3. Aprendiz
Fuera de la panadería, Lorayn pudo distinguir a Eleanor, apoyada en un muro esperando que finalice su jornada para comenzar el entrenamiento. La novata estaba completamente nerviosa, había tenido un día de espanto: tirando muebles, tropezándose, sin prestar demasiada atención al resto del mundo... todos sus sentidos estaban puestos en lo que sería su primera clase. Su torpeza durante el día hizo que sintiera miedo por cometer algún error que podría arrastrar a su amigo Jonathan. El terror de hacerlo sufrir era lo único que le aportaba autocontrol.
Llegó la hora. Recogió sus cosas y salió a la calle para encontrarse con su tutora mágica. Ya desde lejos, Eleanor le hizo señas con las manos de que se acercara, y sin mediar palabra, avanzaron a lo largo de las calles de Newope. Se detuvieron en una casa, precisamente la vivienda de la profesora. Ésta abrió la puerta e invitó a pasar a Lorayn.
Era extraño para la joven. El Decreto dictamina que una mujer de la edad de Eleanor, en torno a los veintidos o veintitrés años, debía estar casada. Pero la casa parecía solitaria, silenciosa. No había rastro de que hubiera ninguna otra persona. Incluso parecía que sobraban varios metros de espacio innecesario para una sóla persona.
- Siéntate - dijo Eleanor ofreciéndole una silla a la joven. - Bien, espero que seas buena alumna y terminemos ésto lo antes posible. ¿Te contó Jonathan algo referente a la magia?
- No - la chica se encogió de hombros - realmente no sé nada.
- Vaya - se lamentó - parece que esto irá para largo. Está bien, empecemos por el origen conocido de la Magia.
Lorayn abrió los ojos como platos y agudizó todos sus sentidos, expectante de tener toda la información necesaria. Eleanor se mantuvo en pie, echó su pelo hacia atrás, acarició su sien, se tocó la barbilla. Parecía pensar una estrategia para contarle de la manera más fácil todo a su alumna.
- Tenemos datos de la magia - se atrevió a decir - desde hace sólo unos treinta años. Lo descubrió un hombre excepcional, pues de su concentración sacó el primer hechizo, el más básico: crear un chispazo de luz. En realidad, éste hombre no llegó a mucho más, pero ya tenía la mecha para sacar un nuevo arte. La siguiente generación de jóvenes fue entrenada por el propio gobierno de Newope, entre ellos tu hermano. Dedicaron toda su infancia a manipular la energía.
- ¿Manipular la energía? - la mueca de Lorayn era de perderse un poco.
- Si. La magia no es otra cosa que transformar la energía. De ahí depende el tipo de energía que usemos: nuestro esfuerzo, la de un objeto que la condense, la naturaleza, la de otra persona... o incluso nuestra salud.
- ¿La salud? - se sorprendió la joven - ¿Quieres decir que hay magia que puede herir?
- Sí, tal cual. Y fue el comienzo de la base del problema mágico en Newope. - Eleanor cerró los ojos, agachó un poco la cabeza, recordando. - Muchos magos fallecieron por no saber utilizar bien la energía. Conseguían algo y posteriormente morían. Las tendencias de El Decreto estaban en pleno apogeo, especialmente por quienes creían que la magia era el gran mal de todo. Esas muertes dieron su fundamento.
- Vaya... así que la magia es peligrosa.
- No, no. Todo es peligroso. Tú misma te puedes quemar en el horno si no sabes utilizarlo. - Eleanor levantó la cabeza, miró al techo, perdiendo su mirada - el problema fue cuando la magia no estaba disponible para todas las personas. Eso hacía que gente con "poder" tuviera que enfrentarse a gente corriente. El resto es envidia, problemas, idealismos, y traiciones. Como ya sabrás, porque viviste la Guerra de pequeña, finalmente los magos se marcharon.
- Pero tú sigues aquí... como el Maestro.
- Yo también era joven, sólo fui una espectadora. Si pudiera marcharme, lo haría.
- Pero, ¿y El Maestro? - preguntó Lorayn.
- Él... - Eleanor dio un golpe en la mesa - no preguntes. Las reglas las pongo yo. - Lorayn se sobresaltó. - Vamos a intentar hacer el hechizo básico.
La mujer juntó sus manos, cerró sus ojos. Lorayn estaba expectante ante lo que ocurriría. Y ocurrió. Una luz azulada salió de las manos de Eleanor. Era cálida, iluminó tenuemente toda la habitación. La joven sonreía, fascinada, hacía tiempo que no veía la magia.
