considero una maga... en tanto tiempo no conseguí hacer nada.
- Lo cierto es que no hizo absolutamente nada. - dijo malhumorada Eleanor.
- Bueno, quizás sólo necesita practicar un poco más. - intervino Khalid.
- Lorayn... has pasado por mucho. - dijo el Maestro. - Pero por suerte tengo algo para tí.

El hombre se levantó y se dirigió hacia la chica. Metió su mano en la túnica y sacó el famoso amuleto que Lorayn siempre llevaba. La muchacha abrió los ojos como platos, lo agarró y lo apretó fuerte en sus manos.

- Es el amuleto de Dracken, el mago más excepcional de todos. - explicó Tino para todos. - Lo creó él, un amuleto capaz de defender a quién lo tenga, dejando fuera de combate a cualquiera. El único problema que tiene es que necesita recargarse para un segundo uso.
- ¿Cómo lo tienes? - preguntó Lorayn.
- Recuerda que tenía un cargo importante en Newope. Por eso pude coger el amuleto y también pude coger las llaves del calabozo para os sacaran. Lorayn - el hombre puso la mano sobre la cabeza de la chica. - Te han pasado muchas cosas, pero Jonathan lo dio todo por ti. Anima esa cara, lucha por todo lo que viene ahora. Pronto, serás tú la visitante en el reino de ellos. Pronto, seremos nosotros quienes descubramos un mundo nuevo. Hemos dejado mucho, pero realmente hemos roto con todo para empezar otra vida.

Tras unos minutos de silencio, y ante el manto oscuro de la noche, con la Luna Rota en lo alto, el grupo accedió a dormir. Quedaba mucho por cabalgar aún.

Y fueron dos días más montado en los Mo, hasta que por fin los habitantes de Newope pudieron ver el azul océano ante sus ojos. Allí, el Santana, el barco de Víctor y Bujic, les esperaba, con una tripulación que saludaba a gritos ante la llegada de todos.

- ¡Capitán! ¡Capitán! ¿Quiénes son? ¿Qué ha pasado? - preguntaban los marineros.

Víctor y Khalid se abrazaban con todos a la vez que intentaban explicar algo. De la felicidad, se pasó al silencio en unos minutos, cuando descubrieron el cadáver de Marit. Finalmente, y tras explicar toda la aventura y presentarse, los exiliados de Newope se adaptaron al barco.

Ya habían partido, y sólo se veía mar en todas las direcciones.
- Es increíble que haya un barco esperando tan lejos de vuestro destino. - le comentó Tino a Víctor.
- La idea de la exploración, Tino. - explicó el capitán. - Tenían comida para esperarnos durante un mes entero en la costa. Sólo han sido unos días, por suerte. La verdad es que éste viaje me ha quitado las ganas de explorar el mundo.
- Todo lo contrario que a mi. - dijo El Maestro con una sonrisa.
- Si, he estado pensando en vosotros cuando lleguemos al Reino de Astrid. La magia es algo increíble, os presentaré al Rey, iremos a la capital. Seguro que os gustaría poder enseñar todo lo que sabéis.
- Sería magnífico. - el Maestro le estrechó la mano a Víctor. - Poder enseñar magia a plena luz del día, convivir juntos, viajar para exportar nuestros artes al resto del mundo. Es increíble. Siempre lo soñamos.

Lorayn estaba en un lateral del barco, mirando al mar, sola. Víctor se dirigió a ella para hablar en privado.
- Ey, Lorayn. Espero que estés mejor.
- Poco a poco, lo voy superando. - La chica parecía algo mejor, acariciando el Amuleto de su hermano.
- Le he dicho a Tino que podéis formar una escuela de magia en el Reino de Astrid. ¿Estás dentro?
- Realmente no. - dijo la muchacha. - La magia no es lo mío, no sé que haré.
- Recuerdo aquella noche en el calabozo. Recuerdo tus palabras. Quizás no valgas para la magia, pero tienes espíritu para la aventura. Te ofrezco quedarte conmigo, que me ayudes, junto a Khalid. Tampoco sé que haremos, pero será... interesante.

La joven sonrió. Víctor siempre era capaz de darle esperanza, de la forma más fácil. Su forma de vivir, sin pensar en el futuro, de querer disfrutar hasta el momento más terrible, le hacían a la joven caminar hacia delante.

- Voy a hablar con Eleanor, a ver si la hago sonreír.

Víctor se fue, hablando con Eleanor. Normalmente discutían, ya que la mujer lo ignoraba, aunque poco a poco, la insistencia del Capitán tenía sus frutos.

Lorayn miró atrás. La vista solo le llegaba a ver mar. Pero más al fondo estaría Newope, con su vida estructurada, sufriendo la última batalla, en la que gente de la misma sangre se había matado por ideales. En las que Jonathan había fallecido por ser atacado por sus compañeros.

La joven cerró los ojos. Giró su cuerpo y miró al frente. Los abrió, y seguía viendo agua, pero más allá, a lo lejos, estaba un Reino verde, como le decía Víctor, con ríos, comercios, Reyes, escuelas... había algo nuevo.

Lorayn estaba triste. Pero comenzaba a sonreír.

5 opiniones :

  1. Jose Bueno dijo...

    Final de El Encuentro.

    Mañana el Epílogo y algún Anexo, ya sabéis, cosa que tengáis duda, preguntadla.

    Espero que os haya gustado. Cuando ordene mis ideas, vendrá otro volumen.

  2. Vanesa dijo...

    Mi pregunta: aunque hayas escrito capítulo a capítulo, la ideas de principio a fin ya la tenías? Sabías ya cómo querías que terminara?

  3. Jose Bueno dijo...

    Si, las ideas principales las tenía. Por ejemplo, desde que apareció Jonathan, sabía que iba a morir. Y aseguro que era de una forma más lamentable a como lo hizo, pero le cogí cariño al personaje y lo eliminé en plan heróico. El personaje principal está definido como quería al 100%. Pocas veces una protagonista es tan poco determinante, ¿verdad?. A grandes rasgos, está todo planteado, igual que lo está el Volumen 2, el 3 y el final épico de la historia. Eso sí, la acción puede cambiar, dependiendo de cómo vaya surgiendo todo.

  4. Curro dijo...

    Muy interesante la salida del medallón, entonces es magia de su hermano, ¿como se recarga el medallon? ¿lo recarga ella al ponerselo? ¿Es una magia de Lorain?

  5. Jose Bueno dijo...

    El Amuleto se recarga automáticamente en un tiempo (ponle entre 30 y 50 min). La energía que toma es natural (en el Volumen 2 habrá un capítulo destripando la magia al 100%). El Amuleto se activa automáticamente cuando la persona que lo lleva va a ser atacada tiene peligro de muerte. Lo siento Curro, pero Lorayn no ha conseguido hacer absolutamente nada de magia.