sábado, 25 de abril de 2009

3. El loco

Habían pasado tres meses desde que Gené llegó a Bernita. El tiempo suficiente para que la escuela de magia ofensiva se encontrara con un número de alumnos altísimo. La explicación a eso puede ser la capacidad de herir y hacer daño, que cuenta con un oscuro interés para el ser humano.

Desde el primer día, el mago se adaptó a vivir en la casa de Khalid. Comenzó durmiendo incomodamente en la sala principal, pero en poco tiempo compartía dormitorio con Fadwa. No podía soportar la idea de que Khalid apareciera, enfurecido, viendole en la misma cama con su esposa, ambos desnudos.

Lo que en un principio era un favor, ahora se convertía en uno de los pilares de la convivencia de Gené en Bernita. No se podía negar que su presencia había sido favorable no sólo para él, si no también para Fadwa que no tardó en caer en sus brazos en cuanto recibió algo de cariño. Además, los emolumentos de ser profesor en la escuela de magia son altos.

- Quizás algún día podamos marchanos a otra casa más grande, ¿no crees? - le preguntaba Fadwa mientras acariciaba el pecho del hombre.
- Quizás...
- No tengas miedo Gené. - la mujer lo besó en los labios. - No tengas miedo de Khalid, aquello acabó hace mucho.
- Lo he visto acabar con varios hombres en cuestión de segundos...
- Pero él no sabe hacer magia, no tiene esa ventaja. Escúchame, Gené. - la mujer se incorporó, mostrando su piel morena y acariciando el cuello del mago. - Él podrá ser un gran guerrero, quizás uno de los mejores. Pero tú eres el mago con más alumnos de todo el Reino de Astrid. Estan llegando aprendices de los otros reinos, de otros feudos. Y varios de ellos ya saben hacer algo. No sólo eso, si no que no tienes que abandonarnos, puedes estar con nosotros. Aunque no tuvieras magia, seguirías siendo mi héroe, por cada mirada, por cada palabra...

El hombre sonrió levemente. Parecía atemorizarle aún más otra cosa, pero lo calmaba el amor y la pasión que sentía por esa mujer. Poniendo fin a la conversación, besó a su amante y se vistió. Saludó a la niñas Hessa y Nara y marchó hacia la escuela de magia.

Estaba algo alejado de su casa, pero era un paseo agradable gracias a la brisa del mar. La escuela es un edificio prácticamente nuevo, donde antes iba a ir un mercado. El Rey se preocupó de que todo estuviera listo en cuestión de días, y el alcalde de Bernita, Darcy, hizo el resto.

- ¡Maestro! ¡Maestro!

Sus alumnos gritaban. Había de todo: desde soldados a mercaderes, hombres y mujeres, jóvenes y personas más ancianas. Cualquiera con dinero podría inscribirse, así funcionaban las cosas en La Alianza. Eso sí, del casi centenar de alumnos que poseía, casi la tercera parte estaba por obligación. Se trataba de un comando guerrillero del Reino de Funda, el más glorioso de todos los Reinos de la Alianza. Parecía lógico que los mejores centinelas aprendieran la magia ofensiva.

Gené subió hacia un altar, donde se podía dirigir a todos sus alumnos. Darcy estaba hoy esperándolo.

- ¡Bienvenido! - le saludaba amistosamente el alcalde, encantado con los servicios de la magia. - Hoy traigo varios alumnos más, que vienen del Reino de Zimara. Son estos de aquí...
- Bienvenidos a todos, podéis incorporaros allí abajo, sin problemas. - Gené daba instrucciones a los novatos. - Prestad atención a todo hoy, y luego haré la descarga sobre vosotros. Mucha suerte a todos.

Eran unos quince, bastante heterogéneos: hombres, mujeres, jóvenes, adultos. Pero enviados por el Reino de Zimara exclusivamente. La "Descarga" es el proceso inicial para cualquier persona con la magia. Se unificó ese término entre los magos de Astrid. El proceso consiste en darle energía a un ser sin magia, para que la note fluir por sus venas y sus poros. Una vez que la sienta, podrá comenzar a manipularla.

- ¿Hay alguno que haya hecho progresos hoy? - preguntó Gené en alto.
- ¡Yo, Maestro! - gritó una muchacha entre los alumnos. Con un gesto del maestro la mujer hizo una demostración, creando un pequeño tornado en el edificio.
- ¡Fantástico! - le animó Gené. - ¡Controla tu magia! ¡No es plan de destruír el edificio! - todos reían y la chica asentía. - ¿Alguien más? - nadie contestó. - ¡Hugo! ¿has conseguido amplificar las llamas?
- Estoy en ello maestro, quizás en unos días lo domine.
- ¡Maestro! - gritó otro hombre. - ¡Sé que tipo de magia poseo!
- Muéstrala. - le pidió Gené.

