5. Prisioneros
La gente está alterada en las calles de Newope. Casi todos han salido de sus casas para ver las caras de los visitantes. Los murmullos y rumores se aglutinan en la ciudad de piedra, cebándose con el nerviosismo de los habitantes.
Lorayn, Eleanor y Jonathan corren hacia la plaza central. Como su nombre indica, la plaza central es el punto medio de la circunferencia que forman las murallas de Newope. Una plaza enorme, con tribunas en ambos lados, donde se ejercían los tribunales más importantes de la ciudad. El suelo, de un material azulado, se adornaba con el nombre de los fundadores de la ciudad.
- ¡Abrid hueco! - gritaba un soldado.
A lo lejos los tres prisioneros llegaban hacia la plaza. Dos de ellos inconscientes, eran transportados por dos hombres cada uno. El otro agarraba a una mujer, mientras era custodiado por una decena de soldados.
Durante el trayecto, los habitantes de Newope los miraban de arriba abajo. Lorayn hizo lo mismo, con la esperanza, o tal vez miedo, de que pueda ser su hermano. Todos lo intentaban identificar, para reconocerlos como alguno de los exiliados, pero nadie pudo decir nada, nadie los conocía.
Los tambores de Newope sonaron al ritmo de juicio. En la plaza había tres hombres: Freckles es el Gran Juez de Newope, el lector de El Decreto, el que dictamina la sentencia. Aunque en la ciudad del desierto no hay líderes, el Juez si era el hombre más poderoso. Aún joven, recibió su cargo por descendencia, tras el fallecimiento de su padre en la anterior Guerra Civil. Los otros dos hombres eran Zumo y Tino. El primero era llamado "la voz del pueblo" y el segundo tenía la obligación de ayudar a la persona juzgada, intentando ofrecer otro punto de vista.
A pesar del desconcierto de la población, son muchos los ciudadanos que escupían y tiraban alguna piedra a los prisioneros. Insultados como asesinos o traidores, llegaron a la plaza central. Un par de soldados con cubos de agua los lanzaron sobre los desmayados, intentando reanimarlos. La ciudad gritaba, cada vez más fuerte, buscando venganza contra ellos.
- ¿Qué han hecho? - le preguntó Lorayn a Jonathan.
- Nada, simplemente llegar aquí.
La chica lo pudo entender. La sombra de la anterior guerra civil era tan ancha, que seguía perjudicando la mente de los habitantes de Newope. Muchos perdieron a sus hijos, hermanos, amigos... Y ahora, aparecen estas tres personas. Nunca hubo un visitante en la ciudad, jamás. No se conocen otros mundos, no hay nada. Por eso el castigo del exilio para los magos fue el peor posible, ya que vivirían en un mundo que se presumía vacío.
Para Lorayn ésto era otra forma de ver las cosas. Quizás también para el resto de miembros secretos del Cónclave de Magos. Había dos posibilidades, la que creía todo el mundo, que los exiliados habían vuelto o bien que fuera gente de otro lugar. Pero la segunda posibilidad, la que ilusionaba a la muchacha, practicamente se podía descartar en el resto de la población.
- ¿Por qué lo harían? - susurró Eleanor - ¿por qué han vuelto?
Lorayn la escuchó, pero no estaba de acuerdo en lo que decía su profesora. Si nadie los había reconocido, ¿por qué iban a ser magos?. La muchedumbre seguía insultando a los prisioneros, otros se escondían de miedo por algún hechizo que se sacaran de la manga, pero todos estaban expectantes ante lo que ocurriría.
Los tambores suenan a un ritmo aún mayor. El juicio va a comenzar. Toda la gente se mantuvo en silencio. Lorayn vio a lo lejos a los tres hombres, uno albino, agarrado a una mujer muerta, otro de piel morena y barbas, y otro con el pelo largo. Se miraban entre ellos, con cara de terror.
Hubo una explosión. El ruido fue molesto para todos los oídos, el desorden se creó. A lo lejos de la plaza se veía una nube de humo y varias llamas. Todo el mundo corría, los gritos de "los magos buscan venganza" se extendieron por las calles.
