9. El Plan
Jonathan abandona los calabozos con una falsa sonrisa ante sus compañeros, que esconde todo el temor que lleva dentro. El estado de Lorayn, casi perdiendo la cabeza por el daño recibido y tantas emociones juntas son la herida más fuerte que tiene abierta.
Esa noche prácticamente no durmió. Pensó en la chica constantemente, en cómo podría salvarla. Le agonizaba no poder hacer nada, más ahora que la seguridad en Newope había crecido tanto. La única solución que tenía era hablar con el Cónclave para intentar hacer algo. Pero es muy difícil esconderse en la propia jaula, y eso lo sabía el joven.
Al amanecer, casi sin pegar ojo, preparó una bolsa con comida para su amada. Se dirigió al cuartel, y posteriormente a la celda de Lorayn. Estaba aterrorizado, pensando el aspecto que tendría después de tener que encadenarla para evitar su suicidio. Pero al abrir los barrotes, notó algo distinto en la chica.
- ¿Lorayn? - preguntó, dudoso, mientras al joven miraba por la ventana.
- Jonathan... - susurró la chica con una sonrisa. A pesar de las heridas y del cansancio, tenía el valor suficiente para ponerle una buena cara. - Hola, Jonathan.
- Te traigo algo para comer...
El chico le comenzó a dar de comer, ante la imposibilidad de Lorayn de alimentarse por si misma debido a las cadenas en sus extremidades. La chica devoraba el pan y los alimentos que traía.
- Ten, traigo algo más...
- No... - la joven retiró la boca - ¿No tienes nada para ellos? - señalando a las celdas contiguas.
- ¿Ellos? ¿Los visitantes? - Jonathan se mostraba sorprendido.
- Si, para Victor, para Khalid y para Bujic... para ellos.
- ¿Conoces sus nombres?
- Estuvimos hablando toda la noche y... - la chica llegó a sonreír, con un particular brillo en los ojos - ¡es increíble! me ha contado tantas cosas de su país... sus tierras verdes, el mar... la posibilidad de elegir cada uno su profesión...
- ¡Tienes que tener cuidado con ellos, Lorayn! - le replicó el chico.
La muchacha se entristeció un poco tras el grito de Jonathan. Éste se levantó, recogió parte de la comida, y en un acto de furia, o tal vez de valentía, golpeó un barrote. Cerró la celda de la chica, miró hacia los lados, y habló con Víctor.
- Eh, tú, visitante. - a sus palabras, Víctor sonrió, aunque su mirada quisiera exterminarlo. - Toma, coge ésto - Jonathan tiró pan en la celda. - Come un poco. Tengo más para tus amigos.
- Gracias. - Víctor empezó a mordisquearlo. - Pero te he escuchado gritarle a la chica de al lado... si lo vuelves a hacer... te mataré. - la amenaza del preso sonó completamente real, entrándole un escalofrío a Jonathan por la espalda. Por un segundo se arrepintió de lo que acababa de hacer.
- Víctor, es un buen amigo mío. No te preocupes. - Lorayn habló desde su celda.
- No importa, no le grites a Lorayn, seas quién seas. - Volvió a amenazar Víctor.
- Parece que habéis hecho un buen vínculo... - susurró Jonathan. - Escúchame, extranjero. Dime cómo llegaste aquí y cómo podemos llegar a tu país.
- No pienso decirte nada.
- Víctor, de verdad, puedes confiar en él... quizás nos ayude, créeme. - Lorayn consiguió convencer al preso con esas palabras.
- Está bien, pero no me fío después de que esa zorra loca me golpee con su maldito látigo. No me gustan esos uniformes - señalando el traje de Guardia de Jonathan. - Aún así... - cogió aire - confiaré en ti. No me queda otra. Llegamos en barco. En mi barco. Y debe seguir en la costa. Cabalgamos en Mo durante varios días, y nos encontramos con tu cuidad.
- ¿Mo? - preguntó Jonathan.
- Las monturas blancas que traímos. Bastantes, por cierto. Eran nuestro tributo a vosotros...
A lo lejos una puerta se abrió. Era Jamica, con su látigo.
- Jonathan, ¿qué hablas con él? - preguntó la torturadora.
- Nada, Jamica. - mintió - Simplemente insultaba a éste bastardo por lo que nos ha hecho.
- Ahora voy a enseñarle a no mentir más... - declaró la mujer. - ¡Vamos escoria! ¡Prepárate para recibir más daño que ayer! - dirigiéndose a Víctor.
- Me marcho, Jamica. - se despidió el joven. - Hazle sacar todo lo que tiene dentro.
Al pasar por el pasillo para abandonar los calabozos, Jonathan cruzó su mirada con Lorayn. Hubo una complicidad entre ambos, como si supieran qué están pensando. La chica le volvió a sonreír. Confiaba en él, sabía que quizás tenía un plan.
Jonathan abandonó el cuartel y se dirigió a los Pasajes Bajos, para entrar en el Cónclave. Tras tomar una casa abandonada, dibujó un símbolo con sus manos, en una clara acción mágica, que hizo desaparecer un muro, mostrando el camino a lo lejos. Un camino por las antiguas alcantarillas de la ciudad, ya abandonadas al paso de los años. Newope está en medio del desierto, y no hay un oasis ni un mar cerca. Pero hay unos frutos especiales que sólo crecen aquí, llamadas las Manzanas del Agua. Cada una de éstas manzanas tiene bastante agua en el interior, además de que su corteza es bastante apetitosa y nutritiva. Casi toda Newope tiene Manzanas de Agua por todos sus rincones. Es algo esencial para sobrevivir ante tanto calor.