El chico sacó una manzana de una bolsa, y tras tocarla con los dedos, la manzana quedó completamente congelada. El propio Gené parecía sorprendido.

- Me gusta mucho eso, muchacho. El hielo... sin lugar a dudas un gran poder.
- ¡Gracias Maestro! ¡Seguiré mejorando!
- Perfecto. Seguiréis practicando para controlar mejor vuestra fuente de energía. Los que aún no hayáis conseguido lanzar ningún hechizo básico, intentad concentraros mejor. Y ya sabéis, si alguno está capacitado para transformar su energía en algo distinto, que me lo comunique y marchará a Andalan, con el Maestro Erion.
- Perdona... - le susurró Darcy. - Se que son las normas, pero nos conviene tener alumnos, no que se vayan...
- Lo sé... - respondió en bajo Gené. - Pero es así, yo no puedo controlar otro tipo de magia que no sea la ofensiva. Son Tino y Erion los más capacitados y son órdenes del Rey...
- De todos modos, en Andalan están reclutando muchos alumnos también. - continuó el alcalde. - No como en Onuha, que sólo tienen una decena y al parecer no dan frutos.
- Tiene sentido, la magia curativa es muy compleja, y la propia Eleanor es bastante joven para ésto. Casi le doblo la edad...

Tras la conversación, Gené continuó con la clase. Ayudó a sus alumnos, que le preguntaban casi constantemente por cualquier cosa. Al finalizar las horas de estudios, se quedó sólo con los novatos, para realizarles la "Descarga". Uno a uno se fueron presentando y les explicó lo básico sobre magia, así como que tardarían un tiempo, y con mucho esfuerzo, para empezar a hacer algo básico. Cuando terminó con ellos, estaba sólo en el edificio. Cerró las ventanas, las puertas y se dispuso a volver a casa.

Ya era de noche, y en el cielo estaba la Luna Rota con sus tres luceros. El mar, a lo lejos, le traía recuerdos de la conversación con Khalid y lo culpable que se sentía por haberlo traicionado amando a Fadwa. No le asustaba que el guerrero le degollara, lo que más le asustaba era que él hubiera roto su palabra. Aunque a veces es complicado luchar contra lo natural.

Gritos, gritos de un hombre. Venían de unos astilleros cercanos. En un primer momento creía que aparecería Khalid entre las sombras para hacerle pagar por todo, pero no, la voz pedía ayuda casi tartamudeando. Gené corrió para socorrerlo.

Llegó a un puente de madera y allí había un hombre regordete y bajito, con una larga barba blanca y un peculiar sombrero de paja. A su lado, dos lobos, esperando el momento oportuno para alimentarse de la rechoncha presa.

Casi sin pensarlo, Gené entonó unas palabras mágicas. Sus manos comenzaron a emitir unos rayos azulados. El mago corrió hacia donde estaba el hombre y se dirigió sin miedo a los lobos. Una vez estuvo cerca, se lanzó a por el primero. Al hacer un contacto con la palma de la mano, el lobo recibió una descarga eléctrica que lo mató instantáneamente. La suerte del otro lobo fue la misma, casi sin opción de defenderse.

- ¡¡¡Wajajaja!!! - la risa del pequeño hombre gordo era ridícula. - ¡¡Fabuloso!! ¡¡Voltaje, Tensión, los Canis Lupus como Resistencia!!
- ¿Estás bien? - preguntó el mago confundido.
- ¡Claro que si! ¡Claro que si! ¡¡Wajajaja!! ¡me ha gustado! ¡has aparecido como un personaje de una película antigua! ¡un fotograma que se coló en el vídeo!
- Perdóname, pero creo que no te entiendo... - el mago no sabía de qué hablaba aquel tipo. - ¿Qué hacías aquí?
- ¡¡Wajajaja!! ¡Me metí en aquel barco! - el hombre señalaba un barco mientras saltaba. - ¡Quería ver si el camarote tenía algún tipo de antena receptora! - Gené puso una mueca de incomprensión ante palabras que no comprendía. - ¡¡Y salieron esos Canis Lupus de la nada!!
- ¿Canis Lupus? ¿Te refieres a los lobos?
- ¡¡Canis Lupus!! ¡¡Los has matado con electricidad!! ¡¡¿sabes todo lo que podría hacer con electricidad?!! primero algo que ilumine, luego con unos condensadores y unas bobinas haría una radio, quizás después una televisión, o un cohete.
- Estás delirando, amigo. - el mago ya estaba harto de tantos disparates. - Te acompañaré a casa.
- ¡¡Wajajaja!! ¡de acuerdo!