- ¡Tengo que ir allí! - gritó Jonathan.
Eleanor asintió con la cabeza, mientras el joven se marchaba, en su función de Guardia.
- ¿Sabes que ocurre? - preguntó Eleanor a su profesora ante la confusión general.
- Eso... - Eleanor se paró, con miedo, intentando medir sus palabras para que nadie la escuchara - eso ha sido magia.
Lorayn abrió sus ojos como platos. ¿Magia?. ¿Cómo era posible?. ¿Realmente los magos han vuelto y están atacando Newope?.
- ¡Evacuad! - gritaban miembros de la Guardia - ¡tenemos un centenar de muertos!
- Lorayn, voy a marcharme al Cónclave - le susurró Eleanor - tengo que entender qué ha pasado. Tu actúa normal, huye, corre, haz algo, pero no llames la atención.
- De acuerdo.
La maga se fue, rápido, corriendo. Lorayn se encontraba sola y corrió hacia la Plaza Central, para encontrar un sitio en el que poder seguir mejor los acontencimientos. Ahora que la gente se movía, ella aprovecharía la ocasión de verlo todo en primer plano. Y lo consiguió.
Allí observó a los prisioneros, y no entendió sus rostros. Prácticamente no sabían que pasaba, sus caras de sorpresa eran todo un poema. La gente seguía gritando, con locura, con miedo:
- ¡Muerte a los Magos!
- ¡Vienen a vengarse!
- ¡Comienza otra guerra!
Lorayn empezaba a temblar. La sorpresa y la fascinación de todo lo que ha pasado ya menguaba, dejando paso al terror y el nerviosismo, ayudado por la histeria colectiva. Comenzó a pensar que era el final, que todo podría acabar ahora. Lloró de miedo, se tocó la cabeza. El sonido de todo lo que ocurría a su alrededor le mareaba. Agarró su sién con ambas manos y se colocó en posición fetal, esperando que todo pasara.
No podía hacer otra cosa: esperar.
Poco a poco, el ruido fue pasando. Los temblores de su cuerpo también. Sus lágrimas se agotaban, empezaba a volver a sentirse tranquila. Fue cuando sintió una mano en su espalda y se sobresaltó completamente. Era un Guardia de Newope.
- Niña, no te preocupes, todo ha pasado. - Le tranquilizó el Guardia. - Ha sido un Mago, se ha suicidado contra algunos ciudadanos, creando una explosión de fuego.
- ¿Un mago?, ¿de los exiliados? - preguntó la joven.
- No, no... - se lamentó el Guardia - ha sido uno de aquí.
- ¿Cómo? ¿Quién? - dijo sobresaltada, esperando que Jonathan estuviera bien.
- ¿Conoces a los herreros? - la chica asintió - pues Tobías, el hijo mediano de la familia. Vamos chica, todo está bajo control, hemos mejorado nuestras defensas. Dejanos a nosotros, la Guardia, solucionar ésto. Tú no temas.
Lo cierto es que el Guardia ayudó a tranquilizar a Lorayn. Las fuerzas de seguridad se multiplicaron, y voluntarios fueron a recoger los cuerpos de los fallecidos. ¿Tobías? Realmente la chica no lo conocía. Tampoco era extraño, pues sólo conocía a Eleanor y Jonathan, además de hablar con el Maestro. La confusión crecía por momentos.
Tambores de juicio de nuevo. Una voz llamó a la tranquilidad a los ciudadanos, y que el juicio se reanudaría, especialmente tras los últimos altercados.
Lorayn observó de nuevo a los prisioneros. Estaban cabizbajos, sin saber qué hacer. Sea lo que sea a ella no le parecían magos, el plan era ridículo. Pero el resto no pensaba eso. Los insultos de antes se han multiplicado varias veces. El juicio sólo prometía ser una transición hacia una temible condena.







3 opiniones :
Una revuelta en la ciudad, interesante.
Qué cabezas tan cuadriculadas...
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