Tras bastantes pasos, se encontró con una puerta delante de él. Volvió a hacer un símbolo con la mano, y la puerta se abrió. Allí, delante de él, estaba la Sala del Cónclave que hace un tiempo visitó con Lorayn. La sala estaba vacía, y Jonathan tomó asiento. Esperó un largo tiempo, hasta que por fin llegó alguien.
- Jonathan, has llegado muy pronto. - Era Eleanor. - ¿Tienes algo nuevo?
- Si, Eleanor. Creo en esa gente.
- ¿Crees en ellos? ¿Qué te hizo pensar así?
- Lorayn...
- ¡Esa niña! - se quejó la mujer - es una ilusa, y lo sabes. Estuve con ella cada tarde durante un tiempo. ¡No es fiable!
- Pero no nos queda otra solución. - La voz que interrumpió ahora era la del Maestro.
- Oh, Maestro... - se asustó un poco Eleanor - No sentí tu presencia.
- Estamos en una situación crítica, Eleanor. - Confirmó el Maestro. - Lo que requiere soluciones críticas por nuestra parte. Yo también creo en esos extranjeros.
- Pero Maestro... ¡pueden estar mintiendo!
- Eleanor... - explicó el líder del Cónclave - La Guardia de Newope está investigando por todo. Algún día encontrarán ésto, y acabarán con nosotros. Es mejor morir luchando, que esperar a morir.
- De acuerdo - dijo la mujer a regañadientes - Pero antes de todo, ¿qué ocurrió con Tobías?
- Ya sabes que Tobías perdió a sus padres durante la anterior Guerra Civil. No pudo aguantar los insultos a los magos, los gritos de traidores del pueblo. Entró en cólera y se enfrentó con algunas personas, dejando claro que era un mago. Para defender a todo el Cónclave, se suicidó con una gran bola de fuego, intentando dejar el menor número posible de testigos.
- Maestro - interrumpió Jonathan - ya están todos los Magos aquí.
En la sala había unas quince personas. La mayoría con capucha, sin mostrar totalmente su rostro. Jonathan explicó a todos que los visitantes llegaron en barco y se desplazaron en las monturas llamadas Mo. A partir de ahí, comenzaron a debatir sobre cómo liberar a los prisioneros. Tras bastantes propuestas, el Maestro tomó la palabra para explicar el plan final:
- Nos distribuiremos en grupos. Somos quince, y posiblemente no escapemos todos, pero tenemos que luchar por que puedan salir el mayor número posible de los nuestros. Vosotros cuatro - señalando a unos magos encapuchados - sois magos de ataque, controláis la electricidad y el fuego. Iréis en una misión ofensiva a por las monturas blancas de los visitantes. Vosotros tres estaréis en los túneles subterráneos - señalando a Eleanor y otros dos magos - Preparad vuestra magia curativa y todos los ataques que tengáis para cubrirnos al llegar. Vosotros cinco sois los más veteranos, y tendréis la misión mas complicada - señalando a otros magos - Especialmente tú, Simmons - un mago veterano, calvete y alto, asintió con la cabeza - Tu magia de barrera nos cubrirá un largo tiempo. Debéis ir hacia las murallas, y preparaos para que cuando lleguemos el resto, lancéis un ataque lo suficientemente fuerte como para abrir un boquete y escapar. Tú Jonathan, como Guardia que eres, irás a los calabozos y los liberarás a todos. Lleva armas para ellos, y tomarás la salida hacia los túneles, donde te reunirás con Eleanor y los demás. Después seguiréis por los subterráneos, hasta la zona de la muralla donde prepararemos la gran ofensiva. Desde allí llegaréis los del grupo que van en busca de las monturas, y partiremos todos.
- Maestro - interrumpió Jonathan - ¿Cómo voy a liberarlos de allí?
- Te conseguiré una llave maestra capaz de abrir todas las celdas. En cuanto te la de, comenzará el plan. - el Maestro miró al único Mago que no le había asignado nada - Tú vendrás conmigo, joven hechicero. Haremos una confrontación desde otro punto distinto, para dividir a la Guardia.
Tras las palabras, los quince hechiceros unieron sus manos, esperanzados de que todo pudiera salir bien. Además, el Maestro se reunió con Eleanor, algo más en privado, y le ofreció un objeto que Jonathan no pudo percibir bien. Ahora, la que fuera tutora de Lorayn, se dirigió al Guardia.
- Toma, coge ésto - y le ofreció al muchacho un bote con un líquido.
- ¿Qué es? ¿Lo que te ha dado el Maestro? - preguntó.
- No, eso es otra cosa. Ese bote sólo tiene agua, pero modificada por mi para que tenga propiedades curativas. Dásela a los prisioneros para que puedan aguantar.
- Muchas gracias, Eleanor.
- Ésta idea me parece una locura, pero no puedo negarme... - se lamentó la mujer - y no me des las gracias, todos los grupos tienen una botella de éstas. Bebe sólo un sorbo y te sentirás mejor, pero las heridas no desapareceran. Pasadas unas horas volverán. Lleva mucho tiempo y energía hacer ésto... aprovéchalo bien.
- De acuerdo.
Todos abandonaron la sala, sabiendo su papel. Jonathan era un mago joven, y durante toda la noche estuvo concentrando su energía para utilizar lo mejor posible el puñado de hechizos que conoce.
El Guardia sabe que se aproxima un día mucho más movido que el anterior.







3 opiniones :
Preveo que el siguiente capítulo será de los mejores, con una gran acción.
Dale :)
Comienza el rescate y la huida, ueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
Otro hilo de esperanza, qué pasará después...
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