El hombrecillo no andaba. En realidad saltaba con curiosos movimientos. Durante el camino no paraba de decir cosas que Gené no entendía, palabras que nunca había oído.

- ¡Sabes lo de la luna! ¡lo sabes! - le decía el hombre.
- ¿Preguntas o afirmas?
- ¡La luna era redonda! ¡Antes era redonda!
- Tienes suerte de que yo no sea de aquí. - el mago parecía enfadado. - Baja la voz de una vez. Despertarás a la gente. Además, no es conveniente hablar de los dioses como tú lo haces.
- ¿Dioses? - el hombre parecía sorprendido. - ¡La luna es sólo un satélite!
- ¡Calla de una vez! - gritó ahora Gené. - ¿Vives muy lejos o qué?
- No, no, no... ahí.

Lo peor de todo es que señalaba a una casa que estaba en dirección contraria. Gené casi le lanza un hechizo para freírlo vivo, pero aquel viejo loco enano y rechoncho tenía demasiado con el desorden de su cabeza. Lo acompañó a paso ligero, esperó que abriera la puerta, y el mago comenzó a irse, con ganas de dormir.

- ¡Espera! ¡Espera! - le gritaba el hombre. - ¡Has sido bueno conmigo! te regalaré algo...

Gené se esperó, por educación. Aunque pensó en correr en cualquier momento. Tras unos segundos salió el hombre con un extraño objeto en la mano.

- Es para ti, salvador.
- ¿Qué diablos es ésto?
- Lo llaman bombilla.
- ¿Y para qué sirve? ¿quién lo llama así?
- ¡No sé! - el hombre parecía enfadado. - ¡Es para ti! ¡Acéptalo!
- Qué remedio...
- ¡¡Wajajaja!! ¡Es un gran regalo de Don Guante! - reía a carcajadas el enano.
- ¿Don Guante? ¿Quién es?
- El hombre que lo reinventará todo, un auténtico genio, un incomprendido... es decir... - el hombre bajó la voz, se acercó a Gené con cara siniestra y de pronto exclamó. - ¡¡¡YO!!!
- ¡Maldito loco!

Gené cargó su energía para lanzar un hechizo contra el suelo. Lo suficiente para que ese loco se asustara. Estaba comenzando ha arrepentirse de haberle salvado la vida. El mago entonó unas palabras, sintió la magia por su piel... y entonces vio una luz. Una sorprendente luz, porque no pretendía hacer ningún hechizo luminoso. Lo que estaba iluminado era el objeto que le había regalado ese hombre.

- ¡Si! ¡Lo has hecho funcionar! ¡Tu magia hará funcionar mis reinventos!

Gené estaba sorprendido. Esa cosa estaba iluminando toda la calle. Y ese hombre, Don Guante, estaba saltando y riendo casi poseido. Del alboroto, apareció Darcy, el alcalde, con un par de hombres más.

- ¡Ya está bien Don Guante! - le gritó el alcalde.
- Oh, eres tú. - el hombrecillo se puso cabizbajo, apretó los labios y se metió en su casa en silencio.
- Vaya, yo no conseguí hacerlo... - dijo irónicamente Gené.
- Ese Don Guante es un tipo loco. Suele dar el espectáculo de vez en cuando. Casi nunca sale de casa, siempre está maquinando cosas. - explicaba el alcalde. - Pero eso sí, es un artista. De joven fue uno de los precursores de las catapultas, incluso dicen que ha inventado un reloj de cuerda...
- ¿Es un genio en realidad? - preguntaba Gené.
- Lo es, lo es. Pero está loco, sólo hace decir disparates. Por cierto Gené, ¿ves mal? ¿por qué utilizas un hechizo de luz?
- Oh... - el mago volvió a mirar sorprendido el objeto. - Es que no es un hechizo mio.

3 opiniones :

  1. Jose Bueno dijo...

    Espero que os guste éste capítulo. La aportación de un personaje como Don Guante se lo merece, especialmente para el futuro de la saga, jeje.

    Una nota de autor: En éste volumen vamos a descubrir cosas y quedarnos con muchas dudas, así funciona de momento. ;)

    Pero todo será desvelado a su tiempo.

  2. Unknown dijo...

    Me gusta, me gusta. Algo tan simple para nosotros como una bombilla, hasta un mago lo mira con asombro. Don Guante... nombre peculiar.

  3. Curro dijo...

    Don Guante es un genio, por un momento pense que venia del futuro.