- Como ves, es azulada. - explicó la tutora - El color de la luz que desprendemos define nuestro tipo de magia. El azulado es la mía, la magia de sanación.
- ¡Vaya! ¡Puedes curar a la gente!
- Déjame terminar - recriminó - la energía que he utilizado está en mi esfuerzo. Al hacerlo me canso levemente, si abuso de ésto es como si corriera durante horas. Hacer un hechizo es como sprintar.
- ¿No es eso la salud?
- No. Intenta distinguir entre salud y esfuerzo. Con el esfuerzo me puedo desmayar, pero tras un tiempo me recuperaré. Con la salud puedo enfermar e incluso morir si me sobre expongo.
- Entonces el secreto es no usar nunca la salud...
- No es tan fácil. La energía más sencilla de manipular es la vital, la de nuestra salud. Lo siguiente es la energía de otros objetos o personas. El nivel superior es el esfuerzo, la que he usado. Y lo más poderoso, por ser una fuente casi ilimitada es la natural, pero está al alcance de muy pocos.
Eleanor cogió una mano de Lorayn y cerró los ojos. La joven pudo sentir un hormigueo por todo su cuerpo, como corría sus poros, su sangre, como lo exhalaba en cada aliento. Una sensación nueva que le provocaba tensión.
- Eso es la energía. Te la estoy transmitiendo directamente a tí - explicó Eleanor - la sientes, ¿verdad?
- Si... - dijo fascinada la aprendiz.
- Ahora que la has sentido, que tu cuerpo sabe que puede tenerla, te queda manipularla. Debes concentrarte, relajarte, sentir la energía que te envío por todo tu cuerpo. Condensarla en tus extremidades y sacarla de golpe por la palma de tu mano. Entonces conseguirás emitir luz.
- Entiendo.
Lorayn cerró los ojos. Se concentró tanto como pudo. Sintió la energía de Eleanor por su piel, un cosquilleo que le llegaba a provocar dolor de cabeza. Intentó sacarla de golpe. Nada.
- No es fácil. Es tu primer día. - dijo la tutora - Debes irte, mañana más.
Dos semanas más tarde, como cada tarde, Lorayn y Eleanor se reunían para aprender magia. El intento se volvía a producir, pero aún no consiguió nada.
- Estoy perdiendo la Fe - se lamentó Eleanor.
- Se que puedo, estoy mejorando... - dijo agotada Lorayn.
- No has hecho progresos, quizás no valgas para ésto. Estoy dispuesta a decirle al Maestro que no eres válida para la magia.
- ¡No! - se defendió la joven - sólo llevo dos semanas... ¿cuánto tardaste tú?
- Dos días. - Lorayn entristeció su rostro - Los más torpes cinco días. Tú casi triplicas el tiempo y no consigues nada. Puede que simplemente no valgas.
Lorayn apretó sus puños. Quería luchar contra su impotencia de no controlar la energía.
- Dame un día más, por favor...
- Será complicado Lorayn. No progresas nada.
Un golpe se escuchó en la puerta de la casa.
- ¡Abrid! - una voz masculina gritaba desde fuera.
- Rápido, Lorayn, escóndete en el piso de arriba - le susurró Eleanor - no deben descubrirte.
La joven corrió y Eleanor se fue a la puerta. La abrió tras los insistentes golpes. Se trataba de Jonathan.
- ¿Qué ocurre? - incriminó la propietaria de la casa.
- Han cogido a unos cuantos... - dijo el chico.
- ¿Qué?
- Han cogido a varios forasteros en las afueras.
- ¿Forasteros? ¿Magos? - preguntó sorprendida Eleanor. El joven asintió con la cabeza.
Lorayn bajó rápido las escaleras, sorprendida por la noticia.
- ¿Dracken?
El rostro de Jonathan era de terror.







3 opiniones :
Bueno, éste Capítulo en la idea principal iba a ser la continuación del 2, pero como quedaría el 2 demasiado extenso lo fraccioné.
Es decir, si seguimos el parámetro de capítulos, ahora el volumen El Encuentro se compondría de 13. Pero hay altas posibilidades de que aumente poco a poco.
;-)
Pero no lo dejes asiiiii, q me kedo con intrigasss, ¿cuando conseguirá Lorayn hacer magia?
JEJEJEJE
Me esta gustando mucho.
Como las buenas series, el siguiente capítulo se hace esperar.
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